A Marta (47) la llamada de un desconocido le cambió la vida hace dos años. Era miércoles y acababa de llevar a sus dos hijos al colegio. Como cada día, volvía a casa caminando, cuando el teléfono comenzó a sonar. 

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Hola. Buenos días. Mi nombre es Victorio Heredero. Le llamo para... 

— ¿Victorio Heredero? 

Le preguntó, extrañada, esta zaragozana. Sí, soy genealogista, le respondió. Aquello le pareció aún más singular y le dejó continuar. "Le llamo para informarle de que tiene derecho a una herencia de un familiar lejano por parte de su padre que ha muerto recientemente. Está compuesta por un inmueble y una cuenta bancaria...". 

Ahí fue cuando esta estudiante universitaria, directamente, alucinó. No obstante, cautelosa, desconfió y pidió más información. "En ese momento, pensaba que era una estafa. Yo no ofrecí ningún dato personal, ni ellos me dieron nombres; pero me propusieron ir a su oficina, en Barcelona, o hacerme una visita en mi domicilio para informarme de lo que tenían entre manos, y accedí a que viniesen", cuenta esta heredera por sorpresa, en una entrevista con EL ESPAÑOL. 

Marta, junto a sus dos hermanos, también herederos.

Aunque le parezca insólito, cualquier persona puede ser candidata a que un buen día le llamen por teléfono para comunicarle que le corresponde una herencia de un familiar que no conoció jamás. Es lo que le ocurrió a Marta y a sus dos hermanos, quienes de repente y sin esperarlo han recibido una herencia valorada en 200.000 euros de una prima hermana de su padre, que vivía en el País Vasco, y con la que no tuvieron contacto nunca. 

Detrás de esta lotería está Coutot-Roehrig, una empresa francesa con sede en Madrid y Barcelona que se dedica al negocio de buscar herederos —de cuarto grado, como máximo—  de fortunas abandonadas por todo el mundo. Y el trabajo de un equipo de abogados y genealogistas [expertos en el estudio de los linajes] que se encargan de dar con las herencias, analizarlas e investigar cual detective por todo el país quienes pueden optar a ser, tal vez, millonarios

2.300 expedientes

El equipo de Coutot-Roehrig, con el director, Marco Lamberti, al frente. Coutot-Roehrig

Los requisitos para que esta empresa, con más de 126 años de historia, comience a trabajar es que la persona fallecida no haya hecho testamento y que, en este supuesto, no tenga herederos conocidos. Si se dan estas dos condiciones y la herencia tiene suficiente peso económico como para ser rentable se quedan con el 30% de la masa hereditaria y adelantan todos los gastos de gestión al heredero—, toda la maquinaria se pone en funcionamiento. 

La cuestión es: ¿Cómo consiguen dar con herencias intestadas? La respuesta, aunque suene disparatada, es pública y está en el Boletín Oficial del Estado (BOE). "No hay ningún misterio con esto, siempre trabajamos con datos públicos. Acreedores o colaboradores del causante denuncian en el BOE que no paga determinadas facturas o impuestos. Puede ser, por ejemplo, una comunidad de propietarios o un ayuntamiento que reclama el IVI...", explica Marco Lamberti, director general de Coutot-Roehrig en España. 

En ese momento, empieza el proceso. Realizan un estudio de viabilidad y riesgo de la herencia y, si es positivo, el equipo de genealogistas se pone manos a la obra. Ellos son quienes se encargan de reconstruir los vínculos familiares, localizar a los descendientes, si los hay, y tramitar la herencia. No siempre tienen éxito, no obstante. Y eso supone que todo el gasto de la investigación no se cubra. "Unas veces se gana y otras se pierde, pero en cualquier caso la solvencia de la empresa no los permite", apunta el director de la empresa, que se instaló en España en 2012.  

C&R tiene en activo 2.300 expedientes de clientes con herencias ocultas en nuestro país. Su porcentaje de éxito ronda el 96% y en el último ejercicio facturó 1,5 millones de euros. No obstante, según explica Marco Lamberti, dentro de cinco años esperan multiplicar por diez ese dato. "Se trata de un mercado floreciente, durante los últimos años hemos cerrado el ejercicio doblando la facturación del año anterior y esperamos que siga aumentando", señala.

