En el siniestro festival europeo de muertos por Covid-19 vivido durante estos meses pasados, España ha resultado ser, definitivamente, la triste ganadora. Según el primer estudio internacional comparado realizado en Europa sobre las víctimas del coronavirus, en la oleada comprendida entre finales de febrero de 2020 hasta el pasado 24 de mayo, nuestro país ha sido el que más muertos ha tenido por millón de habitantes, con 1.100 fallecidos, seguido de Inglaterra y Gales, con 949.

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El exceso de muertes reales en España por coronavirus habría sido de 51.626, una cifra muy superior a los 28.432 fallecimientos oficiales que mantiene el Ministerio de Sanidad hasta este viernes. Pero más alarmante aún resulta si el análisis de víctimas se realiza por tramos de edad. Según el informe de Inverence, la empresa internacional de Big data que lo ha llevado a cabo, el Covid-19 barrió a toda una generación de españoles mayores de 75 años.

Según el estudio de la mencionada empresa, de los 51.626 españoles muertos por coronavirus, 41.301 tenían más de 75 años, aproximadamente, el 80%. Es un porcentaje brutal, especialmente doloroso y desalentador en un país como el nuestro. Este grupo de españoles fue el que con un enorme esfuerzo y sacrificio sacó a España de la pobreza tras la Guerra Civil (1936-1939) y protagonizó la transición de la dictadura a la democracia.

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Esto querría decir que por cada millón de habitantes de España con más de 75 años murieron por coronavirus 9.155 personas. De los casi 47 millones de habitantes, cuatro millones y medio son mayores de la referida edad.

Las cifras, siempre frías, se transforman en elocuentes si son comparadas con otros países. Por ejemplo, Italia, muy parecido a España en historia y costumbres. En este tramo de edad, de mayores de 75 años, los muertos italianos por Covid representan 5.904 personas por millón de habitantes. Y eso que en este país el coronavirus también fue implacable.

Pero si nos fijamos en una nación como Alemania y confrontamos sus muertos con más de 75 años con los nuestros, entonces se encienden todas las alarmas. En el país dirigido con mano firme y guante de seda por Merkel, murieron 635 personas de más de 75 años por millón de habitantes, una proporción minúscula en comparación con los 9.155 españoles que perecieron por Covid.

Tan terrible realidad expuesta en el estudio de Inverence se conoce en vísperas del Día Internacional del Abuelo, que se celebra este domingo en España, coincidiendo con la festividad de san Joaquín y santa Ana.

La pregunta que se suscita es qué pasó en España con nuestros mayores en los meses críticos del Covid. La respuesta está en las hemerotecas y en las vivencias de muchos de ellos. Sobre España se desató la tormenta perfecta. Y en nuestro país, en vez de proteger a los más débiles, se les abandonó a su suerte.

Residencias en España

Es lo que sucedió en buena parte de las 5.400 residencias de España, con más de 330.000 acogidos. No estaban preparadas para enfrentarse a una crisis sanitaria como la del Covid y, además, con los hospitales colapsados, los residentes enfermos dejaron de ser trasladados a estos centros al pronosticarse que tenían menos posibilidades de vivir. Una sentencia de muerte con miles de damnificados.

Así se entiende que en España murieran, como decimos, más de 41.000 personas de más de 75 años por Covid, de un total de 51.626 fallecidos. Mientras, en Alemania, en esa franja de edad, sólo perecieron por el virus 6.000 personas. Recuérdese que Alemania tiene 83 millones, de los que cerca de 9,5 millones tienen más de 75 años.

El estudio internacional de Inverence analiza los datos de 18 países europeos, desde el más poblado, Alemania, a uno de los más pequeños, Lituania, con poco más de 2,7 millones de habitantes. En esta república del Báltico se aproximan los muertos de más de 75 años y los de menos edad, lo cual se debe a la pirámide de edad pero, sobre todo, a la mayor protección que se dispuso en favor de los mayores.

El informe comparativo entre estos 18 países europeos vuelve a señalar la pésima gestión que el Gobierno de Pedro Sánchez realizó durante la crisis del coronavirus. El empecinamiento en mantener un número de muertos oficiales, 28.432, muy por debajo de indicadores incontestables como el exceso de muertes inscritas en los registros oficiales por provincias, no puede esconder una mala praxis en la tragedia del Covid en nuestro país.

Si hablamos de todas las edades, el exceso de muertes registrado en España, sólo atribuible al coronavirus, sitúa a nuestro país en cabeza en el cómputo general europeo, con 1.100 muertos por millón de habitantes, seguido por Inglaterra y Gales, con 949 (producto, también, de la gestión nefasta de Boris Jonhson), Italia, con 851, y Bélgica, con 809. Alemania, como en tantas otras cosas, resulta modélico: 121 muertos por millón de habitantes.

Inverence no ha incluido en su estudio a Rusia, por no tener datos minimamente fiables. Los datos finales, hasta la fecha, de Portugal, también son muy buenos si los comparamos con España, ganadora, como decíamos al principio, en el doloroso festival eurovisivo de las muertes por coronavirus.

Todos los elementos parecen indicar que nos dirigimos, con el timón firme, hacia una segunda oleada de coronavirus. El número de contagiados se multiplica día a día y en las últimas jornadas crecen los enfermos de más de 60 años, que son los que tienen más posibilidades de enfermar gravemente.

El director de Inverence, José Almagro, manifiesta a EL ESPAÑOL que continuarán extrayendo conclusiones de sus estudios matemáticos, con la esperanza de que mejore el comportamiento de España si se produce otra gran crisis sanitaria.

Entre los números, que son incuestionables, y la capacidad sanitaria de nuestro país, se sitúa la sociología de la población y la gestión política. Y estas pueden ser dos flaquezas de nuestro sistema como sociedad: los aplausos a los sanitarios no se han correspondido con un comportamiento cívico al levantarse el estado de alarma. Los jóvenes no fueron concienciados de que ellos también enferman de coronavirus y son el primer vector de contagio, y las autoridades sanitarias parecen estar de nuevo otra vez en la inopia actuando con parsimonia, como si “el virus ni está ni se le espera”, como vino a decir en febrero pasado el doctor Simón.

Aunque la pregunta definitiva es si se han tomado las medidas necesarias en los centros de mayores, para no dejarlos morir como sucedió entre marzo y finales de abril. El 80% de exceso de muertes por coronavirus en España se produjo entre personas mayores de 75 años, como demuestra el estudio internacional de Inverece y ratifica el número de pensionistas que había antes del coronavirus y ahora: 50.408 menos. El contador parece haberse puesto ya a funcionar.