A nadie le extraña el erotismo que desprende el ocupar un cargo de relevancia. En mayor o menor escala. Siempre es un punto más en el juego de la seducción. Lo decía Oscar Wilde: “Todo en la vida es sexo, menos el sexo: el sexo es poder”, y lo reproducía Frank Underwood -Kevin Spacey-, el protagonista de House of Cards.

Si a la virulencia de la atracción se le suma la de las pasiones, de las luchas y militancias, se forma un cóctel imposible. Que, tarde o temprano, acaba por estallar. Y eso es precisamente lo que parece que le ha pasado a Podemos. Un ambiente cerrado en el que únicamente se relacionan unos cargos con otros y en el que, a la vista de los resultados, es el mejor ascensor para ocupar más responsabilidad en la formación. Y, consecuentemente, cobrar del erario público.

Pablo (1), Irene (2), Tania (3), Rafa Mayoral (4), Juanma del Olmo (5)… los nombres brotan rápido.

Así, EL ESPAÑOL cartografía el universo de poderes y quereres del partido morado, segundo miembro del matrimonio del Gobierno de coalición que rige nuestro país. Una trama en la que se mezclan pasiones, luchas, ascensos y decapitaciones en una organización que, a ratos, parecía un grupo de amigos y no uno de los actores políticos más relevantes del país.

Una corte más que un partido

Aunque pensaba Ortega que el mando debe ser un anexo de la ejemplaridad, la realidad, desde la óptica morada, se ha demostrado contraria. Tensiones, rupturas, portazos e investigaciones judiciales han hecho que el partido se encuentre en sus horas más bajas, con su menor intención de voto desde que en 2015 llegaron al Congreso, según datos de SocioMétrica.

Porque Podemos, el partido que quiso romper y revolucionarlo todo, ha acabado incurriendo en lo mismo de siempre: la endogamia. “En el momento que se liaban con alguien, ascendían. Y cuando rompían, caían en desgracia”, relata a este diario una testigo de excepción de la época, que prefiere no ser identificada.

El desencanto para con el proyecto es generalizado, y chirría dentro y fuera del partido. “Creo que el ambiente tiene mucho que ver con que Pablo ha generado más una corte que un partido. Un clan, un búnker... eso hace que hacia abajo todo el que se mueve sea un traidor”, opinan exmiembros de la formación en conversación con este periódico.

Lo último que ha hecho reventar las pocas costuras que mantenían unido al grupo confederal -la suma de Podemos con todos sus socios [IU, los comunes de Ada Colau]- ha sido la presunta trama corrupta que los juzgados investigan en el lecho de Podemos. Y, con el foco apuntando, el encontrar, de nuevo, lo mismo: los nombres de siempre, las relaciones de siempre. Saber que el actual secretario de Comunicación del partido y el director de Estrategia y Comunicación de la Vicepresidencia segunda de Derechos Sociales y Agenda 2030, Juanma del Olmo, antes fue pareja de la ministra de Igualdad, Irene Montero.

Juanma del Olmo, a la derecha, junto a Irene Montero. Podemos

Recapitulemos.

En el origen de Podemos se encuentra la raíz de todo. Como rey-Sol, emerge la figura del secretario general, Pablo Iglesias, líder indiscutible del proyecto y alma máter -y amante de las series políticas como con la que arrancaba este reportaje-. Tanto que, recuerden, el primer logo de una papeleta electoral de la formación era la silueta de Iglesias. Corría el año 2014.

Era un partido joven, jovencísimo, burbujeante. Los ánimos andaban por las nubes, el 15-M aún estaba presente en la memoria colectiva y muchos activistas y estudiantes decidieron tomar parte. Ahí estaban el propio Pablo Iglesias, Íñigo Errejón (6) e Irene Montero. Pero también Rafael Mayoral, Juanma del Olmo o las hermanas Serra, Isa (7) y Clara (8).

Al final, todos estuvieron relacionados con todos y no sólo en lo orgánico y profesional. A poco que se pregunte, enseguida saltan los líos. Todos coinciden: están ahí. Y siguen dándose. Aunque los motivos parecen ser diferentes para unos y otros.

"Pura biología"

“Lo de la endogamia no creo que fuera una cosa del sectarismo sino de pura biología. Podemos nace sobre todo con gente de treinta y cinco años para abajo; la militancia política supone pasar muchas horas juntos.... y una cosa lleva a la otra, yo qué sé”, se sincera un antiguo miembro del partido, ahora cargo de otra formación. “También por eso es el espacio en el que más hijos está habiendo... pero no creo que sea fruto de la cultura política sectaria”.

Para muestra, un botón: antes de la archiconocida relación entre Pablo Iglesias e Irene Montero -un escándalo de la época, al tratarse de su subordinada y, posteriormente, la número 2 del partido; ahora, una pareja asentada con 3 críos-, estuvo con la política de Izquierda Unida Tania Sánchez. Fue otro gran titular, sobre el ascenso y caída de una política.

En mitad, y entre relación y relación, afloraban otros nombres de compañeras de filas, conocidos por todos que rondaran el ambiente profesional del partido. Marisa Matías (9), por ejemplo, conocida en nuestro país como la Portuguesa, una compañera del Parlamento Europeo del Bloco de Esquerda cuando Iglesias comenzó su andadura política. Del mismo modo, diversas fuentes traen el nombre de Jessica Albiach (10): miembro de En Comú Podem en el Parlament de Cataluña que se hizo cargo del grupo parlamentario cuando Xavier Domènech dio un paso atrás.

