Campos del Río

José Antonio detiene su coche frente a la puerta de acceso a la Residencia Club de Campos. Baja del turismo equipado con una mascarilla y unos guantes de plástico para pulsar el telefonillo: este hombre no quiere correr riesgos porque se ha desatado un brote de coronavirus en las instalaciones para mayores que afecta ya a 56 ancianos -del total de 89 usuarios- y a 18 trabajadores -de los 62 que hay en plantilla-. “Mi madre dio negativo en la PCR y decidimos que había que sacarla como sea: lo normal es que sigan aumentando los casos”, alerta José Antonio.

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La preocupación se respira en el ambiente porque este centro se ubica en Campos del Río donde hasta el pasado miércoles solo había 10 positivos, de manera que la crisis sanitaria que sacude al geriátrico se ha convertido en la principal amenaza de COVID del pueblo y el Ayuntamiento ha pedido a sus vecinos que se autoconfinen.

Las alarmas saltaron este sábado entre los familiares de los usuarios del geriátrico porque la Consejería de Salud informó de 74 positivos en las instalaciones. Tal dato se hizo público solo un día después de que la Residencia Club de Campos comunicase -por WhatsApp- a los allegados de los ancianos que había un solo caso de COVID en la plantilla, a la espera de las PCR practicadas al resto de empleados y personas mayores.

El concejal de Seguridad Ciudadana de Campos del Río, Francisco Pérez, cerrando la carretera de acceso de la Residencia Club de Campos JGB

“¡De golpe nos enteramos que había 74 contagiados!”, clama José Antonio mientras aguarda a que una auxiliar de enfermería pertrechada con un EPI salga a la puerta del centro a darle la medicación de su madre. “Nos la hemos llevado a su casa y los hermanos nos encargaremos de cuidarla hasta que contratemos a una asistente porque mi madre tiene 85 años, alzéhimer y problemas de movilidad”, detalla este hombre a EL ESPAÑOL.

“Estábamos muy contentos con la residencia y lo siento mucho por el personal porque lo está pasando mal, pero después de varias llamadas a Salud hemos conseguido sacar a mi madre con la condición de tenerla en cuarentena”. A José Antonio no le importan los 1.600 euros que paga al mes por su plaza porque su priorida es evitar que la mujer que lo trajo al mundo caíga en las garras del ‘bicho’.

Desinfección y enfado

Este domingo era continuo el goteo de familiares que se acercaban a la puerta de la residencia para mayores que originalmente fue proyectada para acoger un resort de 25.000 metros cuadrados en la localidad murciana de Campos del Río. El trasiego de visitantes se mezclaba con el de los operarios del zafarrancho de limpieza. “Estamos desinfectando mobiliario, suelos, paredes...”, enumeraba a este diario un trabajador tras salir del recinto al término de su turno.

Las tareas de desinfección no mitigaban el enfado de los familiares muy molestos con la dirección de la Residencia Club de Campos por la falta de información. “El viernes nos informan de que hay un solo positivo en la plantilla y el sábado nos enteramos de que hay 74 casos en el centro”, criticaba de forma anónima una mujer que se había desplazado desde la pedanía murciana de El Palmar para que le diesen información sobre su madre a través de la verja. “No me parece justo que no llamen a las familias y nos enteremos del brote por las noticias”. Por suerte la madre de esta mujer ha dado negativo en la prueba de COVID. “¡Gracias a Dios!”, exclamaba aliviada al tiempo que la trabajadora del centro le advertía al otro lado de la valla que no tenía más información: “Os llamará el médico”.

José Antonio, este domingo, en la puerta de la Residencia Club de Campos a la espera de que le entreguen los medicamentos de su madre JGB

Los familiares de los ancianos que han dado positivo por coronavirus viven pegados al teléfono y con un nudo en la garganta. “Estoy asustado porque mi madre ha dado positivo y es paciente de multiriesgo porque padece varias patologías crónicas”, comenta el hijo de una usuaria. “La residencia no informa de nada por teléfono: es acojonante”. Este hombre en el canal de difusión de WhatsApp que gestiona la dirección del centro ya ha solicitado formalmente que a diario se comunique la evolución de todos los contagiados a sus familiares. “Mi madre tiene sus facultades mentales intactas y le regalé un teléfono, todo lo que sé sobre su estado de salud es gracias a eso: hoy me ha dicho que está cansada y tiene dolores musculares”, detalla agobiado este hombre sin querer dar su nombre. “No quiero dar mis datos porque al final el cuidado de mi madre depende de ellos”.

