Mazarrón

Ella iba de un lado a otro de la Cafetería El Muelle de Mazarrón: atendiendo a los clientes, limpiando la barra y haciendo cafés, cuando, de repente, su compañero, Labri, se declaró a esta veinteañera en mitad del curro. "Me dijo que quería estar conmigo", precisa esta joven camarera sobre las palabras que escuchó un lunes 17 de mayo y que marcaron el inicio de un traumático episodio de acoso, que incluye dos peticiones de matrimonio delante de sus familiares.

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"Estuve mal y sigo sintiéndome mal: me da pánico estar sola", admite desde el anonimato esta veinteañera mientras narra en exclusiva a EL ESPAÑOL los motivos por los que su pretendiente pasará una temporada a la sombra, en la cárcel de Sangonera la Verde, tras ser detenido por la Guardia Civil.

Este caso ha dejado boquiabiertos a los 34.422 habitantes de esta localidad del litoral murciano, debido a que Labri se había convertido en un chico querido por su dura historia: el 5 de agosto llegó en patera tras surcar 596 kilómetros desde Argelia y luego pasó varias noches en una cueva hasta que lo acogió Pilar, la encargada de la Cafetería El Muelle. De hecho, esta hostelera de gran corazón no solo le abrió las puertas de su casa 'adoptándolo' como un hijo más, sino que estaba tratando de legalizar su situación, pero ahora todo se ha ido al traste con su ingreso en prisión.

"Labri y yo teníamos una relación en plan hermanos", subraya categórica esta chica, empleada en la misma cafetería donde Labri iba todos los días a echar una mano para corresponder la solidaridad de Pilar. Este argelino, de 22 años, solía ocuparse de retirar la terraza, hacía la fregaza, rayaba tomates para las tostadas... "Era uno más en la plantilla de trabajo y en la pandilla de amigos".

Pilar y sus hijos, así como las empleadas de este afamado local, situado en el turístico Puerto de Mazarrón, se ocupaban de ayudar a este joven 'sin papeles' a adaptarse a un país desconocido al que llegó en patera jugándose el pellejo. Y todo ello, para enviar dinero a su padre enfermo y a sus dos hermanos que seguían viviendo en Argelia. 

Unos clientes en la terraza de la Cafetería El Muelle que a diario se ocupaba Labri de retirar antes de cerrar. Cedida

- ¿Alguna vez Labri le dio muestras de que usted le gustaba? 

- Nunca me había insinuado nada. Siempre contábamos con él para salir o hacer cosas. Nos llevábamos muy bien y trabajábamos juntos. El domingo 16 de mayo estaba muy raro y el lunes 17 de mayo se declaró durante nuestro turno en la cafetería. Me dijo: 'Te quiero'.

- ¿Cómo reaccionó usted cuando se le declaró su compañero delante de los clientes que estaban en el local?

- Me lo tomé a broma y seguí trabajando. No pensé que iba en serio. Empecé a reirme y le dije: 'estás loco'.

La parte final de la respuesta de esta adolescente fue un presagio del panorama que se le venía encima. La tarde del miércoles -19 de mayo- esta chica estaba en su domicilio familiar, dándose una ducha y arreglándose, cuando Labri se plantó en su casa para llevar acabo la primera -y disparatada- petición de matrimonio: "Entró hasta el salón porque estaba abierta la puerta principal, una vez dentro, me sujetó de los brazos, me dijo que estaba enamorado, que quería casarse conmigo y que no iba a salir de mi vida de ninguna manera".

- ¿Empleó la fuerza para cogerla de los brazos?

- Sí. Me dijo que iba a ser mujer y no me soltaba delante de mis tíos. No me decía más cosas porque no sabe hablar mucho castellano. Yo me sentí muy agobiada y le dije que no quería porque tenía novio.

A las diez en el muelle

Tal excusa no aplacó el presunto ímpetu acosador de este argelino que insistió en la propuesta matrimonial: "Me dijo que si me quería casar con él que acudiese a las diez de la noche al muelle". Evidentemente, esta camarera no acudió a la cita, pero Labri no se dio por aludido a esta segunda negativa y volvió a las andadas. "Al día siguiente, el jueves por la mañana, se presentó en la cafetería: le pedí que se marchase y puse unas cajas en la entrada a la barra porque estaba sola y no me fiaba".

