Tolosa

“Mi hija es muy lista, ¡y no lo digo porque sea su padre, es porque es así!”. Son palabras de Antonio González, las que siempre ha esgrimido cuando sus amistades o conocidos le preguntan por su hija Arancha. Ella, apellidada González Laya, ministra de Asuntos Exteriores, ya apuntaba maneras en su Tolosa natal. Los vecinos coinciden con su padre, el maestro: “Era muy empollona”, dice una señora, de tertulia con otras dos, en la plaza del Triángulo de este pueblo guipuzcoano de 20.000 habitantes, a media hora de San Sebastián.

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Hasta allí se ha desplazado EL ESPAÑOL para conocer la historia no contada de uno de los personajes del Gobierno de Pedro Sánchez que más desapercibido pasa por delante del foco mediático. Sin embargo, el conflicto político-diplomático con Marruecos después de la ingenua acogida -y de tapadillo- en Logroño del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, la ha puesto en el candelero y también en el disparadero. Y el tema sigue: después de la salida de Ghali, la descoordinación entre ministerios, con de Laya en el centro, ha sido evidente.

“Dicen que será la primera en caer”, cuenta un conocido suyo de Tolosa a este periódico, en consonancia con algunos rumores que se escuchan en los pasillos de Moncloa y en el Palacio de Santa Cruz, sede de Exteriores. Laya sobrevivirá o no a la crisis, pero nada le quitará haberse convertido en la tolosarra más ilustre en varios siglos, con un amplio currículum a sus espaldas que solo ha manchado la política y una concatenación de acontecimientos desafortunados que se arrastran por semanas.

Arancha González Laya, en el epicentro de la crisis político-diplomática con Marruecos. EFE

En Tolosa, lejos de los despachos, del calor y del ruido de Madrid a principios de junio, viven de espaldas al sainete diplomático. Bien podría refugiarse Laya estos días de tormenta política en el abrazo de su pueblo, donde son pocos quienes no la quieren.

Hija de maestros

Sus padres, Antonio y Josefa, eran maestros de la Escuela Nacional, funcionarios. Llegaron a Tolosa por vías diferentes. Su madre lo hizo desde Munilla, una pequeña localidad riojana en el valle de Cidacos. Más tarde, los Laya se trasladaron a Tafalla (Navarra) y posteriormente a Tolosa. La familia de su padre tampoco venía del País Vasco. Son de Navaleno (Soria).

Antonio obtuvo una plaza como maestro en Beizama, un pueblo de 150 habitantes a 15 kilómetros de Tolosa. El 22 de mayo de 1969 nació Arancha en Tolosa, donde estaba la clínica, “pero ella es hija de Beizama”, explica la secretaria del ayuntamiento tolosarra, Begoña Garmendia. Ella, natural de Beizama, fue ex portavoz de Herri Batasuna en San Sebastián y dimitió de todos sus cargos tras el asesinato de Gregorio Ordóñez perpetrado por ETA en 1994.

Los primeros años de Arancha en el mundo transcurrieron en el monte y entre la niebla. Poco después, coincidiendo con el inicio de la escuela, la familia se mudaría a Tolosa. Sus padres comenzaron a trabajar en el colegio público Gorosabel, donde Antonio daba clases de matemáticas y, además, era el director. Como no podía ser de otra forma, Arancha fue alumna en la misma escuela. Desde entonces, la familia vivió en el barrio de Izaskun, en un piso de no más de 100 metros cuadrados.

Tanto Antonio como Josefa son muy queridos en el pueblo. “Han dado clases a muchas generaciones de tolosarras”, dice en conversación con este periódico José Mari Villanueva, el único concejal del PSE en Tolosa y amigo de la familia. El matrimonio sigue paseando todas las tardes por el centro y siempre ha estado muy implicado con el municipio. Primero lo hizo con la librería Umeentzat (“Para los niños”, en euskera). “En Tolosa había muy pocas librerías y la de don Antonio y doña Josefa era muy familiar”, íbamos muchas tardes por ahí, recuerda Antxón Jaular, un compañero de clase y amigo de Arantxa de aquellos años.

Josefa y Antonio, con Arancha cuando era pequeña.

La librería, ya cerrada, está ocupada en la actualidad por una peluquería canina. Pero a pesar de la más que palpable evolución de los tiempos, su padre sigue al pie del cañón. Ya jubilado, ahora da clases de informática y redes sociales a jubilados y a personas con discapacidad en el ayuntamiento. “Es muy buen pedagogo, paciente”, relata Villanueva. Otro tolosarra amigo de la familia, el también socialista José Ignacio Asensio, lo describe como un “fenómeno”. “Ella es muy parecida a él, se hace querer muy rápido”.

Aquel ambiente es el que Arancha mamó de pequeña. Y, claro, estudiaba, y mucho. Jaular, su compañero, dice que “sacaba muy buenas notas, siempre lo llevaba a cabo todo hasta el final. Era muy inteligente, aunque no destacaba en ninguna disciplina concreta”. Ambos pasaron muchas tardes de sábados en la casa de los González Laya.

Fuera de las horas escolares, Arancha también iba a clases inglés. Eran los años 80 y aquello, en un pueblo, era algo poco común. Ella misma se ha definido como “un bicho raro”. Se trata, de hecho, de una persona discreta que nunca destacó por ideas demasiado vehementes, en un contexto de polarización política como el vasco de aquellos años.