Riesgo por la edad de la población

El trasiego de allegados de los usuarios al geriátrico se pone fin pasados diez minutos de las doce del mediodía de este domingo, cuando el concejal de Seguridad Ciudadana, Francisco Pérez, provisto de un EPI, llega con una furgoneta donde transporta vallas para cerrar los dos accesos por carretera a la residencia. “Los familiares tienen prohibido venir a la puerta de las instalaciones y por eso vamos a establecer un perímetro de seguridad”, subraya el edil Pérez acompañado de un operario municipal que le ayuda a precintar el entorno, así como colocar señales y vallas metálicas en ambos extremos de la calle Río de la Miel. No se puede entrar ni andando ni en coche. “El servicio de limpieza traerá cubas con agua y lejía para desinfectar aceras, asfalto...”.

Este diario antes de marcharse -obligado por el perímetro de seguridad- llama al telefonillo de la puerta de la residencia para preguntar cómo están gestionando el brote y por las críticas de los familiares de usuarios contra la empresa por la falta de información sobre la cifra de contagios. “No podemos atender a nadie ahora mismo porque estamos trabajando en los usuarios que son lo primero: pongase en nuestra piel”, subraya una empleada vía interfono. El periodista se marcha tras conocer que tampoco es posible contactar con la directora del centro porque también está contagiada de COVID. Los nervios por la situación se palpan porque en una de las zonas comunes del geriátrico hay un corrillo de trabajadores del que resuena un grito: “¡A esto no hay derecho!”.

Personal de limpieza equipado con EPIs se dispone, este domingo, a desinfectar las instalaciones. JGB

El Ayuntamiento de Campos del Río trabaja a destajo emprendiendo acciones preventivas porque el geriátrico se levanta en una localidad de 2.045 vecinos, de los que aproximadamente 600 son personas mayores de 60 años. “El 29% de la población de Campos del Río es gente mayor y nos preocupa que el brote de la residencia pueda entrar en el pueblo”, admite el edil Francisco Pérez. De hecho, las instalaciones de la tercera edad que están sufriendo el brote de coronavirus están situadas justo frente al campo santo y la alcaldesa, María José Pérez, avanza otra medida extraordinaria: el cementario del pueblo cerarrá durante el puente por el Día de Todos los Santos.

“Hay que evitar masificaciones de gente cerca de la residencia y el cementerio no estará abierto al público los días 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre”, precisa la regidora socialista. “Esta semana, los días laborables, se podrá entrar a visitar a los difuntos: a diario habrá desinfecciones internas y de todo el perímetro a las nueve de la mañana, a la una de la tarde y a las seis”.

La puerta lateral del campo santo que da al geriátrico permanecerá cerrada y los vecinos solo podrán accerder por la principal para dejar flores en las lápidas de sus familiares. “Vamos a emprender otras acciones como intensificar la limpieza viaria no solo en la residencia, también en otras zonas sensibles como el colegio de Campos del Río, el centro de salud y para el martes hemos solicitado un punto COVID para hacer más pruebas a la población”, enumera María José Pérez.

¿La ‘paciente cero’ es concejal?

La regidora admite que no ha pegado ojo en todo el fin de semana por el temor de que el geriátrico se convierta en la puerta de entrada del ‘bicho’ a su pueblo: “Estoy desvelada, esto es muy duro”. Tanto que la primera edil ha hecho un llamamiento público a los 2.045 vecinos de Campos del Río: “Hemos pedido el autoconfinamiento voluntario porque tenemos un elevado porcentaje de población que son personas mayores”. El Consistorio ha cerrado los parques infantiles y está empleando todos los recursos que están en su mano para contener los contagios. Prueba de ello es que el personal de los Servicios Sociales está desempeñando labores de rastreo de los contactos estrechos de los positivos.

Entrada a la localidad murciana de Campos del Río. JGB

El Servicio Murciano de Salud (SMS) está liderando ese rastreo que pretende acotar el brote. Las pesquisas también deben esclarecer el origen de los contagios en la Residencia Club de Campos que ya afecta al 49% de las personas que hay en el complejo, entre usuarios y trabajadores, además de tener en jaque a este pueblo murciano que solo contaba con 10 casos de COVID frente a los 74 detectados en el geriátrico.

Una de las candidatas a ‘paciente cero’ es una concejal de la Corporación municipal del Ayuntamiento que trabaja en las instalaciones como auxiliar de enfermería y que el pasado jueves dio positivo en una prueba después de sufrir días antes síntomas propios del coronavirus: tos, pérdida del sentido del olfato y fiebre. Justo un día después del positivo de la edil, la dirección del centro informó a los familiares de los usuarios de que había un caso en la plantilla.