- ¿De qué forma reaccionó Labri cuando usted puso esa barrera para marcar las distancias entre ambos?

- Me dijo que le hiciese un café solo, me pidió cinco euros y me quitó tabaco. Al final entró en la barra, a pesar de poner las cajas, y me fui al cuartel de la Guardia Civil para denunciarle por acoso.

El cuartel que el Instituto Armado tiene en Mazarrón está a doscientos metros de la Cafetería El Muelle, de forma que unos agentes fueron al local a leerle la cartilla a este inmigrante en situación irregular. "Le dijeron que me dejase en paz". De nada sirvió porque el chico no cesó su conducta acosadora: "Por la tarde vino otra vez, iba bailando, entró en la barra cuando estaba sola, me besó contra mi voluntad, dijo que me quería y que acudiese a la tetería a las ocho de la tarde: 'Tú y yo nos casamos".

- ¿Usted qué le respondió?

- Que no iba a ningún lado. Entonces, él dijo que iba a hablar con mi familia. 

Labri, antes de ser detenido, ayudando a montar la terraza de la Cafetería El Muelle. Badía

Esta joven comenzó a sentir miedo cuando esa misma tarde de jueves, el chico, al ver que ella no acudiría a la cita de la tetería, optó por segunda vez por plantarse de forma sorpresiva en su domicilio y le pedió su mano a sus familiares. Labri sumaba dos peticiones de casamiento en un espacio de 48 horas. "Le dijo a mi familia que llevábamos un par de meses manteniendo relaciones sexuales, que yo me drogaba y que él me iba a proteger: no iba a salir de mi vida". 

Acosador fugado del juzgado

La camarera acudió al cuartel de la Guardia Civil a denunciar a Labri -por segunda vez- por acoso y terminó arrestado por una patrulla. El viernes le pusieron a disposición de un juzgado de Totana y el argelino logró fugarse antes de declarar, pero tiempo después le localizaron y la noche la acabó pasando en un calabozo donde rompió su colchón.

El sábado finalmente compareció ante el juez y quedó en libertad con cargos, imponiéndole como medida preventiva una orden de alejamiento de 300 metros de la camarera.

- ¿Qué fue lo primero que hizo Labri tras recobrar la libertad?

- El sábado vino a la cafetería dos veces y me cagué al verlo.

Este diario ha accedido a las denuncias que presentó la adolescente ante el Instituto Armado, donde dejó patente el temor que sentía por el creciente acoso de este joven en situación irregular en España. "Estoy nerviosa, con ansiedad y tengo miedo de este chico, por lo que me pueda hacer a mi o a mi familia, lleva varios días acosándome de manera insistente, ya antes había ido a hablar con mi familia, sé que se ha puesto pesado con otras chicas, pero no sabía que se había obsesionado conmigo y hace caso omiso. Quiero que este chico me deje en paz y no se acerque".

Los reiterados incumplimientos de la orden impuesta a este argelino para que no se acercase a la camarera, provocaron que la Guardia Civil arrestase a Labri ese sábado, solo unas horas después de recuperar la libertad. El Juzgado de Instrucción número 2 de Totana ordenó el domingo su ingreso en prisión cautelar como investigado por delitos de acoso y quebrantamiento de custodia. También le impuso una condena de nueve meses de cárcel tras reconocer que incumplió la medida cautelar: el alejamiento de 300 metros de la chica.

En este punto del relato, la víctima precisa que ha accedido a hablar con EL ESPAÑOL para desmentir un rumor que circula por Mazarrón: "Ni me violó ni me hizo tocamientos". Labri solo la acosó hasta la extenuación. En esta historia hay una víctima colateral: Pilar, la encargada de las camareras de la Cafetería El Muelle que acogió en su casa a Labri. "No paro de llorar", asegura esta hostelera, de 44 años, con pareja y dos hijos adolescentes, que tuvo un gesto solidario de proporciones bíblicas, al ampliar su familia ‘adoptando’ a este joven sin papeles. 

