Se escucha un ruido de fondo. Platos que chocan, una comanda tarde, ajetreo, conversaciones. Que si qué llevan hoy en el menú, que si muchas gracias, que si hasta la próxima. Es la hora punta de la hostelería madrileña, en la que encontrar una mesa libre se vuelve una tarea más titánica que conseguir una vacuna a tiempo. Casi parece, al otro lado del teléfono, que no hay pandemia. Hoy tampoco quedan reservas. Y menos mal.

Noticias relacionadas

Un lunes cualquiera, de esos tan típicos de 2021 y tan infrecuentes de cualquier otro año, no se habla de otra cosa. Ella, Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, copa la mayoría de las tertulias, ya sea al frente de un micrófono, apoyadas en la barra del bar o al otro lado de la caja registradora. Ella y su defensa siciliana frente al Gobierno central, que para más de uno ha pasado de ser un meme de la imprudencia al icono político de “la libertad”. Así lo revela el último vídeo que ha publicado en redes sociales. Ya suena hasta a lema de campaña.

Suyos son los dos hospitales más emblemáticos de la pandemia, el IFEMA y el Zendal; suya es la tesis de que la lucha contra la pandemia no puede hacerse en perjuicio de la economía y, en definitiva, suya es la decisión de abrir más, hasta más tarde y con más gente. Si se pregunta sobre ella, de un lado y de otro, los calificativos bailan dependiendo del signo, pero la idea no se inmuta. Osada, valiente, audaz, temeraria, firme, tozuda. Elijan el que quieran. Los que abren las persianas por la mañana y las corren por la noche lo tienen claro.

El pasado sábado, Ayuso difundió en sus redes sociales a hosteleros de conocidos bares y restaurantes de la capital en las que hacían suya la frase de que, a pesar de todo, “Madrid es libertad”. El vídeo ni siquiera forma parte de la campaña del PP. Lo encargó la Comunidad de Madrid hace más de un mes para apoyar a la hostelería y los platos típicos de la región. Estaba pensado para publicarse el viernes 12 de marzo, pero la agitación política obligó a posponerlo.

A Ayuso le gustó el vídeo, y quiso contar con sus protagonistas. Les preguntó uno por uno si podía usarlo, y así salieron Miguel Ángel, de La Campana; Jorge, de la Taberna San Mamés; Baudilio, de San Ginés; y Antonio, de la Cruz Blanca. Aceptaron, y voilá. EL ESPAÑOL los ha vuelto a reunir.

Miguel Ángel, en el bar La Campana. Quique Falcón E.E.

“Estamos saliendo a flote”

A las 17.00 horas de la tarde Miguel Ángel sirve dos bocadillos de calamares, el estandarte del bar La Campana. A tiro de piedra de la Plaza Mayor, atiende a este periódico en el mismo momento en que, en Cataluña, restaurantes y cafeterías empiezan a correr las persianas. A él todavía le quedan varias horas de faena, hasta las once. Y lo dicho, que menos mal.

“Madrid ha tenido suerte. Al menos podemos trabajar. No como antes, pero por lo menos tenemos menos restricciones que en otras comunidades”, indica. En la puerta del bar se empieza a amontonar un grupito. Miguel Ángel mira cómplice. Con las cosas como están, a pesar de todo, cada cliente vale el doble. “Pero dentro de lo malo, estamos saliendo a flote”, resume rápidamente, y se vuelve. "¿Dos bocadillos? Marchando".

La puerta de La Campana, al lado de la Plaza Mayor de Madrid. Quique Falcón E.E.

No hay que moverse demasiado para encontrar otro destino. Hay una chocolatería del centro que, a fuerza de costumbre, lleva años convertida en punto de referencia tanto para el turista ocasional como para el más gato de la almendra, sean las cuatro de la tarde o de la mañana. El microbullicio, escondido en aquel pasadizo que gambetea entre San Ginés y Colorelos, reúne a unas cinco personas haciendo cola. Lo normal sería que llegase hasta la calle Arenal.

Aún así, Baudilio está satisfecho. Lleva años al otro lado de la barra de la chocolatería San Ginés, y se conoce las duras y las maduras. En cualquier otro año, en estas fechas, estaría facturando entre un 70 y un 80% de lo que recoge a día de hoy. En cualquier otra comunidad, probablemente, sería incluso menos. “Igualmente, hasta que estemos libres del Covid me parece que no vamos a despegar del todo”, comparte. 

Baudilio, a las puertas de la chocolatería San Ginés. Quique Falcón E.E.

