Cualquier aficionado al fútbol lo sabe: ir a jugar a La Paz (Bolivia, 3.640 metros de altitud) requiere de un tiempo previo de adaptación. Si no, el jugador corre el riesgo de sufrir ‘mal de altura’. Similar al que parece haber afectado al vicepresidente Pablo Iglesias en su última visita a la ciudad andina. Los síntomas, no obstante, no son los mismos. El ‘mal de altura’ del deportista se manifiesta en forma de falta de aire o dolor de cabeza. En el ‘mal de altura’ de un político se identifican delirios de grandeza.

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Pablo Iglesias se fue la semana pasada a Bolivia con su propia agenda paralela. En visita oficial, como representante del Gobierno (no de su partido) y acompañando al Rey. Pero con su propia agenda. Actuó por su cuenta y riesgo acabó firmando un polémico documento político. Un gesto que al resto de la comitiva española le ha sabido a rayos, pero que a nadie sorprendió.

Era un momento demasiado goloso para que Iglesias no quisiera dejar huella: volvía Evo Morales a Bolivia tras un año en Argentina huyendo de la justicia. Su delfín, Luis Arce, acaba de ganar las elecciones. Se celebraba la vuelta al poder del partido MAS (Movimiento Al Socialismo). Hasta allí se desplazó una comitiva oficial española, encabezada por el Rey Felipe VI y donde ya constaba una ministra: Arancha González Laya.

González Laya, Iglesias y el Rey Felipe, recibidos por Andrónico Rodríguez, presidente del Senado de Bolivia, en La Paz. Efe

Iglesias no tenía por qué ir, pero igual se apuntó. La ocasión era ideal para un Pablo siempre predispuesto a ser afectado por ese ‘mal de altura’. Se siente cada vez más el abanderado europeo de esta nueva extrema izquierda que hunde sus raíces en Latinoamérica y que tiene en Bolivia su nuevo epicentro. La investidura de Arce en La Paz era el momento idóneo y el lugar adecuado. Pablo Iglesias necesitaba dejar huella y lo hizo impulsando un manifiesto: la ‘Declaración de La Paz’.

Iglesias, el cerebro

¿Qué es exactamente la ‘Declaración de La Paz’? A efectos prácticos es sólo eso, una declaración de intenciones. Un texto que habla de frenar a “la principal amenaza a la democracia y la paz social en el siglo XXI, que es el golpismo de la ultraderecha". Pero en realidad es una toma de posiciones. Un texto firmado por dirigentes de populistas y/o de extrema izquierda.

La ‘Declaración de La Paz’ es alinearse claramente en un bando claro dentro de este panorama político mundial tan polarizado y tomar partido de forma activa. Y poder definir así como ‘ultraderecha’ a todo el que no comulgue con él. La 'Declaración de La Paz' es el último intento de establecer la Quinta Internacional; esa asociación que debería aglutinar a todos los comunistas del mundo y que Chávez intentó sin éxito en 2009.

Iglesias, además, no fue solamente a firmar. Fue a redactar el texto. Fue, dicen, idea suya. Los medios bolivianos señalan a Iglesias como uno de los tres impulsores de esta declaración. Junto a él, el nuevo presidente de Bolivia Luis Arce y Alberto Fernández, su homólogo de Argentina, que es el país que ha dado cobijo a Evo Morales mientras la justicia boliviana lo reclamaba. Entre el resto de firmantes, la brasileña Dilma Rousseff o el ecuatoriano Rafael Correa.

Continúa así la deriva desde el chalet de Galapagar por figurar; por constar en las actas fundacionales de las bases de la nueva izquierda más extrema. Su esposa y ministra de Igualdad, Irene Montero, firmó hace unos meses su adhesión al Grupo de Puebla: un think tank progresista que nació en México y que pretende ser el laboratorio de ideas de este nuevo populismo de izquierdas. Cuenta entre sus filas con mandatarios y exdirigentes bolivarianos o afines a estos regímenes: Nicolás Maduro, Lula da Silva o el propio Evo Morales. Representando a la clase política española, Irene Montero y José Luis Rodríguez Zapatero.

