Si ha viajado en el Metro de Madrid desde que terminara el estado de alarma, habrá notado que las estaciones están forradas con carteles que avisan que se debe guardar la distancia de seguridad entre los viajeros. Dos metros, dicen, es lo recomendable. Sin embargo, las estampas que se dan dentro de los vagones son muy diferentes.

Este miércoles se ha dado una escena de las de antes del virus: un vagón parado y repleto de viajeros apiñados. El riesgo de un rebrote se dispara con situaciones como estas. Los viajeros, indignados y casi sin espacio, pedían que les abrieran las puertas, por lo menos.

Estas escenas se están repitiendo con frecuencia y que están teniendo consecuencias. Siete de cada diez españoles dicen estar preocupados por contagiarse si utilizan el transporte público. Ese temor supone una caída significativa de usuarios del metro, autobús o tren.

Pero esa caída trae consigo otro problema: el aumento del uso del vehículo particular, que se traduce en más emisiones de gases contaminantes, después de que las grandes urbes se libraran de las boinas de contaminación durante el estado de alarma. Pese a la reducción del uso del transporte público, estas imágenes se dan con relativa frecuencia. Este miércoles, ha ocurrido en el Metro de Madrid.