El murciano Juan Guillamón sabe lo que es sufrir en primera persona un choque de trenes y lo que es más complicado aún: sobrevivir a un siniestro ferroviario de semejante magnitud. “Perdí nueve dedos en el accidente de Chinchilla”, tal y como explica Guillamón a EL ESPAÑOL.
“Yo tenía 55 años y viajaba en el primer vagón. Vivir un choque de trenes es una auténtica barbaridad. No podía ni levantar la cabeza porque tenía una locomotora encima mía”, según recuerda Juan Guillamón (Murcia, 1947), sobre el accidente que sufrió aquel aciago 3 de junio de 2003, cuando viajaba en clase preferente en un Talgo que salió de la Estación de Chamartín, pero que nunca llegó a su destino en Cartagena, por una tremenda colisión en la Estación de Chinchilla.
“Chocamos contra una locomotora de hierro”. “Nosotros íbamos a más de 100 kilómetros por hora porque acabábamos de salir de Albacete y el otro iba a 200 kilómetros por hora, por eso pasó por encima nuestro. Yo iba sentado en el primer vagón, en el peor sitio, porque fallecieron muchos pasajeros”, según sigue lamentando casi un cuarto de siglo después. “Tuve que salir por una ventana porque se desató un incendio”.
Aquel Talgo procedente de Madrid chocó con un tren de mercancías que salió de Murcia y que ocupaba la misma vía de la línea Madrid-Cartagena, pero en sentido contrario. De forma que la colisión se saldó con 19 fallecidos y más de 50 heridos, en uno de los peores siniestros ferroviarios de la historia de España. Pero este domingo esa funesta estadística fue rebasada, cuando dos trenes descarrilaron en la localidad cordobesa de Adamuz, causando 39 muertos y 170 heridos.
“Me solidarizo con todas esas personas que han perdido a familiares y amigos en un accidente tan desgraciado y con tanta mala suerte. Hay que tener mala suerte para que el descarrilamiento de Adamuz se haya producido cuando pasaba otro tren al lado”, según subraya Guillamón, uno de los supervivientes del siniestro de Chinchilla y exdecano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Murcia desde 1992 hasta el año 2000.
Imagen del descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad de Iryo y Renfe, este domingo, en Adamuz.
- ¿Por qué cree que ha habido mala suerte en Adamuz?
- Juan Guillamón: Esto ha sido una verdadera mala suerte porque no ha sido ni un choque de trenes. Parece que la cola de uno de los trenes de Adamuz ha hecho 'el látigo' y se ha ido sobre varios vagones del tren que circulaba por la vía de enfrente. Ha sido un caso de mala suerte porque casualmente se han cruzado en el mismo momento.
No quiero opinar sobre las posibles causas porque este accidente ha sido muy grave, hay muchos fallecidos, muchos heridos y hay que pedir responsabilidades para saber qué ha pasado. Lo único que puedo decir es que algo ha fallado y que el accidente ha ocurrido a unos 300 metros del edificio técnico del AVE que es el cerebro del funcionamiento de la red. Ahí se organizan los trenes, se mandan datos y está la caja negra que puede investigar lo sucedido.
De momento, desde Renfe sostienen que "el fallo humano está prácticamente descartado" en el descarrilamiento de un tren de Iryo que ha chocado contra un Alvia cerca de Córdoba. "En Chinchilla sí que supimos lo que había pasado", recuerda Guillamón.
"Era absolutamente impresentable que en el año 2003, el sistema de funcionamiento fuera un walkie-talkie que tenía un pobre hombre, al que se le olvidó ordenar que frenara el tren que venía de Chinchilla y colisionamos. Eso fue algo diferente a lo que ha ocurrido en Adamuz porque es más grave y de mayor profundidad técnica".
"Algo ha tenido que fallar porque había agujas en la zona, para el cambio de dirección. También pueden haber fallado los bogies que son las ruedas que llevan los vagones y que tienen una función dinámica. Puede haber sido un exceso de velocidad o puede haber fallado una pieza del sistema de seguridad", según reflexiona este experimentado ingeniero, de 78 años, y que llegó a ser miembro de la comisión especial de seguimiento de la entrada del AVE a Murcia -como diputado autonómico del PP-.
Guillamón fue presidente del Real Murcia y este domingo se enteró de esta tragedia ferroviaria, cuando estaba viendo el partido del conjunto grana ante el Ibiza. "Me enteré por los informativos". "Cuando ocurre algo así, siempre se te despiertan recuerdos del pasado que no son nada agradables”.
- ¿Qué secuelas físicas le quedaron al margen de las psicológicas?