José Luis Rodríguez Zapatero y Pablo Iglesias ya apoyaron la reelección de Evo en 2018 J. J. Guillen Efe

Porque el expresidente del gobierno también está especialmente activo en estas lides en los últimos tiempos. Porque se adhirió al Grupo de Puebla y ahora ha rubricado, junto a Iglesias, la ‘Declaración de la Paz’. Un documento que sus detractores tildan de ‘orwelliano’, por su ambigüedad: “Desde La Paz han hecho, paradójicamente, una declaración de guerra”; declara a EL ESPAÑOL el profesor Pedro Urruchurtu, de la Universidad Central de Caracas.

Le recuerda al libro 1984 de George Orwell y aquella ‘neolengua’ del Socing, en la que se aseveraba que "La guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es la fuerza". Es en esta ambigüedad se siente cómodo Pablo Iglesias que, en calidad de vicepresidente de España, escoltando a un Rey y entre manjares servidos en un palacio, se escapó para inventarse un documento elaborado que pretende representar a la clase obrera mundial.

“Comunistas de mierda”

No fue un trayecto fácil para la comitiva de Podemos. 14 horas de vuelo desde Madrid a La Paz en un avión con el Rey y lleno de militares y guardia civiles. Más difícil todavía si atendemos a una información publicada por el principal órgano de propaganda de Podemos: el digital La Última Hora, que asegura que los miembros del partido que se desplazaron a Bolivia fueron insultados en el vuelo por un ‘ultraderechista’ que les llamó “comunistas de mierda”. Se encontraba, cuentan, en el mismo lugar que el equipo de seguridad del rey.

Al aterrizar, primer esperpento: los integrantes de la expedición española asistieron a la peor interpretación del himno nacional que se haya hecho jamás en un acto oficial. Mientras los músicos del Regimiento de Infantería RI-1 Colorados de Bolivia desafinaban, el Rey aguantaba el tipo como podía. Lo que se aguantaba la ministra González Laya era la risa. Pablo Iglesias, por su parte, miraba para todos lados. Él, en realidad, no había ido a Bolivia a escuchar himnos. 

Llegaron a La Paz el día 5 de noviembre y el acto de investidura de Arce fue el día 7. Algo menos de 3 días en los que Iglesias tenía que atarlo todo para anunciar su ocurrencia. Todo ello durante el culmen del año más convulso de la política boliviana en la última década. Morales se marchó del país, exactamente un año antes, con una serie de causas judiciales abiertas. Entre ellas las de terrorismo o sedición. Un golpe de estado, decían desde la izquierda. Ahora, su delfín Luis Arce se ha impuesto en las urnas. Vuelve el MAS al poder y Evo al Estado Plurinacional de Bolivia.

No es baladí este concepto de Estado Plurinacional para el vicepresidente. De hecho, es el que le gustaría exportar a Iglesias a España. Bolivia pasó en 2009 de ser una República a ser un Estado Plurinacional. Un modelo de país que reconoce multiples 'nacionalidades' dentro de un mismo estado. Iglesias, tan dado a apoyar a movimientos separatistas y a ir de la mano de EH Bildu o ERC, se fija en esta plurinacionalidad y la quiere implantar en España.

El rey Felipe VI observa mientras Pablo Iglesias saluda al presidente de Colombia, Iván Duque, en Bolivia EFE

No atiende Iglesias, sin embargo, a las particularidades de la situación boliviana. Se da la paradójica circunstancia de que allí también existe un movimiento indepe: los separatistas de Sant Cruz. Lo que sucede es que esa es la zona más rica e industrializada del país (frente a la cordillera andina e indígena, que es la que hace ganar las elecciones a Evoy los suyos). En Santa Cruz se quieren separar, entre otras cosas, para quitarse de encima a la izquierda. En Santa Cruz siempre gana la derecha. El utópico estado plurinacional que deslumbra a Iglesias se puede volver contra los intereses de la izquierda en este caso. 

