Cristina lo niega, el fiscal retiró la acusación y, sin embargo, una jueza ha condenado a esta madre gallega a seis meses de alejamiento de su hijo pequeño, de 10 años. El delito de la madre fue darle un bofetón al pequeño, según la sentencia a la que ha tenido acceso EL ESPAÑOL. La mujer condenada asegura que ese golpe nunca ocurrió.

El Juzgado de lo Penal Número 2 de Santiago de Compostela falló el pasado 19 junio que Cristina era “autora de un delito de lesiones en el ámbito doméstico” y la condenó a las penas de “30 días de trabajos en beneficio de la comunidad” y “prohibición de aproximarse a menos de 200 metros” de su hijo durante seis meses. Pero el conflicto venía de mucho antes del fallo y en total esta madre lleva ya un año y medio sin ver al menor de sus hijos, el único varón.

El abogado de la mujer recalca a lo desmesurado de esta medida. “Yo no vi esto nunca”, asegura el letrado que prefiere no identificarse. “Incluso si hubo la bofetada, que no está claro, seis meses es una barbaridad”. ¿Estamos ante un caso de maltrato infantil o ante la legitima acción de una madre ante una rabieta infantil? El debate está servido. 

La sentencia relata un único hecho probado, ocurrido “sobre las 15,00 horas del día 21 de diciembre de 2017 en el domicilio familiar en el que convivía el matrimonio”. Cristina se oponía a que el niño se fuera a dormir a casa de su hermana, mayor de edad, que responde a las siglas de L. S. “Se inició una discusión (...) El menor se enrabietó y L. se enfrentó a su madre, propinándole la acusada al menor una bofetada y llevándolo por la fuerza agarrado por el brazo derecho a su habitación, lo que provocó al menor una equimosis en la mejilla izquierda y molestias en la muñeca derecha por las que recibió una asistencia facultativa y que curaron en 2 días de perjuicio básico”, afirma el escrito.

Aunque esta fue la conclusión de la jueza, “el Ministerio Fiscal, en el trámite de conclusiones definitivas, retiró la acusación al no considerar debidamente acreditada la comisión de un delito por parte de la acusada”. Cuando se conoció la sentencia, la defensa presentó un recurso de apelación ante la Audiencia Provincial de Santiago, que ratificó la condena en septiembre de este año.

Extracto del fallo del tribunal.

Cristina narra algunas de las contradicciones en las que cayó la acusación particular, es decir, su propia hija y su exmarido, al que se refiere como “este señor” durante toda la conversación. “Me gustaría puntualizar que este señor reconoció en el juicio que él no vio que yo le diera ninguna bofetada”, explica la madre condenada en conversación telefónica con este periódico.

“También dijo que fue la policía quien llevó al niño al hospital. Pero fue su hermana". Por su parte, su hija L. aseguró ver el bofetón al pequeño y que también le dio otro a ella. “Si uno decía blanco, el otro decía negro. El fiscal vio tantas contradicciones que retiró la acusación”.

"Se creen superiores"

El conflicto que desencadenó en esta sentencia se inició años antes del bofetón de la discordia. Cristina pidió el divorcio a su marido, M.S.C., tras décadas de matrimonio y tres hijos en común. “Hace casi dos años se marchó a casa de L.”, es decir, la menor de sus hijas y madre de su único nieto. Desde ese primer momento, las hijas se posicionaron en favor del padre. ¿Por qué? “La familia de él se creen superiores a mí. Hacía años que malmetían en el matrimonio”.

Cristina asegura que nunca le fue infiel a su marido, aunque ahora sí que tiene una relación con otro hombre. Su exsuegro y su excuñado empezaron a insinuar una calumnia: que el niño no era hijo de M., algo completamente infundado. “Este señor me decía ‘Yo sé que eso no es cierto, que hablen lo que quieran’, y ya está”.

“Mis hijas me dijeron: ‘Si sigues adelante con el divorcio nosotras vamos a apoyar a papá. Es más, la pequeña me dijo: ‘Voy a hacer todo lo que haga falta para que no te quedes con [nombre del menor]”.

El relato de Cristina se ve empañado durante varios momentos por lágrimas. Se siente señalada por los suyos, con su honor mancillado. No puede evitar pensar en el dichoso qué dirán. Con la voz entrecortada confiesa:

—Cuando veo los titulares... veo que se estuviera reconociendo que yo sí di esa bofetada. ¡Y no! —se produce una breve pausa—. A mí estos titulares me duelen.

—Claro, lo entiendo. Pero tiene que entender que, nos guste o no, lo que dice una jueza va a misa.

—Ya...

—Dígame, ¿tiene permitido hablar con su hijo por teléfono?

—No. Llevo un año y medio sin hablar con él. Este señor me lo prohibió, sin juicio ni nada.

El día 19 de este mes, Cristina tendrá potestad legal para, por fin, reencontrarse con su hijo. Ahora está por ver si la otra parte afectada estará dispuesta. El niño tendrá voz, pero no voto. Su madre asegura tener la conciencia tranquila.