Enrique Recio Jaime Susanna

Ponga por caso que vive usted en Calahorra (La Rioja). Su libertad de movimiento está limitada a la comunidad del vino. Si vive usted en Motril (Granada), su rango de actuación será aún menor: sólo el municipio. Ambos ejemplos se aplican a casi todo el mapa de España, cerrado a cal y canto en el puente de la Constitución. Pero en toda regla hay alguna excepción, en este caso: Extremadura, la comunidad libre de restricciones y es más, que puede incluso viajar a otro país. 

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Su escenario roza lo absurdo, pues si nadie puede ir de cualquier otra comunidad autónoma puesto que todas están cerradas perimetralmente, ¿qué sentido tiene dejar abierta esta región? Aislada por el cierre de todas sus comunidades limítrofes, Extremadura descartó hace semanas un cierre perimetral. No obstante, mantiene aislados municipios del interior, como por ejemplo el publo cacereño de Vegaviana, de apenas 800 habitantes. "Somos una isla más. Estamos aislados igualmente. Hay medidas, como en todas partes, que no tienen ningún tipo de sentido", critican ciudadanos extremeños en declaraciones a este periódico. 

Las razones, según el presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara, para llevar a cabo este plan es que cerrar las comunidades "no está valiendo para nada". "Lo hacen solo para decir que están haciendo cosas, que además se solapan unas con otras y no hay manera de saber si funcionan", se defendía en una entrevista reciente. 

Tras ser preguntado por qué Extremadura era la única comunidad peninsular sin restricciones de movilidad a personas de otros territorios, Vara aseguró que los responsables de Salud Pública "no le habían pedido cerrar la región" y defendió su modelo: mantener fronteras abiertas y actuar dentro con determinación para que se cumpla el confinamiento nocturno y el resto de medidas que permite el estado de alarma. 

"Los cuerpos y fuerzas de seguridad están donde tienen que estar, que no es en los accesos de las carreteras, sino haciendo posible el toque de queda en las ciudades. La culpa del virus no es como tú crees de los madrileños que llegan, es que los tuyos pueden hacer dentro lo que quieran y también contagian", zanjó el presidente socialista.

El finde en Oporto

El presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, en una imagen de archivo. E.P.

Esta decisión ha desencadado situaciones del todo extrañas en las que, durante los cinco días del puente, por ejemplo, un ciudadano portugués no ha podido ir a ver a otro familiar en otro municipio ni pasar el fin de semana descansando fuera de su ciudad. Pero un extreñemo si ha podido entrar con su vehículo, recorrer todo Portugal y alojarse en Lisboa durante esos días, solo con el comprobante del hotel. O directamente visitar Oporto y pasar allí unos días de descanso. Eso sí, una vez allí, sin moverse a otro municipio. 

En este puente, no se han dispuesto controles fijos en las fronteras y carreteras, así que los extremeños pueden circular libremente. No obstante, sí existe una fuerte presencia policial para garantizar que no se produzan desplazamientos entre localidades portuguesas bajo pena de multa y la obligación de volver al lugar de residencia. Además de esto, el país vecino también cuenta con el estado de calamidad, que impide reuniones de más de cinco personas en la calle y restaurantes, limita horarios comerciales y obliga a llevar mascarilla.

"Somos una isla más, y no lo digo solo yo, lo dicen todos los extremeños. Podemos ir a Portugal sin controles ni nada. Lo dejan abierto para que la gente pueda venir de otras CCAA a ver a sus familias, pero en realidad no pueden porque están confinados perimetralmente. En general, las medidas aquí han sido estrictas y ha habido muchos controles, pero hay muchas, como la de dejar abierta la región, que no tienen sentido", critica un extremeño, que prefiere no revelar su nombre. 

La estrategia es diferente en casa territorio penínsular: mientras Castilla-La Mancha, Castilla y León, la Comunidad Valenciana o Navarra apuestan solo por un cierre perimetral de la comunidad autónoma, otras como Andalucía, el País Vasco, Asturias, La Rioja, Murcia y Cantabria lo combinan con la limitación de la movilidad también entre algunos o todos sus municipios.

Ceuta ha optado por un confinamiento de fin de semana; misma estrategia siguió por Madrid puntualmente, aunque ahora ha cerrado la comunidad completamente entre el 4 y el 12 de diciembre. Por su parte, Cataluña ha decidido cerrarse perimetralmente y restringir los desplazamientos entre núcleos de población de viernes a domingo. Galicia solo tenía confinamientos municipales pero ha cerrado durante el puente. Y frente a todos está Extremadura que, curiosamente, se mantiene abierta pese a la situación epidemiológica que vive todo el país.