Primero aparecen dos policías por detrás. Después, varios militares se colocan a ambos lados de la carretera y cierran las calles de la ciudad de Ceuta por las que el grupo podría dispersarse.
Son una treintena de jóvenes marroquíes, algunos con las bolsas de plástico entregadas por las organizaciones humanitarias y casi todos con la misma ropa con la que cruzaron dos días antes.
Cuando intentan detenerse, los agentes les indican que continúen. Cuando uno se separa para acercarse a una acera, un soldado le señala de nuevo la carretera. El grupo termina convertido en una columna que avanza hacia el Tarajal, rodeada por uniformes y vehículos que le dejan una sola dirección posible: Marruecos.
Agentes de seguridad españoles escoltan a un numeroso grupo de migrantes hasta la frontera para sacarlos de España, tras los cruces masivos de migrantes a pie y por mar desde Marruecos hacia territorio español.
Los propios policías llaman "pastoreo" a este procedimiento que durante el sábado se repite en distintos puntos de Ceuta. Militares y agentes recorren parques, plazas, rotondas y avenidas, localizan a quienes todavía permanecen en la calle, los reúnen y comienzan a conducirlos hacia la frontera.
El cordón se mueve con ellos. Cierra las salidas laterales, impide que regresen hacia el centro y los empuja de manera gradual por la carretera por la que entraron celebrando apenas cuarenta y ocho horas antes.
Crisis migratoria en Ceuta, pico de entradas.
Algunos jóvenes caminan deprisa, otros se retrasan y varios preguntan a los militares, en darija, que adónde los llevan, aunque la respuesta está delante de ellos, al final de la carretera. Los militares ocupan los márgenes; la Policía controla los cruces; la Guardia Civil espera en el Tarajal.
A medida que avanzan, el grupo recoge a otros jóvenes que permanecían sentados junto a una rotonda o caminaban sin rumbo. La columna crece durante unos minutos y vuelve a reducirse cuando alcanza los controles próximos a la frontera.
Sin resistencia
Muchos regresan sin ofrecer resistencia. Llegaron a Ceuta sin dinero, comida, ropa de recambio ni un contacto al que acudir. Habían escuchado que la frontera estaba abierta, cruzaron mientras los controles marroquíes apenas contenían el flujo y llamaron a sus familias para anunciar que estaban en España.
Después descubrieron que alcanzar Ceuta no les permitía embarcar hacia Algeciras, que el puerto estaba vigilado y que su viaje podía terminar en una sucesión de noches sobre el césped, bajo un soportal o junto a la persiana de un comercio cerrado.
Un soldado español hace un gesto a los migrantes que se dirigen hacia la frontera con Marruecos, tras las cruces masivas de migrantes a pie y por mar desde Marruecos hacia territorio español.
"La mayoría llegó en un ambiente festivo, porque en Marruecos son días de fiesta, y como quien se va al pueblo de al lado de aventura", sostiene un alto mando policial. Mientras, los migrantes sobre el terreno narraron a EL ESPAÑOL que las autoridades marroquíes no sólo permitieron su salida, sino que la alentaron.
"Nos señalaron la puerta de salida, gritaban 'España' junto a nosotros, no fue muy difícil pasar", explicaba en un casi perfecto español Noor, una joven que llegó a Ceuta junto a su hermano pero que ya regresaba a Tetuán, la que fuera capital del Protectorado Español en Marruecos.
En el trayecto inverso llevan casi lo mismo que trajeron. Una botella de agua, una manta y las zapatillas todavía marcadas por el salitre. Algunos han pasado dos días preguntando cómo llegar a Madrid, Barcelona o Francia. Ahora caminan hacia Marruecos mientras los agentes evitan que abandonen la columna.
Nueva normalidad
"Ceuta comienza a normalizarse", dice otro policía nacional que encadena turnos de hasta 16 horas desde el comienzo de la crisis. La frase parece cierta en el centro, donde los supermercados han vuelto a abrir, los taxis aceptan carreras hacia zonas que antes evitaban y las terrazas recuperan cierto ruido de un sábado de verano.
Pico de entradas en Ceuta.
Ya no hay cientos de cuerpos durmiendo en los parques ni grandes grupos recorriendo las avenidas. Los servicios de limpieza han recogido cartones, mantas y botellas, y los vecinos vuelven a ocupar unas calles que durante dos días observaron desde sus casas.
La normalidad termina al abandonar esas avenidas. En la carretera hacia el Tarajal continúa el movimiento de jóvenes conducidos hacia la frontera y en los alrededores del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes permanece concentrada la parte de la crisis que no puede resolverse mediante el regreso.
Allí siguen quienes llegaron con la intención de migrar, iniciar un procedimiento y esperar una plaza o un traslado a la Península. El CETI estaba desbordado antes de la entrada masiva y continúa sin capacidad para recibir a todos los que se concentran en sus inmediaciones.
Decenas de personas esperan en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta.
Hay personas durmiendo junto a la carretera, esperando información o enseñando documentos para demostrar que llevan más tiempo en Ceuta y que su situación no es la misma que la de quienes aprovecharon la apertura de la frontera.
Los agentes advierten de discusiones y algunos disturbios provocados por el cansancio, la falta de espacio y el temor a que el barrido termine alcanzando también a quienes esperan entrar en el centro.
Mientras, los policías siguen sin disponer de instrucciones suficientemente claras para gestionar a todas las personas que permanecen en la ciudad. La situación en las calles es más tranquila, pero el problema de Extranjería continúa intacto.
Miles entraron sin ser identificados y cada caso exige comprobar la identidad, determinar la edad cuando existen dudas, atender una posible solicitud de protección internacional y decidir si procede la permanencia o el retorno.
Los migrantes reaccionan mientras agentes de policía y soldados españoles escoltan a un numeroso grupo de migrantes hacia la frontera para sacarlos de España.
La ciudad se normaliza porque la crisis ha sido desplazada. Del centro hacia la periferia; de los parques hacia la carretera; de las avenidas ocupadas hacia las puertas del CETI y el cordón que avanza hacia el Tarajal.
Otro grupo aparece al fondo de la carretera. Los agentes se distribuyen de nuevo a ambos lados y un vehículo se coloca detrás para impedir que regresen. Los jóvenes caminan con las mantas bajo el brazo, miran hacia las calles que van quedando cerradas y continúan hacia la frontera.
Ceuta recupera su aspecto habitual al mismo ritmo que ellos se alejan.