El banquete

Los primeros en mostrar sus respetos al nuevo gobierno boliviano fueron sus socios de Venezuela e Irán. Los embajadores de ambos países presentaron esa misma semana sus cartas al nuevo ejecutivo andino. El canciller persa, Mohamed Javad Zarif, que estaba esa semana en Caracas visitando a Maduro, declaró que “la hegemonía de occidente ha acabado”, y que “Estados Unidos está del lado equivocado de la historia. Si decide cambiar su política, podremos tener un mundo mejor”. Un caldo ideal para que Iglesias se viniese arriba.

“El menú contiene gastronomía popular y fusión gourmet como las papas rellenas, estofado de res, ají de queso, keperí, salsa cítrica, arroz con queso, cebollas asadas, plato paceño (…) choclo con queso asado, ensalada comprimida de lechugas, emulsión de haba y terrina de papa gratinada. Para los vegetarianos se servirá hongos callampa. De postre, para finalizar, los presentes se deleitarán con parfait de mango y cerveza, mango relleno de crema de naranja quemada o budín especiado de naranja con jengibre”.

Eldiario.net, uno de los medios más importantes de Bolivia, adelantaba así el menú  que se sirvió para los ilustres en la Casa Grande del Pueblo, el palacio de gobierno boliviano. Un festín por todo lo alto durante el cual Iglesias redactaba el documento que representase a la clase trabajadora. El ágape tuvo lugar el día 7, día de la investidura. Para entonces, la mayor parte de la comitiva española ya no disimulaba su incomodidad con el plan de Iglesias, que iba por libre. Habría mantenido durante su breve estancia en Bolivia reuniones y encuentros enfocados únicamente a la presentación del documento. Como decía Umbral, él había ido allí a hablar de su libro.

‘Declaración de La Paz’

La investidura tuvo lugar el día 7. La ‘Declaración de La Paz’ se firmó y se hizo pública al día siguiente, el día 8. Iglesias, Arce y Fernández, sus padres. El texto completo del documento es el siguiente:

"La crisis vinculada a la grave pandemia que golpea a la humanidad ha puesto en evidencia las principales debilidades de nuestras formas de organización social: la fragilidad de los sistemas de salud y de los servicios públicos; la erosión, resultado de años de neoliberalismo, de los mecanismos de protección social con los que cuentan los Estados; la insostenibilidad social, económica y ecológica de los modelos dominantes de extracción para exclusivo beneficio empresarial; y, con una intensidad especialmente preocupante, los peligros a los que se enfrentan los sistemas democráticos en todo el mundo.

Hoy la democracia está amenazada y basta con analizar los acontecimientos políticos de los últimos meses en Bolivia, país anfitrión de esta Declaración, para constatar que la principal amenaza a la democracia y la paz social en el siglo XXI es el golpismo de la ultraderecha.

Una ultraderecha que se expande a nivel global, que propaga la mentira y la difamación sistemática de los adversarios como instrumentos políticos, apelando a la persecución y la violencia política en distintos países. Promueve desestabilizaciones y formas antidemocráticas de acceso al poder.

Esta acción antidemocrática se potencia allí donde encuentra poderes comunicacionales a su servicio, que acumulando un inmenso poder de influencia, pretenden manipular y tutelar las democracias en defensa de sus intereses políticos y económicos.

Reunidos en La Paz con motivo de la toma de posesión de Luis Arce como presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, país que se ha convertido en referencia internacional de la respuesta ciudadana al golpismo, los firmantes de esta Declaración, gobernantes, expresidentes y líderes progresistas en nuestros respectivos países de Iberoamérica y Europa, afirmamos nuestro compromiso histórico de trabajar conjuntamente por la defensa de la democracia, la paz, los derechos humanos y la justicia social frente a la amenaza que representa el golpismo de la ultraderecha.

La Paz, Bolivia, 8 de noviembre de 2020.