Preocupación

El brote de este geriátrico -que tiene concertadas plazas con el Instituto Murciano de Acción Social- también mantiene en vilo a toda la Comarca del Río Mula porque en las instalaciones hay trabajadores que residen en Campos del Río y en otras localidades. De momento, este diario ha podido saber que de los 18 empleados contagiados dos residen en el término municipal campero, otros dos en Mula, otro en Albudeite...

Desde la Consejería de Salud insisten en mandar un mensaje tranquilizador: “El SMS está actuando ‘in situ’ en estos momentos, tomando medidas de aislamiento y seguimiento de los casos, además de haber realizado pruebas PCR a todos los contactos”. Sin embargo, entre los lugareños cunde la preocupación, tal y como comprueba este diario en la calle San Fernando ubicada a solo cuatrocientos metros de la residencia de ancianos foco del brote.

“La situación que hay nos causa mucho respeto”, confiesa Jerónimo en el garaje de su casa, de planta baja, en el que está revisando su ciclomotor. “La verdad es que cuando este fin de semana nos enteramos en el barrio de la cifra de contagios del geriátrico, nos impresionó mucho, entre otros motivos porque en la primera ola creo que no hubo casos”, reflexiona este sexagenario.

María, propietaria de la Confitería Yamara, apenas pone mesas en la terraza para evitar aglomeraciones de clientes JGB

“¡Hay más contagios en la residencia que en todo el pueblo!”, exclama otro vecino de Campos del Río. “Mi mujer es auxiliar en el geriátrico y aunque ha dado negativo en la PCR, hemos decidido no llevar a nuestros hijos al colegio por precaución para así no poner en riesgo a los demás niños”. Su esposa está cubriendo jornadas de hasta trece horas por las bajas que ‘el bicho’ ha causado en las instalaciones donde a diario 89 residentes reciben cuidados de un equipo interdisciplinar: enfermeras, auxiliares, psicólogos, fisioterapeutas, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales... “En casa estamos llevando mal la situación: estoy bastante preocupado por el riesgo que corre mi esposa”.

Panorama desolador en la hostelería

Este domingo el panorama en el sector hostelero era desolador tras hacerse público el enorme brote de coronavirus que asola la Residencia Club de Campos, cuyo eslogan, ‘mucho porvenir’, casi que suena a cruel ironía para los hosteleros locales. “Hoy debería tener lleno a reventar mi restaurante, pero la facturación me ha caído un noventa por ciento”, estima José Sala, cocinera y gerente de El Paseo. No exagera puesto que en el salón solo tiene ocupadas dos de sus siete mesas y en la terraza con la maravillosa temperatura que reina merced a un día soleado, los clientes brillan por su ausencia: dos mesas ocupadas de siete. “La gente tiene miedo a venir a Campos del Río”.

La mayor parte de la clientela del Restaurante El Paseo viene de fuera: Mula, Murcia, Ceutí, Molina de Segura... “Hay bulos por las redes sociales diciendo que estamos confinados”, se lamenta José mientras se afana en los fogones preparando alguna de las delicatessen que tiene en la carta, como el rabo de toro, el pulpo y los canelones de confit de pato con crema de trufa. “Nadie se esperaba que esto pasara en la residencia porque hasta ahora lo han hecho muy bien”.

Un parque infantil cerrado en Campos del Río para evitar nuevos contagios. JGB

En la Confitería Yamara el panorama también es desalentador. “Los pedidos me han caído un cincuenta por ciento desde que se conocieron los casos de la residencia”, calcula a pie de mostrador la dueña de este negocio, María Fe Sarabia. “Estoy preocupada por la evolución del brote porque abrí mi negocio hace tres meses”.

María invirtió 7.000 euros para inaugurar su confitería y ahora se ha visto obligada a tomar medidas preventivas como reducir la terraza de Yamara. “Podría tener mesas a lo largo de toda la fachada del bloque, pero solo tengo puestas tres porque siento pánico de que se siente mucha gente y prefiero que vengan a recoger sus pedidos”, admite esta pequeña empresaria, de 28 años. María ha tomado otras decisiones drásticas, como enviar a su hija, de 5 años, con sus abuelos a la pedanía murciana de Cabezo de Torres. “Mi niña es asmática y su vida vale más que nada: la he sacado de Campos del Río”.