Nunca recibió la formación adecuada, ni en forma ni en tiempo, pero siempre estuvo ahí. Saltó al ruedo de revulsiva, en 2018, como portavoz de un Unidos Podemos que no contaba con ella para el puesto, al menos no tan rápido. En menos de tres meses ya era una de las caras más reconocibles del partido. Ahora, en pleno 2021, ha vuelto a hacerlo: primero como heredera del ministerio de Pablo Iglesias, luego como próxima líder de la formación.

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A nadie debería sorprender que Ione Belarra (Pamplona, 1987) sea la cara del nuevo Podemos, que ya hace un tiempo prometió una dirección más femenina y coral, eso sí, sin olvidar de dónde vienen. Ella lo reúne todo, desde la desmadrilización hasta la ruptura con ciertos tabúes de la izquierda: no proviene del núcleo fundador, pero sí de la primera hornada; no ha sido de militante de izquierdas, sino del activismo por los derechos humanos; y nunca ha sido “la heredera prometida”, pero siempre ha estado cerca de los mandos. 

La primera prueba de fuego, ya decíamos más arriba, ocurrió en 2018, cuando su amiga y compañera de estudios, Irene Montero, sufrió un parto prematuro. Sobre Belarra, entonces una desconocida portavoz adjunta en el Congreso, recayó de pronto la responsabilidad de ser la voz y el rostro de Unidos Podemos en la Cámara. Tampoco podía olvidar sus tareas como coordinadora de la Ejecutiva, que antes de Vistalegre II parecía más un clúster político de guerrillas que un auténtico partido unificado. Ahora, ya para la IV edición, será su tarea que las aguas orgánicas sigan en calma. Y encima con un ministerio de por medio.

Ione Belarra e Irene Montero. E.E.

A todas luces, Belarra será la siguiente secretaria general de Unidas Podemos, tras la Asamblea General Ciudadana de este fin de semana. Tomará, por tanto, el bastón de mando de un partido que Pablo Iglesias ha liderado con mano de hierro durante siete años, y no será fácil. Para ello, su propia candidatura ya es una declaración de intenciones.

De Navarra a Madrid

Belarra nació en Pamplona en 1987, hija de un psicólogo y una abogada de Alsasua, donde su familia regentaba una librería que cerró hace unos años. Estudió en el Claret Larraona, un colegio cristiano, concertado y mixto, donde destacó como una prominente patinadora de velocidad. La entrada en política y el despertar de la conciencia, en este caso, tardarían un poco más que con otros líderes de la izquierda. Y vinieron por otras vías.

La orla de Ione Belarra (abajo a la izquierda) en su etapa en el Claret Larraona. El Español

Le llegó con 16 años, antes de terminar el colegio, cuando empezó a colaborar con Cruz Roja Juventud Navarra -con el tiempo, la acabaría liderando- en programas de integración de migrantes y refugiados, principalmente de origen africano. Encontró su sitio y se puso a estudiar un grado superior de integración social en el IES de Adaptación Social, primero, y la carrera de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid, después. La experiencia la cambió para siempre.

El Gobierno de España, entonces liderado por el PP de Mariano Rajoy, deportó a un amigo suyo que acababa de tener un hijo. Desde entonces, Belarra pasó a implicarse más directamente en la política activa con dos objetivos: reformar la Ley de Extranjería y cerrar los Centro de Internamiento para Extranjeros (CIE). Fue entonces cuando recaló en la Psicología, y plantó los pies en Madrid.

Las compañeras de Psicología

Cuando Pablo Iglesias delegó en Belarra el mando del ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, surgieron dos versiones. La oficial hablaba de una política comprometida, trabajadora incansable y mano derecha -izquierda- del secretario general; una heredera natural para el puesto que se había ganado las medallas en tareas discretas pero importantes. La extraoficial, que no corregía la anterior, señalaba la buena relación entre la ministra e Irene Montero, su amiga desde los días de la universidad.

Ambas coincidieron en la Universidad Complutense de Madrid estudiando Psicología, y el flechazo fue instantáneo. Comenzó en 2007 y la terminó en 2012, y en algún punto de este segmento pasaron a ser compañeras de piso; Montero, un año más joven que ella, la terminó en 2011. No es que la pamplonesa repitiese, sino que antes de llegar a las aulas de la Autónoma de Madrid había hecho una FP de Integración Social.

Irene Montero e Ione Belarra.

Empezaron a ser amigas a partir del movimiento estudiantil, en el que Montero ya llevaba la voz cantante a partir de la Asociación de Estudiantes Noam Chomsky, de marcada tendencia de izquierdas, y como representante de los estudiantes en la Junta de la Facultad. Belarra, por contra, ya anticipaba la imagen que heredaría en Podemos: más tímida de cara a la galería, con menos foco, pero muy trabajadora entre bastidores.