Pilar, apenada, mostrando una foto en su móvil de Labri. Badía

Le acogió el 25F

"No me merezco esto", se repite apenada Pilar porque durante la semana pasada tuvo que llamar varias veces a las Fuerzas de Seguridad para proteger a la empleada del argelino. "El local tiene cámaras y cada vez que veía llegar a Labri cuando ella estaba sola me iba a la cafetería corriendo y llamaba a la Guardia Civil".

Desde que esta mujer acogió en su casa a Labri no dejó de supervisar cada paso que daba para asegurarse de que este argelino se integraba. "Todos los días venía a ayudar a la cafetería, y sin cobrar, solo se llevaba una parte del bote de las propinas para ahorrar dinero porque yo le compraba ropa y todo lo que le hiciera falta". Pilar acogió a Labri el 25 de febrero y conforme el chico se fue soltando con el español comenzó a realizar algún trabajo temporal al margen de la cafetería. "Fue varios días al campo a amarrar matas de tomate".

Esta mujer confiaba en Labri, un chico sonriente y servicial, al que llegó a buscarle una casa en El Alamillo, frente a la playa, para que tuviese más autonomía: "Un amigo le dejaba dormir allí, con la condición de cuidarle sus perros y mantener limpio el inmueble, pero él seguía acudiendo a la cafetería y comía y cenaba conmigo y mis hijos a diario".

- Pilar, ¿a qué achaca este giro en el comportamiento de Labri?

- El domingo 16 de mayo estuvo en la cafetería ayudando por la mañana a mi hija y a la hora de comer le di 5 euros porque me dijo que le apetecía un kebab. Al regresar, empezó a bailarle a los clientes, iba con los ojos desfigurados, como si fuese drogado con éxtasis, y cuando estaba poniendo una mesa en la terraza, de repente, salió corriendo hacia el puerto y se tiró al agua con la ropa y el teléfono. Le dije que se marchara. El lunes, cuando regresó, empezó a decirle a la camarera que la quería y luego se presentó en casa de su familia a pedirle matrimonio. Cada vez que venía a la cafetería se tiraba todo el turno detrás de ella diciéndole que iba a ser suya.

- ¿Labri consumía drogas habitualmente?

- No creo porque yo tenía una llave de la casa y me presentaba por sorpresa en El Alamillo para ver cómo iba. Además, a veces me enviaba fotos enseñándome el dinero que ahorraba de lo que le dábamos en la cafetería y no iba con malas compañías. Todo esto es muy extraño: la primera vez que estuvo detenido por acosar a la camarera acudieron a los juzgados de Totana dos africanos preguntando por Labri. 

Pilar tiene que contener las lágrimas al mostrar a este diario cómo en la agenda de su teléfono todavía tiene guardado el número de Labri y aparece en contactos como "hijo". Ella quería adoptarle hasta que su ingreso en prisión ha roto este sueño. "No entiendo qué le ha podido pasar", insiste una y otra vez.

Robó una tienda de ropa

"Muchas noches me enviaba un WhatsApp con una foto de una lata de Coca-Cola donde había tallado mi nombre con una aguja y me encendía una vela". Este bonito recuerdo está manchado por la pesadilla que Pilar vivió el sábado cuando Labri, nada más recuperar la libertad, se plantó en la Cafetería El Muelle para buscar a la camarera imcumpliendo la orden de alejamiento. "A ella le dio un ataque de ansiedad cuando lo vio venir por el callejón: le pedí a Labri que se marchara y él me dijo que venía en busca mía, me pidió su ropa, dinero y un móvil".

La hostelera le bajó sus pertenencias de la casa de El Alamillo que un amigo le prestó para el argelino, le entregó 270 euros y le rogó que no volviese a molestar a la joven. "Labri volvió horas después a la cafetería, iba colgado y bailando, llevaba puesta una ropa que había robado en una tienda y me dijo que iba a volver a acercarse a la camarera porque la quería".

- ¿Qué hizo ante la conducta reiterativa de acoso del chico al que usted acogió en su casa?

- Llamé a la Guardia Civil por haberse saltado dos veces la orden de alejamiento y él solico tiró hacia el cuartel diciéndome: 'Adiós madre, te quiero mucho'. Ahora, nueves meses de prisión en Sangonera la Verde, y cuando cumpla esa condena a Labri lo deportarán a su país.