Este domingo el sueño español con el que llevan fantaseando miles de inmigrantes ilegales que entraron el pasado mes de julio ha llegado a su fin. La estancia en España para casi 1.000 de los que estaban en la primera parte de la playa del Trampolín ha terminado.
Una paradoja que, quizá, para muchos resulte extraña. La lógica invita a pensar que el deseo de estos inmigrantes es ser filiados lo antes posible para pasar a vivir en campamentos y, después, cuando se tramitase su solicitud de asilo en España poder continuar su sueño español en la península.
Si hay o había algo que todos los marroquíes tenían en común -también los subsaharianos- era la voluntad de cruzar a la península e, incluso, a otros países de Europa. Raro era el testimonio del que decía que quería permanecer en Ceuta. Por no decir, inexistente.
Pero la realidad ha sido otra bien distinta. La mayor parte de los inmigrantes que han sacado este domingo en la primera fase del desalojo del Trampolín -unos 800- han decidido salir voluntariamente de España y regresar a Marruecos.
Todo debido a que al llegar a la frontera, en el Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE), la Policía Nacional les explicaba cuál iba a ser la situación a la que iban a enfrentarse a partir de ese momento.
Por un lado, si decidían pasar por este CATE donde se recogen todos los datos de los inmigrantes -la filiación- el riesgo que corrían era el de que se denegase la solicitud de asilo y pasasen a ser expulsados de España. El final de esa opción no es otro que el de estar 5 años expulsados de España. Algo que no se aplica por norma general, pero que desde la entrada masiva puede encontrarse motivos para ello.
Sin embargo, si estos inmigrantes decidían dejar a un lado el proceso de filiación y recopilación de datos y regresar a Marruecos por su propio pie a través de la frontera, no habría represalias para ellos en España y podrían entrar al país en cualquier otro momento sin tener que esperar un determinado periodo de tiempo para hacerlo.
Ese argumento repetido como un mantra por parte de los policías de la frontera ha surtido su efecto y la realidad es que la mayoría, unos 800 inmigrantes, han cruzado la frontera por voluntad propia.
Las bromas en mitad de dariya y español que mantenían con los agentes que han participado en el traslado no era otra que la de asegurar que "no pasa nada", ya que esperan "volver más adelante".
Con esa táctica los agentes han conseguido persuadir a la mayor parte de inmigrantes para retornar de forma voluntaria a Marruecos en un momento en el que la ciudad se ha convertido en una especie de CETI con campamentos en la mayor parte de barrios y, cada vez, abren más plazas para acoger a los que siguen en Ceuta.
Quizá lo más popular sea, precisamente, esta playa que se ha convertido en uno de los iconos y sellos mediáticos de esta entrada masiva y crisis vivida en Ceuta.
Pero la realidad es mucho más compleja y en Ceuta hay muchas realidades ocultas como la de los cientos y cientos de inmigrantes que duermen en las barriadas y no salen de ellas. Quizá sea en esos barrios donde también deba pasar la segunda fase de este desalojo de la ciudad autónoma iniciado por el Gobierno.
Un dispositivo de más de 12 horas
A cuentagotas y, "por pastillas", ha sido el sistema que ha utilizado a lo largo de todo el domingo la Policía Nacional para ir sacando, poco a poco, a los inmigrantes fuera de España.
Los inmigrantes esperaban sentados en el suelo bajo la amenaza patente de los miembros de la Unidad de Intervención Rápida y de la Unidad de Prevención y Reacción de la Policía Nacional. El material antidisturbios entremezclado con la niebla o la lluvia que amenazaba la playa hacía del panorama una escena digna de película.
Al principio los inmigrantes de la playa del Trampolín pasadas las 7.30 de la mañana se habían dispuesto a recoger sus cosas y colocarse en un lado a la espera de que algo pudiese ocurrir.
La falta de presencia policial en toda la playa, tampoco del ejército y que apareciesen grupos de limpieza en la zona temprano por la mañana es lo que hizo creer a los inmigrantes que iban a llevárselos a otro lado.
Con la entrada del espectacular despliegue de vehículos de la Policía Nacional con sus 50 furgones, 2 BMR y el 'Hummer' junto con los 10 vehículos del Ejército y las 3 lanchas de la Guardia Civil, ya no había espacio para las dudas.
En esos primeros instantes los inmigrantes concentrados ante la previsión de lo que podría ocurrirles y viendo cuál podría llegar a ser su destino empezaron a corear en masa: "Marruecos, no; Marruecos, no". Al tiempo que lanzaban vítores con: "Pedro, Pedro", haciendo referencia al presidente del Gobierno.
Así transcurría una mañana iniciada por el trasiego de autobuses constante, que no ha cesado en todo el día. Al principio se llevaba a los inmigrantes en grupos de 30-35, después conforme la tarde iba cayendo los grupos empezaron a aumentar a más de 50 por autobús.
Todos ellos acompañados por, al menos, dos agentes de la UIP dentro del vehículo para evitar que se produjese cualquier tipo de motín o de asalto contra los conductores, y guardar el control también dentro de ese espacio público.
En medio de ese vaivén constante de flota a la playa del Trampolín los inmigrantes iban aceptando su destino de camino al CATE de la frontera.
En un primer momento, la lógica invitaba a pensar que de ahí, una vez filiados, se les trasladase a los campamentos disponibles en la ciudad con las plazas correspondientes. Pero ese no había sido el plan en ningún momento. Además de que en la ciudad -a pesar de que se está trabajando en la apertura de nuevos campamentos- todavía no hay plazas suficientes para todos los inmigrantes que quedan en Ceuta.
La sorpresa llega cuando empieza a conocerse que la mayoría de los inmigrantes que llegaban hasta este punto después de pasar dos meses en la playa del Trampolín, decidían regresar a Marruecos y evitar ser filiados por el Gobierno de España.
En la frontera, en el CATE del Tarajal, otras unidades de la UIP se encontraban dando servicio y respaldando en esas labores de filiación. También en el traslado de los inmigrantes que decidían no continuar con el proceso de asilo.
Una labor que se ha saldado con la llegada de más de una treintena de autobuses hasta este CATE y que ha acabado con las ganas de continuar un largo proceso de asilo que, al final, no haría otra cosa que perjudicar el inmigrante que entró el pasado mes de julio.
Todavía queda mucho por hacer en Ceuta. Al margen de las playas, todavía quedan miles de inmigrantes en las calles, plazas, barriadas y escondites sin que se les esté ofreciendo algún tipo de apoyo o de intervención. Ellos, también esperan que llegue el momento en que les den una solución.