En Barcelona se le ha perdido el respeto a la policía. Contenedores en llamas, escaparates rotos y barricadas cortando las calles. Manifestaciones que derivan en robos y saqueos. Carreras, cargas policiales y detenciones. Pedradas, pirotecnia y cócteles molotov. Un montón de heridos que hacen que la ciudad parezca un verdadero escenario de guerra. Una estampa recurrente en la Barcelona de los últimos tiempos.

Al agotamiento pandémico se le han sumado varias cuestiones políticas que han sacado a la calle a los más violentos: de las protestas independentistas a las concentraciones convocadas por la extrema izquierda. Barcelona se ha convertido en la capital europea del saqueo. Las manifestaciones recientes reciente ha acabado en graves disturbios. Y los que más padecen estos incidentes son las miembros de las fuerzas de seguridad.

En la última semana de disturbios, el número de agentes heridos se disparó casi hasta el centenar. Y en el último año, el número de delitos de orden público ha crecido de forma alarmante. Más de un 33% respecto a los datos de 2019. En los delitos de resistencia a la autoridad, dicha subida se ha situado por encima del 136%.

Cualquier objeto es bueno para golpear el furgón policial en Barcelona

“Tenemos las manos atadas. La policía es el blanco fácil en Barcelona”. Lo declaraba hace unos días un representante sindical de Mossos d’Esquadra a EL ESPAÑOL, haciendo balance de los disturbios acaecidos en la ciudad condal tras el encarcelamiento del rapero Pablo Hásel. La policía catalana denuncia estar desprotegida ante los salvajes ataques que vienen recibiendo en los últimos tiempos.

La cosa no tiene visos de mejorar. Todo lo contrario: el principal problema que denuncian los agentes es el poco apoyo que tienen del gobierno catalán. Un gobierno que se halla ahora mismo en plena fase de renovación. En la última negociación, las CUP se han postulado para que uno de sus hombres ocupe la presidencia del Parlament. Y el nombre propuesto es el de Pau Juvillà, cabeza de lista de las CUP por Lleida en las últimas elecciones y pendiente de un juicio… precisamente por desobediencia a la autoridad.

Los datos

Los datos le dan la razón a los que denuncian que, en el último año, se le ha perdido el respeto a la policía en Barcelona. Las fuerzas de seguridad han sufrido más agresiones que el año anterior. El incremento de delitos de orden público, de atentados y de resistencia a la autoridad se ha incrementado de forma notable desde que empezó la pandemia, en marzo de 2020.

EL ESPAÑOL ha podido acceder en primicia a los datos de este tipo de delitos que se han denunciado en la capital catalana durante 2020. Los números, facilitados por la Fiscalía Provincial de Barcelona, no dejan lugar a dudas. Si en 2019 se sancionaron 2.787 delitos contra el orden público, el año pasado la cifra se elevó hasta los 3.714. Unas cifras que suponen un incremento porcentual del 33,26%.

De ellos, los que más han proliferado porcentualmente han sido los delitos por resistencia a la autoridad. En 2019 se juzgaron 733 casos por este motivo. Los números se dispararon en 2020, habiéndose registrado un total de 1.732. Una cifra que supone un brutal incremento del 136,29% con respecto al año anterior.

También subieron los otros delitos de orden público: los de atentado contra la autoridad. En 2019 se denunciaron 1.632 delitos de este tipo. El año pasado, la cifra subió hasta los 1.769. La subida porcentual no es tan grande (8,89% más que el ejercicio anterior) pero aumenta de forma considerable. Y subiendo. Porque estos datos son de 2020, por lo que no incluyen los últimos incidentes que se han producido durante el mes de febrero de 2012 por el encarcelamiento de Pablo Hasél. Si siguen esta progresión, este año dejará pequeño 2020 en materia de atentados contra el orden público.

Lo más preocupante es que estos son solamente los delitos que sí se han llegado a denunciar y han pasado por cauces judiciales. Pero no todos los que se producen acaban así. Desde la misma Fiscalía advierten de que dichas cifras “no se corresponden todos a procedimientos calificados o que vayan a juicio, ya que muchos de ellos están archivados por falta de autor conocido o por otras causas”. Es decir, que muchos quedan impunes Cuantificar dichos delitos no denunciados sería imposible.

Desprotección

¿Cuál es el motivo de esta subida? Hay varias claves, según cuentan los sindicatos policiales. La fatiga pandémica, por ejemplo, que lleva a la gente a revolverse cuando un agente le llama la atención por, por ejemplo, no llevar mascarilla. O la leve sanción que comporta resistirse o atentar contra la autoridad. “Sale barato pegarle a un policía; estos expedientes suelen zanjarse con una multa de entre 50 y 80 euros. Las más graves, penas de cárcel insuficientes para llevarlos a prisión”, explicaba a este diario Toni Castejón, portavoz del sindicato mayoritario de Mossos.

Disturbios en Barcelona

Pero el factor en el que los policías hacen más hincapié es el poco apoyo que tienen desde el gobierno catalán. Tras los últimos incidentes (ocho días de graves disturbios en el centro de la ciudad), los portavoces policiales criticaron que nadie del gobierno hubiera salido a condenar los hechos y dar la cara por la policía autonómica, cuyo número de heridos fue de 90.

Ni el presidente en funciones, Pere Aragonés ni el conseller d’Interior, Miquel Sàmper, se pronunciaron de forma contundente a favor de los Mossos durante la semana crítica. La policía autonómica se quejó de la desprotección. E incluso desde Ciudadanos anunciaron que denunciarían a la conselleria por prevaricación ante la Fiscalía. Consideran que no se protegió de forma efectiva al cuerpo policial.

Desde la formación naranja criticaron que se defienda antes "a los que se hacen llamar manifestantes pero que aplican violencia extrema, como delincuentes, en vez de a los agentes de policía que, son servidores públicos que velan por proteger los derechos y libertades de la ciudadanía".

Presidente desobediente

Por si fuese poco, el panorama no se presenta halagüeño: las negociaciones que llevan los partidos independentistas para conformar gobierno tienen varios flecos por cerrar. Y uno de ellos es la presidencia del Parlament. La formación de extrema izquierda CUP se ha postulado para ocuparla, “para que se pueda hablar de todo y para plantarle cara a VOX”, declararon.

Antidisturbios atacados en Barcelona

La persona elegida, curiosamente, es Pau Juvillà: fue el cabeza de lista ‘cupaire’ en las últimas elecciones autonómicas del 14 de febrero. Juvillà está pendiente de un juicio por desobediencia por no haber descolgado durante la campaña electoral lazos amarillos de su despacho en el Ayuntamiento de Lleida, lo que podría conllevar su inhabilitación. Las CUP, además, son la formación que más ha alentado las protestas que han derivado en lo graves incidentes de Barcelona.

Todavía no es más que una propuesta, pero fuentes policiales advierten de la mala noticia que sería para los cuerpos de seguridad que las CUP pfresidiesen la cámara catalana. La policía prevé un turbio futuro. Las cifra dicen que 2020 ha sido el año en el que se le ha perdido el respeto de forma definitiva en Barcelona. Ahora, los escorzos independentistas para formar gobierno apuntan a dejarlos aún más vendidos.

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