Publicada

Las familias de Ceuta están sufriendo con especial incidencia los efectos de la crisis migratoria que se cierne sobre su ciudad.

Aunque la cifra oficial que presenta el Gobierno de España hablaba este miércoles de que solo quedaban entre 2.000 y 3.000 inmigrantes de cuantos cruzaron el Tarajal el 30 de julio, fuentes del Ejecutivo autonómico elevan esa cifra hasta las "en torno a 6.000 personas".

Y lo cierto es que los espacios públicos están repletos de migrantes mayoritariamente marroquíes que generan sentimientos de inseguridad y desconfianza en las calles.

Decenas de menores que entraron irregularmente en Ceuta el pasado 30 de julio se acumulan desde primeras horas de este viernes a las puertas de la Jefatura Superior de Policía de la ciudad para ser identificados. EFE

Así lo atestiguan los al menos cinco casos de supuestas violaciones a niñas de menos de 14 años que ha atendido el hospital de la ciudad.

Para muchos ceutíes y personas que trabajan en el territorio africano, la presión es ya insoportable.

Javier es, desde hace un lustro, un empleado andaluz de un puesto de venta de comida ambulante especializado en almendras garrapiñadas que todos los años recala en Ceuta.

Consultado por EL ESPAÑOL, este trabajador asegura que sus ventas "han caído en torno a un 70-80%. Somos el único de todos los puestos que se asientan en esta playa que permanece abierto. Esto ha sido lo peor por lo que hemos pasado... Incluso peor que el Covid".

"Estamos contando los minutos para marcharnos a Málaga, aprovechando la feria. No sé si algún día volveremos a Ceuta", reconoce.

En unos términos similares se expresa Luis, un empleado de una librería de origen madrileño que lleva seis años viviendo en la Ciudad Autónoma.

Una imagen de Luis en la librería donde trabaja. J. I. M. EL ESPAÑOL

"Mi mujer no sale de casa y mi hija, a la que solo vemos dos meses al año porque vive en la Península, tenía todo comprado para venir a hacernos una visita estos días. Pero ha tenido que cancelarlo todo en el último momento", lamenta.

"Por eso estoy pensando seriamente en dejarlo todo, prejubilarme e irme con mi esposa a otro lugar de España. Parece que no soy el único que está pensando en eso, porque se están disparando los anuncios de viviendas en Ceuta en la plataforma Idealista".

No muy lejos, en plena calle Real, se encuentra una tienda de suplementos deportivos que regenta la familia de un hombre que se presenta ante el periodista como Javier, quien no puede esconder su indignación ante lo que está ocurriendo en el lugar donde nació.

La entrada a la tienda de suplementos que regenta la familia de Javier. J. I. M. EL ESPAÑOL

"Cierro el negocio este sábado después de 14 años. No podemos aguantar esta presión, tengo trabajando a dos chicas que están aterrorizadas cada día al frente de la tienda. Estoy pensando irme de Ceuta porque estoy viendo que la realidad de la calle no es la que quiero para mis hijos".

Una de las empleadas de este negocio es Carolina, una joven que abre las puertas del negocio a este diario para contar cómo está viviendo lo que pueden ser los últimos días del negocio en el que ha trabajado en los últimos años.

"Se nota que la gente viene mucho menos a la tienda. Aún así, el cierre ha sido inesperado para mí", reconoce.

"Vivo esta situación con la preocupación de que estas personas me puedan hacer algo a mí. Hace un momento estaba hablando en la puerta del local con una amiga, y me di cuenta de que uno de estos hombres que están por las calles se quedó mirándola fijamente, de forma desagradable. Le pregunté que por qué la miraba tanto, y me respondió que es porque ella le miró primero".

Dadas las circunstancias, reconoce que ve "un panorama muy negro, la situación es muy grave".

Cierre por vacaciones

Otros ceutíes aprovechan para echar el cierre e irse de vacaciones con la esperanza de que al volver la situación se haya normalizado.

Es el caso de dos hosteleras que trabajan en un bar en el paseo Alcalde Sánchez Prados. Aún les quedan unas horas para terminar su jornada, pero trabajan a puerta cerrada, únicamente con clientes conocidos.

Cuando un grupo de magrebíes llama a sus puertas y les pregunta si el local está abierto, responden con una negativa. Estos comportamientos son la consecuencia de nueve días en los que la ciudad vive con el alma en vilo, y con una inseguridad creciente.

También es habitual encontrarse en el centro de la ciudad con multitud de tiendas con las persianas cerradas a cal y canto, selladas con múltiples candados.

Bares y tiendas cerradas en Ceuta, este viernes. J. I. M. EL ESPAÑOL

Aunque es cierto que no todos los ceutíes se plantean echar el candado a sus negocios. Desde la Joyería In Time, una empleada, de nombre María José, atiende a este diario reconociendo que la situación de la ciudad "no llega ni por asomo a lo que podríamos considerar normalidad".

Sin embargo, al preguntarle si se plantea retirarse a la Península, responde con una negativa: "Los ceutíes tenemos sentimientos encontrados, nadie te puede describir ese sentimiento. El orgullo de ser de aquí. Por eso vamos a intentar sobrellevar la situación".