Murcia

En el Barrio del Carmen de Murcia donde estaba afincado algunos le conocían como Tony El Inglés: un tipo alto, con rostro de púgil, a cuya novia le contó que se ganaba la vida en un bar cercano a la plaza de Europa en Murcia. El simpático apodo fruto de su nacionalidad y ese curro en la hostelería no eran más que una tapadera para el supuesto cabecilla de una organización criminal dedicada al tráfico de armas y de estupefacientes, los vuelcos a narcotraficantes, estafas, robos, extorsiones... Anthony Edward A. (Londres, 1980) era la identidad real de este prófugo británico, al que le constan siete alias falsos, dos fechas de nacimiento, y que desde 1996 sumaba a sus espaldas 50 hechos delictivos.

El último ilícito que jalona su peligroso currículum tuvo lugar en mayo de 2015: Tony protagonizó un asalto en Cambridge y la policía le puso en busca y captura. Jamás lo encontraron porque huyó de Gran Bretaña y se asentó en Murcia. En la capital del Segura ha pasado de disfrutar de la calidez de su clima a sufrir la frialdad de dormir entre rejas después de ser detenido por la Guardia Civil en una ardua investigación con escuchas telefónicas y seguimientos a este prófugo británico, tal y como recoge el sumario de la Operación Galager-Cartagun al que ha accedido EL ESPAÑOL.

Este escurridizo delincuente acabó en la diana de la Benemérita por casualidad: a raíz de la denuncia de un vecino de Águilas, llamado David, que tenía antecedentes por haber sido detenido en Algeciras en un operativo con 448 kilos de cocaína de por medio. David denunció ante el Instituto Armado que sufrió un episodio de amenazas de muerte el 13 de agosto de 2019.

Tony 'El Inglés', tras ser detenido por la Guardia Civil en Murcia el pasado mes de octubre. Guardia Civil

Ese día, cuatro tipos lo metieron en un Citroën Xsara, de color rojo, y le pusieron un arma en la nuca para exigirle 6.000 euros o un kilo de cristal. En caso de no pagar, le advirtieron de que le llevarían a un descampado para hacerle la pregunta que el narco Pablo Escobar formulaba en la serie de Netflix: ¿Plata o plomo?

La identidad falsa

Tal amenaza motivó que el entorno del domicilio de David pasará a estar vigilado policialmente. El 18 de agosto, según el sumario de la investigación, la Policía Local de Águilas se percató de la presencia del mismo Citroën Xsara cerca del piso de David. De inmediato, un grupo de agentes rodearon el coche para pedir a sus tres ocupantes que se bajasen sin hacer ningún gesto raro. Cuando llegó el momento de identificarles saltaron las alarmas porque uno de los sospechosos mostró el permiso de conducir de un tal Terry John A., pero su rostro no cuadraba con la foto del documento que exhibía.

En el cuartel le tomaron las huellas a Terry y los policías confirmaron sus sospechas: en realidad se llamaba Anthony Edward A., un delincuente británico que trató de engañarles mostrándoles el carné de conducir de su hermano. En la base policial de Gran Bretaña constaba junto a su historial delictivo una advertencia que la Policía Local de Águilas incluyó en el atestado de su detención por usurpación de identidad: “Según Inglaterra, se recomienda que se adopten con esta persona precauciones, teniendo en cuenta la conducta de Anthony E.A., atendiendo al uso de armas, amenazas y violencia”.

No había orden de extradición

Tony El Inglés era buscado en Gran Bretaña por el asalto que cometió en 2015, pero no tenía en vigor ninguna orden de detención europea, de forma que ese matiz legal llevó a un juzgado de Lorca a dejarlo en libertad con cargos. Pero en cuanto Tony pisó la calle, el Grupo de Información de la Guardia Civil y el Grupo de Policía Judicial de Delincuencia Organizada contra el Patrimonio comenzaron a seguir los pasos de este londinense para averiguar qué hacía en tierras murcianas.

La decisión de investigarle se adoptó en base a su abultado historial delictivo y porque los guardias civiles sospechaban que la denuncia por amenazas de muerte que había presentado el mencionado vecino de Águilas se podría enmarcar en un vuelco de drogas frustrado. De forma que los agentes comenzaron a hacer preguntas a sus soplones y pronto encontraron un hilo del que tirar: Tony llevaba al menos desde 2017 en la Región desarrollando negocios turbios.

“Tras penetración en el mundo delincuencial se tuvo conocimiento de que un ciudadano británico estaría vinculado al tráfico de armas, ofreciéndolas a individuos relacionados con el tráfico de drogas y los delitos contra el patrimonio y las personas”, tal y como subrayan los investigadores de la Operación Galager-Cartagun. La Guardia Civil desplegó un dispositivo de seguimiento de incógnito sobre la figura de Tony al que algunos periódicos ingleses tras su detención en Murcia bautizaron como British Lord of War (El Señor Británico de la Guerra).