“Por lo menos trabajo tenemos, que en otros sitios está todo el mundo parado”, apunta. Y echa una mirada un poco más lejos, fuera de los cierres perimetrales, incluso de España. El turismo francés, que estos días -o noches- ha llenado las calles de La vie en rose, es prácticamente el único que llega a la chocolatería. “El inglés, el japonés o el coreano, que viene mucho, ha desaparecido del todo”.

“Ayudas, no limosnas”

Antonio apaga los hornos, cobra una cuenta, pasa la caja, echa un ojo a la cocina y recoge las últimas migas del mantel. Un camarero le echa un cable, le da una palmadita y se vuelve para atender a dos nuevos parroquianos. “Ya voy, un segundo sólo”, pide a la cámara, y sale a trote hacia la puerta de la Cruz Blanca, uno de los tronos del cocido madrileño. Son las 18.00 de la tarde en Vallecas, terraza llena, y en Valencia están echando el cierre.

Antonio, dueño de la Cruz Blanca de Vallecas. Quique Falcón E.E.

Cuando el coronavirus apretaba más fuerte y las cuentas cayeron, Antonio decidió que la solidaridad estaba por encima del negocio, de su negocio, y se dijo no. No despidió a ninguno de sus 18 empleados, sólo aceptó el ERTE durante los 100 días de cierre obligatorio y ahora, incluso entre toques de queda y restricciones, todos han recuperado sus horarios y salarios de antes de la pandemia.

“No me veo dentro de ninguna campaña política”, dice sobre el vídeo de estos días, “ni mucho menos, sino como parte de la gastronomía”. Por si acaso, deja una perla. “Lo que nos hace falta son ayudas, no limosnas. Hace unos años rescataron a los bancos, pero hoy el rescate a la hostelería no está siendo igual”, se queja. El adelanto electoral de Madrid, dice el Gobierno, ha paralizado un lote de 600 millones de euros en ayudas a la Comunidad.

En lo que Antonio respecta, la política se vive de otro modo. Prefiere no entrar al trapo sobre la apertura de los bares en la capital, “porque es muy triste cuando hay víctimas de por medio”, y es cauto sobre la fórmula con la que sortear el coronavirus en la economía. “Yo agradezco estar abierto, pero tengo un profundo respeto a lo que está pasando. Todos los estamentos, todos los gobiernos, tienen que poner bastante más de su parte”, concluye.

"Se trata de subsistir"

En otro punto está Jorge, que viene de una tarde de lío. EL ESPAÑOL es cruel y le aborda en un momento de respiro, en cuanto cierra la cocina. Él lo acepta deportivamente, se lava las manos y sale a la puerta de la Taberna San Mamés, de la que es propietario. Y habla.

Jorge, al frente de la Taberna San Mamés. Quique Falcón E.E.

“No se trata de ser de izquierdas o de derechas, se trata de la subsistencia de la gente, y yo creo que con nosotros se ha portado maravillosamente. Hay que estar agradecido”, recoge. “Se trata de subsistir, no sólo nosotros sino nuestros trabajadores y todos los que están asociados (bodegueros, trabajadores de la carne y pescado, etc.). Solamente hay que comparar con otras comunidades”, infiere.

En este punto, nadie sabe realmente quién lleva la razón. Ni Baudilio, ni Antonio, ni Jorge, ni Miguel Ángel. Tampoco el que firma más arriba. En realidad, nadie tiene ni idea de lo de más allá, pero sí de lo que cada uno toca cada día. En lo que respecta a Ayuso, lo que no se le puede negar, como dice Jorge, es que se ha puesto del lado de los hosteleros. Dependiendo de a quién se le pregunte, el enroque será firme y sólido o, por contra, testarudo e irresponsable. Pero nadie lo tiene claro.

Puede que la estrategia de Ayuso haya costado vidas. Puede. O puede que no, pero a cambio ha salvado a miles de negocios. De igual manera, puede que la estrategia de otras comunidades no haya podido salvar esas mismas vidas y, a cambio, haya acabado con parte del tejido empresarial. Puede. Lo que es seguro es que, de las cuatro hipótesis, sólo una está demostrada.

Contenido exclusivo para suscriptores
1€ primer mes
Accede a todo el contenido de EL ESPAÑOL por 1€ el primer mes, y después 6,99€ Sin permanencia

O gestiona tu suscripción con Google

¿Qué incluye tu suscripción?

  • +Acceso limitado a todo el contenido
  • +Navega sin publicidad intrusiva
  • +La Primera del Domingo
  • +Newsletters informativas
  • +Revistas Spain media
  • +Zona Ñ
  • +La Edición
  • +Eventos
Más información