Vivían en un entorno idílico y de la noche a la mañana comenzaron a ver cómo montaban casetas con cañas del monte, lonas, cartones y maderas.
Luego se desalojó, volvió a ser ocupado, han ido llegando las tiendas de campaña y se instalaron duchas colectivas.
La Playa del Trampolín ha dado la vuelta al mundo en estos días por acoger un enorme asentamiento libre de migrantes. En principio, subsaharianos, pero ahora éstos se han marchado al CETI y a los campamentos de acogida.
Las tiendas de campaña y chozos del asentamiento, en realidad, ya llegan hasta la playa de Calamocarro, muy cerca de Benzú. Y los montes, de donde sacaron los primeros días las cañas, y sus cuevas, están llenos de hombres jóvenes.
Lo que queda en la playa son marroquíes tanto del norte como del sur del país, y argelinos.
Las noches, para vecinos como Javier, que vive justo enfrente, se transforman en un infierno. "Hay peleas continuas a gritos, entre ellos. Por cualquier cosa se pelean y se pegan unas palizas colectivas tremendas".
También consumen alcohol y drogas, como comenta un sanitario de Urgencias que prefiere guardar el anonimato. "Tenemos muchas asistencias por peleas, y también por intoxicaciones por drogas. Benzodiacepinas, cocaína y metadona, fundamentalmente".
"Si te asomas, cada tarde se acercan por aquí chicas muy jóvenes y se meten en el campamento. Está claro que para ejercer la prostitución", remata Javier, quien recuerda que los primeros días del asentamiento "hubo hasta violaciones".
Lo de las agresiones sexuales lo corrobora a EL ESPAÑOL un sanitario que pasó, de la noche a la mañana, de curar cortes en los pies "a atender a menores violadas".
"Los primeros días fueron tremendos. Recuerdo a una de unos 15 años. También hemos curado heridas de peleas, y hemos metido muchos brazos desencajados desde el hombro, derivados en su mayoría al Hospital".
40 días después
Por su parte, Javier indica que "nos han roto la vida. ¿Esto es la normalidad que nos decían? Tengo vecinos que lo están llevando fatal porque están encerrados. Los hay que están de baja psicológica y tomando pastillas: llevamos casi 40 días con esto".
El campamento de la Playa del Trampolín, ayer.
En la playa, junto a un árbol a pie de carretera, y aprovechando la sombra, desde hace semanas han instalado además una especie de mercadillo donde venden agua, leche, pan, y hay hasta varios peluqueros que ofrecen cortes de pelo.
Los movimientos que hacen fuera de ese entorno son únicamente para ir a comprar algún supermercado o para adquirir tarjetas de datos para sus teléfonos móviles.
Pregunta.- ¿De dónde cree que sacan el dinero?
Respuesta.- Los que son de Castillejos y un poquito más allá, pues cada dos o tres días aparecen por aquí chavales en moto, con matrícula de Marruecos. Son marroquíes con papeles que trabajan aquí, que son muchos, y les dan dinero a unos cuantos. Entiendo que sirve de enlace con sus familias en Marruecos. El resto, no lo sé.
Advierten los vecinos, en conversación con EL ESPAÑOL, que "llevan 40 días aquí sin oficio ni beneficio. Esto es el resultado de estar ociosos: su única rutina es ponerse en fila y esperar a que la Cruz Roja les entregue la comida".
Cuando cae la noche los vecinos vuelven a comprobar que, otra vez no funcionan las farolas y la zona se queda absolutamente a oscuras, solo iluminada por las hogueras que encienden para calentarse.
"Con las fogatas va a haber una desgracia. Una chispa que prenda una de las mantas con las que duermen y adiós", sostiene Javier.
La carretera que discurre paralela al Trampolín y Calamocarro, hasta Benzú, de noche, está como la boca de un lobo.
"Las farolas no funcionan porque se enganchan a la corriente para cargar los móviles. Las arreglan, pero en horas vuelven a estropearlas. Y de nuevo, cada noche, nosotros sin salir, a oscuras y ellos comienzan a pelearse".
El último acto violento en este escenario tuvo lugar este domingo, en las inmediaciones del Trampolín.
A pedradas
Un grupo de militares del Grupo de Regulares de Ceuta n.º 54, y en concreto, de Zapadores, trató de desalojar varias tiendas de campaña que habían ocupado terreno militar.
"Acabaron cercados", resume a este periódico un agente del Grupo de Reserva y Seguridad (GRS) de la Guardia Civil desplazado a Ceuta.
Los militares fueron recibidos con cuchillos y con ellos, se les encararon. Entre 40 y 50 migrantes los apedrearon y tuvieron que pedir ayuda. Acudió el GRS en su auxilio.
"La situación pudo ir a más porque cuando llegamos, los cientos que estaban en la playa del Trampolín, a 30 metros, estaban mirando ya para intervenir".
Lograron identificar y detener a 22 invasores que habían participado en el ataque, mientras los que estaban armados metieron los cuchillos en botellas de agua y las lanzaron al mar, por lo que no pudieron ser intervenidos.
Los 22 han aceptado regresar a su país en lugar de acabar condenados a prisión.
Estas órdenes de expulsión son también una condena, y una alternativa rápida y pactada extrajudicialmente.
El Grupo de Regulares de Ceuta n.º 54 ha sido objetivo directo de las emboscadas producidas en la cercana zona de Benzú el pasado 27 de agosto, y la de este pasado domingo, además de en otros puntos de Ceuta. Este cuerpo militar acumula ya 5 militares heridos.
