La Coruña. 2 de julio de 2012. Eran las 11.25 horas de la mañana cuando Manuel Eugenio Reija acababa de recibir en su administración de loterías cuatro boletos de la Primitiva. Los pasa por la máquina uno a uno. La operación le lleva 16 segundos. A priori, los resultados exponen que sólo un boleto tenía recompensa: 3,5 euros. Sin embargo, había otro billete afortunado. "Entregar al cliente. El resguardo es ganador y llevar resguardo a la delegación", apuntó la máquina. 

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El premio de aquel boleto eran 4,7 millones de euros. Pero Manuel no se lo entregó a su dueño, que se marchó de la administración con 3,5 euros. Se lo quedó. Continuaron pasando clientes por el lugar. Cuatro minutos más tarde volvió a comprobar los cuatro boletos e identificó nuevamente el premiado, concluye la policía, según La Voz de Galicia. 

Estos son los datos extraídos por la policía tras la investigación. Todo lo contrario a lo expuesto a priori por el lotero, inmerso en un proceso judicial por un delito de estafa. Al conocerlos, el lotero se desdijo de su versión anterior, la misma que narró cuando llevó el boleto a la Delegación Provincial de Loterías y Apuestas del Estado de La Coruña. Casualmente, el delegado era su hermano. En ella expuso que se lo había encontrado solo. Ahora alega que se confundió.

Manuel Reija, lotero de La Coruña que buscaba al propietario del boleto premiado.

La Policía, tras analizar la máquina en la que se registraron los resultados, sostiene la inverosimilitud de lo expuesto por Manuel y expone que comprobó el boleto frente a su legítimo dueño.

Mientras el lotero se enfrenta al juicio, el dueño legítimo habría fallecido años atrás. Así lo apuntaron fuentes jurídicas a EFE. El hombre estaba "desesperado al no poder acreditar su legitimidad", denunciaron.

A pesar de todo, en caso de no demostrarse la autoría de la estafa en sede penal, Manuel cobrará el premio. A los 4,7 millones habrá que añadirle un pellizco más en concepto de intereses de demora: alrededor de 6 millones de euros le tendrían que ser ingresados.

El engaño de Reija

El 26 de junio de 2012, la administración del Carrefour de Alfonso Molina, en La Coruña, selló una combinación ganadora de la Primitiva. Aún era pronto para saberlo, pero ese boleto se premiaría cuatro días después, el sábado 30 de junio, con 4,7 millones de euros. La combinación era 10, 17, 24, 37, 40 y 43. 

Miguel Rija (a la izquierda) es hermano de Manuel y delegado de Loterías y Apuestas del Estado en Coruña. E.E.

El 2 de julio de aquel año, el boleto llegó a Manuel, en su administración de San Agustín. No se sabe cómo, pero las investigaciones creen que se quedó el billete porque sabía que estaba premiado. Es decir, engañó a su legítimo dueño en su propia cara.

La Policía elaboró un informe que entregó al juzgado de Instrucción número 4 de La Coruña. Señalaba al lotero. "Presuntamente utilizó cualquier adid para enmascarar al apostante anónimo el resguardo".

No era descabellado. Según las pruebas realizadas en la máquina, el mensaje de que había premio sólo se expuso durante 2 segundos en la pantalla del terminal. "Entregar al cliente. El resguardo es ganador y llevar resguardo a la delegación". Insuficiente para que el cliente pudiera comprobar nada si estaba al menos un tanto distraído.

Pero sólo Manuel dispuso de ese billete que llevó el 3 de julio de 2012 ante la Delegación Provincial de Loterías. Casualmente, el delegado era Miguel Reija, hermano del lotero, que traspasó el billete a la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado.

En septiembre, tras no haberse encontrado al legítimo dueño, Manuel pidió cobrar el dinero. "Por su buena fe" y por su "predisposición para colaborar". Legalmente le habría correspondido una parte.