En el piso donde residía Tony el supuesto traficante de armas se intervino abundante munición de todos los calibres. Guardia Civil

El sospechoso era fotografiado a cada paso que daba nada más salir del portal de su piso en el Barrio del Carmen. El objetivo del reportaje gráfico era identificar a su entorno de confianza que los investigadores cifraron en diez hombres y mujeres. Casi todos ellos contaban con un abultado historial delictivo por estafas, venta de drogas, robos...

Cada presunto miembro de la organización criminal desempeñaba un rol específico: el líder, el lugarteniente, pasando por los paleros -individuos que ejecutan los delitos- hasta los proveedores de logística que debían conseguir desde coches -de manera lícita o ilícita-, a drogas, incluso datos personales de ciudadanos sin antecedentes penales para así poder operar con impunidad.

Lenguaje en clave: “Hierros”

Una vez indentificados los supuestos integrantes de la banda comenzaron las escuchas telefónicas. Los pinchazos fueron reveladores para la Guardia Civil porque en el sumario se detalla que los sospechosos usaban un lenguaje en clave específico en función del negocio que llevasen entre manos. Así, cuando se trataba de una supuesta operación de tráfico de armas de fuego, empleaban los términos “juguetes” o “hierros”. Si se trataba de marihuana hablaban de “lo verde”.

Dos guardias civiles durante el registro del domicilio del prófugo británico en su piso de Murcia. Guardia Civil

Prueba de ello es la llamada que Tony recibó el 25 de junio de 2020 donde Arturo L.L. le pidió veinte hierros para el clan de un cuñado suyo de Granada. También entre el 30 de julio y el 3 de agosto Tony recibió llamadas de Antonio Jesús C.G. pidiéndole armas para un ajuste de cuentas con otro grupo criminal en Murcia: “Tengo guerra”. Todo ello lleva a los investigadores a concluir lo siguiente: “Como se puede observar en las conversaciones que versan sobre el delito de tráfico de armas, cualquier persona de la organización que necesita disponer de algún arma, bien para comercializar con ellas, bien para hacer uso de ellas, recurre al líder de la organización Anthony E.A. (...)”.

Arturo: el supuesto lugarteniente

La Benemérita comenzó a indagar sobre Arturo L.L. porque contaba con un reguero de antecedentes por usurpación de estado civil para solicitar préstamos económicos. Los investigadores le asignaron a Arturo el papel de supuesto “lugarteniente de la organización”. El sospechoso trabajaba en una tienda de telefonía de un centro comercial de Murcia y fue fotografiado junto a Tony. Desde ese negocio se nutría supuestamente de datos personales de los clientes para perpetrar delitos de estafa.

La organización recababa datos personales de ciudadanos para realizar compras on line que cargaban a su nombre. Valga como ejemplo el susto que se llevó un vecino de Archena al que de un día para otro le reclamaron 1.435 euros por un iPhone que evidentemente no recibió en su casa.

Los investigadores sostienen que Arturo le consiguió a Tony los dos móviles con los que operaba sin dejar ni rastro porque estaban a nombre de un hombre y una mujer que habían dejado sus datos personales en la tienda de telefonía donde trabajaba el lugarteniente: “Era la persona encargada de abastecer al líder de los recursos necesarios para tratar de conseguir impunidad o cuanto menos complicar su vinculación en actividades delictivas”.

Un ‘ciudadano fantasma’

En la estructura organizativa trazada por los investigadores también figura María Elena: la novia de Tony. “Participaba dándole cobertura y protección al líder de la organización, así como gestionándole la logística necesaria cuando le ha sido posible”. Entre todos conseguían que Tony fuese en España como un ‘ciudadano fantasma’: usaba una identidad falsa, no tenía a su nombre ni teléfonos ni el piso donde vivía, incluso se desplazaba empleando turismos de terceros. De hecho, los investigadores afirman que María Elena le pedía los coches particulares a sus amigas para dejárselos a su pareja.

La organización desplegaba medidas de contravigilancia para dar esquinazo a las Fuerzas de Seguridad. Algunas de esas medidas consistían en conducir a 160 kilómetros por hora en la carretera para verificar que no les seguía ningún coche camuflado. Iban a por todas y así lo demostraron el 7 de septiembre cuando dos de los presuntos sospechosos hicieron caso omiso al alto que les dio una patrulla de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, cuando hacían un porte de 1.150 plantas de marihuana cargadas en un camión Iveco. No se detuvieron porque había un pastón en juego.

