Pedro Sánchez fue despedido de Matalascañas con abucheos -("¡fuera, fuera!", le gritaron)- el pasado martes, a la salida de la misa en memoria del almonteño José María Pérez de Ayala. El histórico trabajador y conservador del Parque Natural de Doñana y profundo conocedor de la finca de Marismillas —en la que se aloja Sánchez junto a su familia estas vacaciones— falleció el pasado domingo 9 de agosto y el presidente quiso acudir a la ceremonia para darle el último adiós. Al igual que Sánchez, han sido muchos los políticos que han disfrutado de la compañía de Ayala, entre los que destaca Felipe González, con quien mantuvo una estrecha relación durante años.

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Pérez de Ayala, también conocido como el Cicerone de Doñanaera todo un experto en el área que abarca el emblemático edificio del Palacio de las Marismillas, el cual actúa como residencia de descanso de los presidentes del Gobierno y sus invitados durante sus visitas. El palacio, cuyo origen se remonta a la década de 1910, fue declarado de uso protocolario en 1992, permitiendo así su utilización como residencia temporal a dirigentes extranjeros. Y desde entonces, han sido decenas de políticos los que han pasado por sus puertas, contando con figuras internacionales, dictadores y nueve presidentes del Gobierno español.

En 1979, comenzó a trabajar en el Parque Natural con el objetivo principal de darlo a conocer tanto en España, como de forma internacional, a través de sus personajes más influyentes. Y desde sus comienzos, fue el encargado de recibir a todos estas figuras históricas y mostrarles las maravillas del lugar. Gorvachov —jefe de Estado de la Unión Soviética—, Helmut Kohl —excanciller alemán—, Tony Blair —ex primer ministro de Reino Unido— y varios presidentes del Gobierno, entre los que destaca Felipe González como visitante habitual, fueron algunos de los afortunados que pudieron disfrutar de la compañía y el conocimiento de este cicerone.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con la canciller Angela Merkel en el parque de Doñana. Efe

Fue precisamente Felipe González el primero de los políticos que en democracia comenzó a utilizar Doñana como residencia presidencial de vacaciones, a mediados de los años 80. Y aunque no residía entonces en el Palacio de Marismillas, fue José María el encargado de guiarle y mostrarle el espacio durante mucho tiempo —incluso tras el final de su mandato, el político siguió visitando la zona—.

En entrevistas anteriores, Pérez de Ayala llegó a referirse a González como su huésped favorito entre los políticos, con diferencia. Ya que, según pudo explicar, pasó mucho tiempo junto al expresidente socialista, conduciendo y trabajando en el campo, en todo lo que hiciera falta. Ambos realizaban tareas de toda índole, sin importar la dificultad. Lo que servía al político como una forma de evadirse, y que les llevó a forjar una relación muy cercana y que se prolongó con los años.

Fotógrafo de Doñana

A pesar de que no quería que le consideraran como tal, Pérez de Ayala será recordado siempre como uno de los mejores fotógrafos del Parque de Doñana. Según decía, él se aprovechaba de la fotografía y la usaba como un aliciente para levantarse "antes del amanecer". Pero la realidad era, que fue el único capaz de captar la esencia del espacio.

Sus años de experiencia y su pasión por el terreno en el que trabajaba, le convirtieron en el mejor retratista de la fauna y la flora de Doñana. Y fueron muchas las personas que le reconocieron como tal a lo largo del tiempo.

En 2006 publicó el libro Viajeros de Doñana en el que se recogen las firmas y testimonios de los más ilustres visitantes del parque. Y, junto a ellas, hasta 150 fotografías tomadas y seleccionadas por el propio Ayala.

Fotografía de dos jabalís tomada por José María Pérez de Ayala en Doñana

Polémica con Pedro Sánchez 

El actual presidente de Gobierno también ha sido uno de los afortunados huéspedes de la finca de Doñana y no solo por la posibilidad de disfrutar de tan emblemático espacio, sino por haber podido compartir sabiduría y relación con el fallecido Pérez de Ayala.

Precisamente, cinco días atrás el presidente cambió su viaje desplazándose desde Lanzarote hasta Doñana, con el fin de que funcionase como un "foco de atención" para el turismo en Andalucía. Y, aprovechando su estancia, se dirigió el martes a la capilla para despedirse del fallecido, con el que habría forjado una buena relación a través de sus visitas en los últimos años.

Sin embargo, la visita no resultó como esperaba y su adiós quedó manchado por la experiencia de los abucheos y gritos de "fuera" por parte de algunas personas que le esperaban en la calle.

A raíz de ello se ha levantado un gran revuelo acerca del acoso recibido por los políticos últimamente —con la reciente noticia de la vuelta forzosa de vacaciones de Pablo Iglesias e Irene Montero— y el Ayuntamiento de Almonte ha optado por publicar un comunicado en redes sociales para terciar en la polémica. En este, apelan al respeto y a la hospitalidad del municipio y recrimina los gritos contra el actual presidente del Gobierno.

Más allá de este incómodo momento, los almonteños han podido despedirse de su querido vecino a lo largo de esta semana y Doñana llora la pérdida del que se encargó de mostrar el alma del Parque durante tantos años.