El dueño del boleto falleció "desesperado"

Nadie había dudado de Manuel, pero el caso llegó a los juzgados. Fue entonces cuando todo dio un vuelco de 180 grados. 

La administración en la que trabaja Manuel Reija, a unos metros de la plaza María Pita de Coruña. EFE

El Ayuntamiento de La Coruña se puso en marcha a falta de un mes para que se cumpliera el plazo de poder reclamar el billete. Quería encontrar a su legítimo dueño, en principio un vecino gallego. Corría el mes de septiembre de 2013.

Hasta 270 personas reclamaron ser propietarias de aquel boleto. Obviamente, no podía ser de todas ellas. Había que dilucidar el entuerto.

El 26 de octubre de 2013, el caso llega por primera vez a dependencias judiciales. Se desconoce si es el legítimo dueño, pero denuncia a Manuel y Miguel Reija por apropiación indebida y estafa. 

Comienza el largo y tedioso proceso judicial. Mientras tanto, llega el 25 de septiembre de 2015, fecha en la que finaliza el plazo para reclamar el premio. El dinero debería ir a Manuel, que fue quien lo encontró. No obstante, en ese momento han prosperado hasta siete causas judiciales distintas para reclamar el premio del boleto. El juzgado paraliza, por tanto, la entrega del dinero.

Mientras todo esto ocurre, la policía lleva a cabo una investigación para ver a quién podía pertenecer. Se encontraron en el billete un total de 11 huelllas, sólo 6 de ellas completas. Muchos se ofrecieron a hacerse la prueba, aunque ninguna huella coincidía con la encontrada en el boleto premiado. 

Sólo había un presunto ganador. Alguien que reclamó al principio la titularidad del billete. Sin embargo, falleció en el proceso y no se le pudieron tomar las huellas. La Policía cree que los hechos relatados por el señor eran "perfectamente parejos" y "no una mera casualidad". Su identidad nunca trascendió.

Fue en agosto de 2019 cuando se elaboró el informe policial que dictaminó que Reija pudo perpetrar un "engaño" para apropiarse del boleto premiado.

Sea como fuere, el juicio ya está en marcha y serán los jueces los que tendrán que dictaminar mediante sentencia los hechos que considera probados y si son constitutivos o no de un delito de estafa. Casi una década después, el asunto sigue coleando.

El billete no estaba en el cristal

Manuel aseguró que estaba solo cuando comprobó el boleto premiado. Sin embargo, aquel 2 de julio 2012 había alguien más en el local. "Indiscutiblemente", sostiene la investigación policial.

La máquina que registró el premio no deja lugar a dudas: a las 11.25 horas y 32 segundos, un cliente recibió un premio en aquella administración. Seis segundos más tarde llegaría el dueño del boleto premiado con 4,7 millones de euros: entregó 4 boletos que serían comprobados en 16 segundos. Menos de un minuto después, otro cliente realizó dos apuestas.

Todo esto contradice la versión expuesta desde un principio por Manuel Reija sobre dónde y cómo encontró el boleto. "En la parte exterior del cristal de seguridad, junto al pasamonedas, un boleto que le llamó la atención al estar solo y en unas condiciones impecables, como recién salido del terminal". 

Durante el juicio, Manuel se desdijo. Según La Voz de Galicia, realizó esa exposición porque la policía "nunca" le interrogó y "estaba nervioso". Afirma que no le dio importancia a tal hecho e hizo hincapié en que no había premeditación para cometer el hecho delictivo. Cree que le habría sido "facilísimo" cobrar el premio y no montar toda la parafernalia surgida de aquello: "Actué con honestidad".

Para sostener esto, Reija afirmó que el boleto es un cheque al portador, por lo que podría haberlo cobrado en cualquier entidad bancaria, según La Opinión de A Coruña.

Por su parte, Soledad Parra, abogada de Loterías y Apuestas del Estado, cree que el lotero ocutó información durante el proceso para encontrar al legítimo beneficiario.