El coche camuflado de la Guardia Civil quedo siniestrado tras ser colisionado por el camión de dos sospechosos de la organización que transportaban marihuana. Guardia Civil

“Por parte de los agentes se ha continuado el seguimiento del vehículo fugado, que en varias ocasiones ha intentado embestirles para sacarlos de la carretera y ha empezado a circular en zig-zag para evitar que lo adelantasen”. Esta arriesgada persecución al camión ocurrió en la intersección de la RM-15 con la A-7 -en dirección Andalucía- y se saldó con dos guardias civiles heridos: “Los agentes que circulaban en el coche oficial por esa misma vía (RM-15) han sido embestidos por el vehículo que se había dado a la fuga y han sido arrastrados por el mismo”.

Ocuparon una casa en Crevillente

Al final, el camión Iveco se detuvo tras colisionar con la patrulla de la Benemérita: el copiloto logró huir a pie y el conductor Florentino R.G. resultó detenido. El mencionado accidente fue el principio del fin de las actividades de esta supuesta organización criminal porque posteriormente cometieron otro error: el 30 de septiembre la Guardia Civil desmanteló la guardería que presuntamente gestionaban en una casa de campo que ocuparon en Crevillente y en cuyo interior habilitaron una plantación indoor de marihuana tras engancharse ilegalmente a la red eléctrica.

Cuando se desmanteló la guardería alicantina los investigadores ya contaban con numerosas pruebas de las supuestas actividades ilícitas de la organización. Era cuestión de días el arresto de los sospechosos. La Guardia Civil tenía conversaciones telefónicas de su supuesto líder, Tony, en presuntas operaciones de ventas de armas y drogas como ketamina y éxtasis líquido, incluso instando a José Antonio G.M. -presunto proveedor de estupefacientes de la banda- para hacerse con 50 kilos de marihuana con el objetivo de cerrar un intercambio con una banda holandesa.

Camión Iveco en el que dos sospechosos hacían un porten con más de un millar de plantas de marihuana. Guardia Civil

En los pinchazos también figuraban otros miembros planeando dos vuelcos usando armamento: uno a un garito de venta de cocaína y otro a una plantación de marihuana vigilada por “gente peligrosa”. Había información que vinculaba a la organización con una treintena de hechos delictivos -como un robo a un hotel de Torrevieja-. La Guardia Civil no quería esperar más y el 14 de octubre puso en marcha la Operación Galager-Cartagun. El fuerte despliegue de agentes contó con el apoyo aéreo de un helicóptero para ejecutar seis registros simultáneos a inmuebles de Murcia y Las Torres de Cotillas.

Intervinieron ‘droga zombi’

Los investigadores intervinieron armas detonadoras y blancas, abundantes dosis de cristal (metanfetamina), MDMA, kilos de marihuana y la conocida popularmente como droga zombi: Spice. En total resultaron detenidas 15 personas de nacionalidad española y británica, de entre 22 y 63 años. Algunos de ellos fueron cazados cuando regresaban de pegar un palo a una plantación de cáñamo industrial en la localidad murciana de Caravaca de la Cruz.

En el piso del Barrio del Carmen donde se alojaba Tony El Inglés hallaron indumentaria y una placa identificativa de la Guardia Civil, que supuestamente empleaba para perpetrar vuelcos a otros traficantes de droga. También ocultaba 98 cartuchos de munición de armas de distinto calibre, como una Winchester Super X, un estuche con varias navajas, un arma blanca automática de 30 centímetros de longitud, limas de precisión y elementos de limpieza de armas de fuego.

Placa y uniforme de la Guardia Civil con el que Tony supuestamente realizaba vuelcos a narcotraficantes. Guardia Civil

Otro hallazgo que llamó la atención de los agentes fue una sustancia en polvo sin determinar, de color amarillento, y con efectos muy tóxicos solo con tocarla. También intervinieron una caja fuerte empotrada en un armario, una bolsa con numerosas monedas antiguas de cobre y un ordenador portátil con datos personales de posibles víctimas de esta organización criminal. Tras las detenciones algunos de los implicados contrataron los servicios de primeros espadas penalistas, como el letrado Jorge Novella, y lograron quedar en libertad con cargos. Es el caso de Arturo, el presunto lugarteniente de la banda.

No corrió la misma suerte Tony: el presunto líder de la banda. El Inglés todavía sigue en prisión porque una parte del sumario sigue secreta y dos de los detenidos cantaron en su declaración ante la Guardia Civil asegurando que este ciudadano británico comercializaba armas de fuego “por miles de euros” desde la Región: “Conozco las actividades de venta de armas de Anthony (...) También me ha mostrado fotografías donde aparecía con armas de fuego reales (fusiles de asalto y pistolas) manifestándome su intención de venderlas a terceros o de hacer de intermediario (...) Era habitual que Anthony se publicitara con la venta de armas, sobre todo extranjeros, principalmente ingleses”.

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