Un conocido de Belarra, miembro de uno de los primeros círculos de Podemos, la recuerda aquella primera etapa en política como una “activista comprometida” y “con mucho conocimiento de la política”. Además, de ella, destaca igualmente un carácter “conciliador” que, si bien no brillaba entonces, ha terminado por ser de vital importancia para la formación, por ejemplo, de cara a formar el actual Gobierno de coalición, ya fuera para pactar con el PSOE como para granjearse el apoyo de Bildu, con quien mantiene una especial sintonía.

Nada más terminar la carrera, Belarra se adentró en el Máster Oficial en Psicología de la Educación, que terminó en 2014, el mismo año que ingresó en Podemos. Su director de tesis fue el profesor David Poveda Bicknell, y tituló su trabajo Poder legítimo y resistencias fragmentadas. Estudio de caso de una institución religiosa para ‘niños de la calle’ en Benín. Tras él, inició una tesis que abandonaría a los dos años, ya como diputada.

El despertar de Podemos

Si Belarra ya venía predispuesta al activismo de izquierdas, y este se incrementó al coincidir con Montero, la implicación y la conciencia de ambas terminaría de dar un vuelco en los mismos años de la universidad con la llegada del 15M. De hecho, las dos coincidieron en la manifestación de Juventud Sin Futuro del 7 de abril de 2011, la considerada como germen fundacional del movimiento.

Ione Belarra e Irene Montero, en uno de los primeros actos de Podemos.

Claro que entonces no sabían que podrían dedicarse a vivir de la política. Belarra era sólo una activista de SOS Racismo que no militaba en ninguna formación de izquierdas tradicional, hasta que llegó Podemos. Su historial de galones progresistas estaban íntimamente ligados a la lucha por los derechos de los migrantes, a su breve paso por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) y por varios voluntariados en América Latina, pero escaso historial en la izquierda tradicional.

En 2014 dio el paso. Conoció a Pablo Iglesias por la televisión, cuando era tertuliano habitual de laSexta Noche, y se lanzó a participar en su partido. En poco tiempo fue nombrada responsable del área de Derechos Humanos, Ciudadanía y Diversidad después de acceder al Consejo Ciudadano Estatal mediante primarias. Al año siguiente fue cabeza de lista por Navarra y se hizo diputada. Después, portavoz adjunta y coordinadora de la Ejecutiva. 

Fue en este lapso, durante la primera legislatura en el Congreso, que un grupo de jóvenes en Alsasua atacaron a dos guardias civiles que iban de paisano. El caso dio la vuelta a España por si merecía o no la etiqueta de “ataque terrorista”, rechazada por la Audiencia Nacional, y por las elevadas penas a los agresores, que recibieron condenas de entre 2 y 13 años de cárcel. Belarra, ya en Podemos, fue una de sus principales defensoras y representantes.

La pamplonesa, entonces una mera diputada, catalogó las penas como "una de las mayores injusticias de los últimos años", y junto con Bildu y ERC -junto a los que se manifestaría años después en contra de las sentencias- invitó al Congreso a los familiares de los detenidos. En la foto que compartieron con Podemos, además de Pablo Iglesias, sale ella, desconocida y en segundo plano, como ha estado siempre, hasta ahora. 

Manifestación en Alsasua en protesta por la sentencia de la Audiencia. Europa Press

El futuro de Belarra

Mucho ha cambiado desde entonces. Tras el acuerdo de Gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos -de la que ella fue parte indispensable como negociadora-, dejó el Congreso para formar parte de la Vicepresidencia Segunda de Derechos Sociales, concretamente como secretaria de Estado de Agenda 2030. La número 2 de Iglesias, y su heredera cuando él colgó la cartera.

Así, en sólo siete años, Belarra ha pasado de ser estudiante de máster a ministra del Gobierno y líder de uno de los principales partidos de España. También le dijo adiós a Navarra, su casa, al comprarse un piso de 90 metros cuadrados en Vallecas a medias con su novio, Nacho Ramos, que irá en su lista a las primarias de Podemos.

Belarra se 'pone la coleta' horas antes de relevar a Iglesias.

Ahora, sus responsabilidades serán dobles. Por el lado ejecutivo, Belarra tiene por delante el desarrollo del Plan de Choque en Dependencia, la Ley de la Infancia -conocida como Ley Rhodes- y, sobre todo, ser el principal contrapeso morado a los socialistas. De hecho, ya lo demostró desde su nombramiento como secretaria de Estado, sobre todo contra la ministra Margarita Robles y la vicepresidenta Carmen Calvo, con las que ahora comparte mesa en el Gobierno. 

Por el lado orgánico, la tarea es incluso más complicada, aunque no lo parezca. En Podemos mandará, sí, pero deberá refundar un partido en caída libre con una dirección nueva, más femenina y coral. También entenderse con Yolanda Díaz, que será cabeza de lista de la coalición de Unidas Podemos y que goza de una imagen bastante mejor que la de Belarra.

Es un trabajo de hormiguita. Discreto, entre bastidores, pero de vital importancia para el partido. Uno de esos que siempre se le han dado tan bien.

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