También sonaron, claro, los nombres de Dina Bousselham (11), que pasó de asistente de Pablo Iglesias en Europa a dirigir, ahora, la web La última hora!, copada por afines al partido. De igual forma lo hizo el de Lilith Verstrynge: siguió el mismo camino y cambió el Parlamento comunitario por ser asesora del Gobierno una vez Iglesias fue nombrado vicepresidente. Ambas dos, claro, con sus correspondientes cambios de sueldo. Para arriba.

El patrón se repite, una y otra vez. Irene Montero, antes de estar con Iglesias, también compartió lucha y lecho “con Juanma del Olmo y con Rafa Mayoral”, relatan las fuentes. Los tres vienen del mismo ambiente: las juventudes comunistas del PCE y el movimiento de la PAH. Eran amigos, compañeros y algo más. También pasó con Sergio Pascual (12), que mostró su interés en Montero, pero no fructificó. De hecho, el exdiputado por Sevilla y ex número 3 fue despedido y fue ella la que salió a dar la cara por Iglesias, alegando que la gestión de Pascual había sido “deficiente”.

Sergio Pascual, Carolina Bescansa, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón e Irene Montero en una imagen de archivo durante la campaña electoral del 20 de diciembre de 2015.

Del Olmo, por su parte, actualmente tiene un hijo con Isa Serra, la candidata de Podemos en la Asamblea de Madrid. “Mira la endogamia que, por ejemplo, no se entendería la candidatura de Isa sin su relación con Juanma”, explicaba una fuente a este diario.

Aunque testigos de la época explican que, si bien estaban todos bajo el paraguas de la misma formación, pertenecían a corrientes diferenciadas. “Juanma del Olmo e Isa Serra se lían precisamente siendo de bandos internos distintos (ella anticapi, él pablista). Pero hicieron juntos la campaña de Ramón Espinar contra Rita Maestre (13) y supongo que ahí surgió el tema”, afirma un exmiembro del partido.

Rafa Mayoral, actual diputado por Madrid y secretario de Podemos de Sociedad Civil y Movimiento Popular, antigua pareja de Irene Montero, como hemos dicho, ahora comparte su tiempo con otro cargo interno del partido: Gara Santana (14), exmiembro del gabinete de prensa del partido en el Congreso de los Diputados y ahora parte del equipo de la ministra de Igualdad. Otro ascenso.

Precisamente, entre estas tres parejas reside el núcleo de poder más potente del partido, según apuntan diferentes fuentes. Los seis -Pablo e Irene, Juanma e Isa, Rafa y Gara- son el grupo de amigos que se reúne, habitualmente, para pasar su tiempo libre juntos. La sede, claro, el chalé de Galapagar. Así lo confirmó Montero hace unos días en una revista del corazón: “No solemos salir porque nos gusta más estar en nuestra casa, con nuestros amigos”.

No es algo extraño en los partidos políticos. Tampoco es raro en la izquierda española: si antes existía el clan de la tortilla del PSOE, que se hizo con todo el poder orgánico en Andalucía, para después saltar al ruedo nacional [lo componían, entre otros, Felipe González, Alfonso Guerra y Manuel Chaves], ahora existe el clan de Galapagar.

Más ellos que ellas

“La verdad es que estas prácticas, lo de los líos, se oye más de ellos que de ellas”, opina una voz del entorno. Quizás por cómo está percibido el poder en manos femeninas, lo que se sabe de ellas es con mucha más discreción, con un perfil más bajo. El ejemplo más llamativo, salvando el de Montero, quizás sea el de Rita Maestre, que antes de casarse con el poeta Manuel Guedán (15), también próximo a Podemos como exmiembro del Consejo Ciudadano, mantuvo una relación con Errejón.

Errejón, Maestre y Sánchez con unos amigos en el cine.

Cuando rompieron, el ahora líder de Más País “se juntó con Clara Serra”, la que fuera cabeza de Más Madrid hasta que abandonó el escaño regional el pasado año. Ella mantuvo después una relación con el asesor Daniel Iraberri (16). En la actualidad, sale con el sociólogo Miquel Missé.

Otro modelo de pareja que se da en las filas de Podemos es el de que uno de ellos accede a un cargo público y el otro ficha como personal de confianza. Así, surgen los nombres de Ione Belarra (17), actual secretaria de Estado de Agenda 2030, que contrató a su novio, Ignacio Eduardo Ramos, como asesor en el Congreso; o el de Ada Colau (18), alcaldesa de Barcelona y líder de los comunes catalanes, que incorporó a su marido, Adrià Alemany, como responsable de relaciones institucionales en la confluencia.

También se da el caso de que una pareja ya consolidada dé el paso y se incorpore al proyecto político de Podemos. Le sucedió a los archiconocidos José María González, Kichi, alcalde de Cádiz, y Teresa Rodríguez, líder andaluza de Podemos antes de dejarlo y formar su propio partido, Adelante Andalucía. También a la ahora vicepresidenta del Congreso Gloria Elizo y a Pablo Fernández Alarcón, exresponsable de finanzas y RRHH de Podemos, que se encuentran en sus horas más bajas: están purgados y son más cercanos a José Manuel Calvente, el abogado que denuncia las presuntas ilegalidades cometidas en el partido.



Porque en Podemos, como se ve, todo queda en familia... y en el partido. Todos viviendo de él.

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