- Me partí la clavícula y la nariz. También me quemé y perdí las manos. Solo me queda un dedo en la mano izquierda. Estuve entre la vida y la muerte durante 78 días. Había gasoil, dicen que no deflagra, pero hubo una chispa y se produjo un incendio en los vagones de los trenes que chocaron en Chinchilla. Gran parte de las personas murieron abrasadas.
A la izquierda, el ingeniero Juan Guillamón, en su etapa de diputado en la Asamblea Regional. A la derecha, la colisión entre dos trenes que se produjo en Chinchilla en 2003 a la que Guillamón sobrevivió con graves lesiones.
En la tragedia ferroviaria de Chinchilla murieron los maquinistas de los dos trenes implicados y el factor de circulación de la estación, José Luis D.C., de 41 años, fue condenado a dos años de prisión, debido a que el Juzgado de lo Penal número 1 de Albacete consideró probado que este empleado puso el semáforo en verde y autorizó la marcha del Talgo de Madrid, "olvidando" que en sentido contrario y por la misma vía venía un mercancías de Murcia.
En Adamuz, por ahora, Renfe descarta el fallo humano. De hecho, el propio ministro de Transportes, Óscar Puente, ha asegurado que "es un accidente muy extraño, con un tren nuevo, en una recta y en una vía que terminó de renovarse en mayo".
Pero lo cierto es que Adif notificó ocho incidencias técnicas en el tramo de Adamuz durante los últimos meses y la Guardia Civil ya se ha desplegado en la zona para analizar las causas por las que descarrilaron los vagones 6, 7 y 8 de un Iryo, colisionando brutalmente contra un Alvia.
En base a su experiencia en un siniestro ferroviario y su bagaje técnico, Guillamón reflexiona que "la cola de uno de los trenes de Adamuz ha hecho el látigo". Aunque advierte que hay que analizar al milímetro toda la parte técnica de unos trenes que se rigen por el Sistema Europeo de Gestión del Tráfico Ferroviario [ERTMS]. "Hay que esperar y ser serios porque aún no se sabe lo que ha pasado". "Es importante tener cuidado con todo lo que se diga".
- ¿Usted pensaba que en España se podía volver a producir un siniestro ferroviario de esta magnitud?
- Claro que sí. En 2013, ya pasó un accidente terrible en Galicia porque se trata de un cálculo de probabilidad. Siempre hay posibilidades, pero evidentemente, cada vez es más difícil, aunque nos escandalicemos con situaciones como esta y que sean impensables para la mayoría de la gente
El siniestro ferroviario de Adamuz (Córdoba) ha sido catalogado como el cuarto más grave de la historia de nuestro país, con 39 muertos y 152 heridos, de los cuales cinco están muy graves y 24 graves. Tales cifras quedan lejos de los 80 fallecidos en Angrois (Santiago de Compostela), cuando un Alvia descarriló por exceso de velocidad en la curva de A Grandeira.
El Talgo y el mercancías que chocaron en Chinchilla en 2003, terminaron calcinados.
- Como experimentado ingeniero, ¿qué podemos hacer para evitar nuevos accidentes ferroviarios?
- Juan Guillamón: Hay que invertir en la red ferroviaria y aplicar medidas de seguridad. El que haya fallado el sistema en una ocasión, no quiere decir que sea erróneo. El Sistema Europeo de Gestión del Tráfico Ferroviario es muy robusto, pero lo que hay que hacer es que las decisiones sean tomadas cada vez menos por manos humanas.
Nuestros referentes tienen que ser China y Estados Unidos porque mientras allí, la labor corresponde a los ingenieros, en Europa estamos en manos de legisladores y abogados. Hay que tomar nota de la ingeniería de los chinos y americanos.
- ¿Una persona se puede recuperar psicológicamente tras vivir un accidente tan grave o eso siempre perdura en su día a día?
- Ahora mismo, los que peor lo están pasando son los familiares y los amigos de todas las personas que han perdido la vida. Todos tenemos que morir, pero imagínese que su padre va en ese tren, le está esperando en la estación y le llaman para decirle que su padre ha muerto en un accidente ferroviario.
No hay cojones a recuperarse de una tragedia así. Hay que echarle valor a la vida y pensar que te has salvado de milagro de un accidente en el que no tenías ninguna culpa. Yo he hecho lo que he podido. Tuve que dejar de jugar al tenis y de tocar la guitarra, pero pude hacer otras cosas.
Lo mío es cosa pasada y lo que me preocupa es cómo se va a solucionar esto porque hay que paliar el sufrimiento de todas estas personas lo mejor posible. Es una obligación hacerlo para todos nosotros.
