"No nos saltamos el perímetro de seguridad, no hay ningún perímetro. A las 18:50 horas les avisan y dos guardias civiles se ponen delante de la casa de Pablo Iglesias e Irene Montero. Por supuesto, nosotras no pasamos. Tampoco les pegamos en el pecho ni con el bolso. La Guardia Civil ha tenido que mentir para justificar lo que nos ha hecho. Encontraron la oportunidad de que estábamos solas y la aprovecharon. Somos cabezas de turco". 

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Quienes hablan son Ascensión y su hija, Anabel. Las dos galapagueñas que se sentarán en el banquillo el próximo 24 de noviembre por supuestamente no haber respetado el perímetro de seguridad que la Guardia Civil había disupuesto en torno a la vivienda de Galapagar donde residen el vicepresidente segundo del Gobierno y la ministra de la Igualdad. La Fiscalía de Madrid imputa a la madre un delito de desobediencia y a la hija un delito de atentado contra agentes de la autoridad y otro leve de maltrato de obra, por los que pide para la primera seis meses de prisión y para la segunda, un año y medio. 

Su versión, como se advierte en las primeras líneas de este artículo, dista bastante de lo que sostiene el Ministerio Fiscal. Las dos acusadas, en una entrevista con EL ESPAÑOL, niegan haber sobrepasado el perímetro así como haber agredido a los agentes. Ascensión y Anabel solo fueron a las inmediaciones de la casa de Iglesias y Montero, dicen, para ver a unas amigas de la madre. Al llegar a la zona, ambas vieron como los guardias civiles estaban rodeándolas y Ascensión salió a ver qué pasaba. Entonces, se topó con los agentes y fue cuando empezó toda la trifulca por la que en menos de 15 días tendrán que ir al juzgado a demostrar su inocencia. 

Eran las 17:30 horas del pasado 30 de octubre. Ascensión iba en el coche con sus dos hijas y tras dejar a la más pequeña en una zona residencial cercana, le dijo a Anabel si quería que se acercasen al barrio de Iglesias y Montero, donde había unas amigas suyas paseando al perro. Asi que fueron hacia allí. 

"Al principio no veía nadie, pero vi a una perrita de una amiga por fuera de la acerca y aparqué el coche. De pronto, advertí que los agentes las tenían rodeadas y a una de ellas le estaban agarrando y estirando del brazo. Salí corriendo del coche para ayudarla, pero nunca pude llegar a ellas".

"Entré en pánico"

En ese momento, cuenta Ascensión a este diario, un guardia civil le para dándole un empujón y le impide ir junto a sus amigas, situadas en la esquina de la casa del vicepresidente Iglesias. "No recuerdo si llegué a preguntarles a ellas qué pasaba, el agente seguía empujándome y yo casi me caía para atrás". Fue entonces cuando Anabel se bajó del coche y se acercó para ver qué ocurría. 

"Mi hija le dice que me deje de empujar y entonces, se va contra ella. Le da empujones, le da con el pecho, la tira una vez, se levanta y la sigue empujando hasta la vuelve a tirar y la pone bocabajo como si fuera a ponerle unas esposas. Cuando yo vi eso entré en pánico. Tenía miedo. No sabía si se había dado un golpe, la veía tirada y sin moverse. Empecé a llamar a la Policía y a pedirle ayuda porque estaba enfrente mirando. No tenía sentido nada de lo que estaba ocurriendo", prosigue la madre. 

Al presenciar tal situación, continua la investigada, Ascensión solo quería ir a por el coche, recoger a su hija e irse de allí, pero tampoco pudo. "Yo voy hacia el vehículo y un guardia civil se pone a mi lado. Cuando voy a entrar me dice que no me mueva, que no coja el coche. Entonces, el guardia civil que estaba con mi hija le dice que le va a dar otra oportunidad y nos deja marcharnos", relata esta madre. 

A partir de ese instante, sin embargo, los recuerdos de Ascensión son difusos. "Estaba muy nerviosa, me eché la mano al corazón y me caí. No recuerdo más, por lo que me han contado los agentes no se acercaron a socorrerme en ningún momento. Mi hija me aguantaba la cabeza y les pedía que llamasen a una ambulancia, pero nada. Mis dos amigas llegaron a la zona, pero tampoco le dejaron acercarse. Un vecino sacó un edredón y me lo echo por encima; estuve media hora así hasta que llegó Protección Civil", cuenta, entre lágrimas, Ascensión. 

Caceroladas

Ascensión, tras sufrir un desmayo en las inmediaciones de la casa de Iglesias y Montero.

P.— Después de todo, ¿cómo se han tomado la petición de prisión que pide para ambas la Fiscalía?

R.— Bueno, ya me lo imaginaba, no me ha pillado por sorpresa. Recuerdo que yo le dije al guardia civil que le íbamos a denunciar y él entonces me dijo: no te preocupes, yo tengo las espaldas bien cubiertas. En el escrito de acusación dicen que les pegamos con el bolso, pero cómo les vamos a pegar si fueron ellos los que nos empujaron y nos tiraron todo al suelo... También dicen que iba sin mascarilla, pero solo fue cuando salí del coche rápido para ver que les estaba pasando a mis amigas.  

P.— ¿Suelen ir a la zona donde viven Pablo Iglesias e Irene Montero?

R.— Yo sí había ido más veces, mi hija era la tercera vez. Empezamos con las caceroladas, pero en junio ya nos lo prohibieron. Ahora solo nos juntamos cinco o seis allí, sin hacer ruido ni nada. Los guardias civiles, en cambio, han dado a entender que seguimos con las caceroladas... Es una protesta, nada más. 

Fiscalía

Para la Fiscalía, por otro lado, lo que ocurrió aquel día es prácticamente todo lo contrario. Según desgrana en su escrito de acusación, cuando los agentes "uniformados y debidamente identificados" se disponían a establecer el perímetro de seguridad, Ascensión y Anabel "mantuvieron una actitud de absoluto desprecio a la labor de los agentes, impidiéndoles el cumplimiento de la función encomendada y desobedeciendo de forma reiterada las indicaciones claras que los mismo les daban". Esto último era que retrocedieran en la vía pública y despejaran el perímetro de seguridad. 

Pese a las advertencias, dice el fiscal, esta madre y su hija, "lejos de deponer su actitud", persistieron en su comportamiento "haciendo caso omiso a los reiterados requerimientos que los agentes les realizaban". De hecho, se aproximaron a los agentes gritándoles a escasos centímetros de sus rostros, "prescindiendo de mascarillas" e incluso propinándoles golpes con las manos en el pecho. 

Ante tal escenario, "los agentes comenzaron a avanzar con los brazos extendidos, empleando la mínima fuerza indispensable para desplazarlas y conseguir finalmente que despejaran la zona". 

Sin embargo, en un momento dado, siempre según la versión del Ministerio Fiscal, Anabel trató de acceder de nuevo a la zona de seguridad con el objetivo de acercarse a la vivienda. Allí fue interceptada por un agente que le cortó el paso, tras lo que cayo al suelo y al mismo tiempo decía "hijo de puta". "Intentó agredir con el bolso al agente en el rostro, golpe que esquivó, tras lo cual, la acusada le lanzó patadas que impactaron en las botas y tibias del citado agente, sin causar lesión alguna".