Firmantes:

Evo Moral y Luis Arce (Bolivia)
Alberto Fernández (Argentina)
José Luis Rodríguez Zapatero y Pablo Iglesias (España)
Dilma Rouseff (Brasil)
Rafael Correa y Andrés Arauz (Ecuador)
Alexis Tsipras (Grecia)
Daniel Jadue (Chile)
Gustavo Petro (Colombia)
Verónica Mendoza (Perú)
Jean-Luc Melenchon (Francia)
Catarina Martins (Portugal)"

La Declaración de La Paz


La ultraderecha, siempre

El concepto de ultraderecha como piedra angular de todo. El nuevo hombre del saco. Un ejercicio de torsión semántica que Iglesias domina a la perfección y que bebe de las fuentes del teórico argentino Ernesto Laclau y su teoría del significante vacío. Iglesias sabe pivotar entre ambientes en función de lo que le interesa. Y, tal y como manda la posmodernidad, juega con el lenguaje que crea realidades. Apropiarse de la semántica es capital en su estrategia. Nosotros somos la democracia porque lo pone en este documento. Los de enfrente son la ultraderecha por el mismo motivo.

Para muestra, un botón: el propio Iglesias contó en 2013 en una conferencia en la Juventudes Comunistas de Aragón, un año antes de fundar Podemos, que “la palabra democracia mola, por lo tanto, habrá que disputársela al enemigo cuando hagamos política. La palabra dictadura no mola, aunque sea dictadura del proletariado. No mola nada, no hay manera de vender eso. Aunque podamos teorizar que la dictadura del proletariado es la máxima expresión de la democracia en la medida en que aspira a anular unas relaciones de clase injustas (…) no hay a quién le vendas que la palabra dictadura mola”.

En vender palabras se centran muchos de los esfuerzos del vicepresidente. No obstante, y a pesar de sus esfuerzos, de lo ilustre de los firmantes y de lo rimbombante de una ‘Declaración de La Paz’, Iglesias cuenta con numerosos detractores latinoamericanos, especialmente en Venezuela,

El profesor Pedro Urruchurtu va más allá de la declaración de intenciones y cree que esta maniobra del líder de Podemos “ no es casualidad. Él, junto a los sospechosos habituales del Grupo de Puebla lanzan esta declaración ahora. Lo que ocurre en EEUU les da u nuevo aire y continúan el zarpazo, teniendo a Argentina, México y Bolivia en el poder, Irónicamente, desde La Paz anuncian guerra y van contras sus próximas víctimas: Chile, Ecuador y Colombia”. Concluye Urruchurtu casi parafraseando al Socing de 1984: “En defensa de la democracia, van contra ella. Desde La Paz, anuncian la guerra. Hablan de libertad, cuando buscan someter a la gente”.

Iglesias, no obstante, ya tiene lo que quiere: su firma luce ya en la flamante ‘Declaración de La Paz’, cuyo texto ideó él mismo. Irene Montero ingresó en el Grupo de Puebla este mismo año para ayudar a refundar la izquierda mundial desde ese think tank populista. Pero Pablo no quería quedarse atrás. También quería figurar. ÉL, en mayúscula, tal y como aparecía en los carteles de Podemos.

Su comportamiento ha suscitado críticas incluso entre sus socios de gobierno. La ministra González Laya se desmarcó de la agenda de Iglesias durante el viaje y aseguró que cada uno era responsable de sus propios actos. Iglesias lo sabía mejor que nadie. Él no había ido a representar al gobierno de España, sino a poner su nombre en la historia de los populismos modernos. A figurar. A declarar una guerra en La Paz. A convencer al mundo de que "la guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es la fuerza".

Por lo demás, el documento no sirve para nada. No es un think tank como el de su mujer. No es un foro como el de Sao Paulo. Es un papel que dice que ellos son los buenos y los demás los malos. Tal vez era innecesario, tal vez se vino arriba. Pero son cosas que pasan en La Paz: que el ‘mal de altura’ no perdona. Y Pablo Iglesias nunca lo rehuye.