Perfil apolítico

Según explica Villanueva, el edil del PSE, Arancha nunca militó en el partido y su unión a las filas socialistas no fue hasta mucho más adelante, cuando Pedro Sánchez la fichó después de conocerla en una conferencia internacional. Arancha ya estaba en lo más alto de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Su familia, procedente de fuera del País Vasco, mantuvo un perfil bajo en relación a la política. Antonio sí que participó en manifestaciones de “Gesto por la paz”, exigiendo el final de la violencia en los años 90.

“Piensa que aquí, a quienes nos poníamos a militar nos amenazaban de muerte. La mayoría de la gente prefería seguir con su vida sin llamar la atención”, comenta Villanueva, el cual tuvo que ir con escoltas varios años y fue incluso amenazado. La sede del PSE de Tolosa ha sido atacada decenas de veces y Juan María Jáuregui, concejal socialista en la localidad, fue asesinado por ETA en el 2000.

En casa de Arancha, que nunca se llamó Arantxa con "tx", no se hablaba euskera y sus padres tuvieron que adaptarse, tras el final del franquismo, a la transferencia hacia la nueva escuela vasca. Esta pasaría a ser bilingüe. Sin embargo, nunca tuvieron problemas con los nacionalistas. La familia siempre ha sido muy querida en el pueblo, a pesar de que Arancha se convirtiera después en ministra del PSOE.

El colegio de los Escolapios de Tolosa donde estudió COU y por donde han pasado también sus dos hermanos.

A sus amigos, de hecho, les sorprendió “muchísimo” que fuera nombrada ministra. “Nunca llamó la atención por ideas políticas. Sabíamos que tenía un perfil muy técnico, que se dedicaba a cosas para mejorar países en vías de desarrollo y, cuando entró en política y, además, como ministra, nos llamó la atención”, explica su amigo Jaular.

Pese a su buena fama y a los logros de Arancha, a día de hoy, el ayuntamiento gobernado por el PNV mira para otro lado cuando Villanueva, del PSE, ha sugerido que se le hiciera algún homenaje o reconocimiento. “Se hacen los locos, hacen ‘alturitas’. Y digo yo, ¿no hemos tenido a nadie tan ilustre en Tolosa en los últimos 500 años y miran para otro lado? No lo entiendo, o sí”, dice Villanueva.

La cuadrilla “Letxus”

Como todos los jóvenes en el País Vasco, Laya tuvo también su cuadrilla. Los inicios de su grupo de amigos se remontan a la parroquia de Santa María de Tolosa. Allí es donde cantaba su padre, en el coro conocido como la Capilla de Música. Arancha, con 12 años, comenzó a participar en un grupo de actividades de tiempo libre. “Le gustaba mucho organizar”, recuerda Jaular. La familia no era especialmente religiosa, pero como en muchos lugares de España, la parroquia también hacía las veces de centro de la vida social.

De aquel grupo parroquial, surgió la cuadrilla “Letus”, como les llamaban los vecinos, porque Arancha y sus amigos se reunían en la calle Letxuga. No era una cuadrilla al uso. “Era mixta, algo que en aquellos tiempos no se solía ver”, dice Jaular. Se juntaban los sábados para actividades dinámicas de grupo e iban de excursión al monte, una afición que la ministra aún conserva. De hecho siempre que vuelve a Tolosa, va a la montaña. “Es montañera y pateadora, de las de subir cumbres”, dice Villanueva.

Gonzlález Laya con su cuadrilla un fin de año en Tolosa.

La amistad de aquellos tiempos con todo el grupo perdura hasta la actualidad, a pesar de que abandonó Tolosa a los 18 años. Cerró su ciclo de EGB en Gorosabel, luego cursó BUP en otro colegio público, Orixe, también en Tolosa, y finalmente COU en los Padres Escolapios, concertado, donde se graduó en el año 87. Los Escolapios están en Tolosa desde 1878. En la actualidad, el colegio se llama Herrikide Ikastetxea, después de unirse con las Jesuitinas, y fue solo para varones hasta el año 87, aunque en COU ya era mixto desde el 71. Los dos hermanos de Arantxa pasaron también por sus aulas.

Tras finalizar el colegio, Arancha estudió Derecho en la Universidad de Navarra, para "no perder el tiempo en la pública", según ha reconocido recientemente en una entrevista a Vanity Fair. En 1992 dejó de vivir en España. Su carrera es de sobra conocida: Máster en derecho europeo por la Universidad Carlos III de Madrid, Subsecretaria General de la ONU y directora del Centro de Comercio Internacional, jefa de gabinete de Pascal Lamy durante su mandato como director general de la Organización Mundial de Comercio entre 2005 y 2013, asociada en sus inicios en el despacho de abogados alemán Bruckhaus Westrick Stegemann en Bruselas, portavoz de comercio para la Comisión Europea y asesora del Comisario de Comercio entre 2002 y 2005. También habla cinco idiomas.

A pesar de la importancia de sus cargos y de haber viajado por todo el mundo, sigue fuertemente vinculada a Tolosa, donde pasa las Navidades y viaja siempre que se lo permite su agenda. “Compra aquí, en el mercado los sábados por la mañana, en la tienda de ropa de una amiga, pasea con su madre... Sigue muy vinculada al pueblo. No se aísla ni se cree alguien diferente por ser ministra”, dice una mujer en un restaurante.

Aquella alumna “empollona”, que participaba con sus amigos disfrazada de campesina en el carnaval de Tolosa, se las ve ahora con la mayor crisis diplomática de la legislatura del gobierno socialista, la cumbre que más se le resiste en su corta carrera política. Pero para sus amigos de toda la vida, para sus vecinos, pase lo que pase, la ministra Laya, solo Arancha para ellos, siempre será bien recibida para tomar unos 'pintxos' en el Orbela, su bar favorito, ahora cerrado por la pandemia.