Y es que aunque la herencia media en España sea de 300.000 euros por causante, esta empresa también trabaja con legados de hasta 10 millones de euros. Coutot está buscando ahora, precisamente, a los posibles herederos de esta última por todo el país. El fallecido murió sin testamento y era propietario de dos edificios valorados en esa cifra millonaria.

Reconstruir el pasado

Coutot-Roehrig tiene 2.300 expedientes activos de clientes con herencias ocultas.

La misión más complicada de todo el proceso, no obstante, queda en manos de Victorio Heredero, el genealogista sucesorio de esta empresa. Él debe reconstruir el pasado y el futuro familiar del causante para encontrar a los candidatos a herederos, que nunca pueden sobrepasar el cuarto grado de parentesco, esto es que mínimo deben ser primos. Su trabajo le ha hecho tomar 80 aviones solo en el último año y hacer miles de kilómetros por carretera. En muchas ocasiones solo para buscar pistas o encontrar nombres en los registros de bautizos de las iglesias, su mejor fuente de información. 

"La mayoría de las herencias se aglutinan en las grandes ciudades, pero eso no significa que la investigación se pueda hacer allí. La guerra civil, la dictadura y el éxodo rural siempre juegan un papel crucial en la mayoría de los expedientes. E investigar sus casos implica viajar a las zonas más recónditas, de donde son originarios, para reconstruir su historia y sus lazos familiares", cuenta vía telefónica Heredero a EL ESPAÑOL, mientras se desplaza a Guernica (Vizcaya), donde cree puede estar el siguiente heredero de una fortuna olvidada. 

Al igual que la mayoría, el caso de Marta tampoco fue sencillo. Aunque sí una excepción por su edad, 47 años. La mayoría de los herederos, según sostiene, suelen tener de media entre 90 y 95 años. En algunas ocasiones, los beneficiarios incluso han fallecido mientras se gestionaba la herencia y, en ese caso, la masa hereditaria ha pasado directamente a sus descendientes. 

La historia de Marta

La mejor fuente del genealogista suele ser el registros de bautismo de una iglesia.

El origen de la historia de esta venezolana, asentada en Zaragoza (Aragón), comenzaba en Vizcaya (País Vasco). Allí, tres primas hermanas de su padre, que al mismo tiempo eran hermanas entre ellas, habían fallecido una tras otra hasta quedar en la última todo el patrimonio: un inmueble y una cuenta de ahorro. Ninguna de las tres, sin embargo, había tenido descendencia, así que la herencia había caído en el olvido. 

"Lo primero que hicimos fue desplazarnos allí. Como no habían tenido hijos, buscamos a los descendientes colaterales. Tanto por el lado del padre, como de su madre. Descubrimos que la familia paterna era de La Rioja alavesa y viajamos hasta la zona", relata Victorio Heredero. 

Poco después de aterrizar en el pueblo, llegaba el primer problema. Había primos por esa línea familiar, pero se habían estado moviendo de unos pueblos a otros con el paso de los años. "Encontramos a dos tíos, uno había fallecido sin descendencia y la otra tía se había marchado a Argentina y había tenido dos hijos", prosigue el genealogista. Esas dos personas podían ser las agraciadas, pero fue posible. Habían fallecido antes que la causante, y no tenían derechos a la herencia. 

Tras concluir esa investigación, paralelamente se iniciaba la de la parte materna. Y poco después, encontraban en Vizcaya a cuatro tíos de la causante. "Hicimos un barrido respecto a la descendencia (hijos) de estos tíos y fuimos poco a poco descartando a los que habían fallecido previamente hasta dar con uno, pero no vivía en el País Vasco", cuenta Heredero.  

Ese primo hermano de la causante con el que habían dado era, en realidad, el padre de Marta. Tras emigrar a Venezuela durante la dictadura franquista en busca de trabajo, casarse con su mujer, oriunda de ese país, y tener tres hijos; había regresado hacía años a Zaragoza, donde había vivido junto a su esposa y su hija, Marta, hasta su muerte con 90 años. Sus otros dos hijos, en cambio, habían decidido quedarse al otro lado del charco. 

Una lotería

Mapa de líneas de seguimiento que emplean en Coutot-Roehrig.

No obstante, aunque este heredero había fallecido recientemente, lo había hecho a posteriori de la causante y sus tres hijos, por tanto, eran herederos legítimos del patrimonio de sus tías segundas, para ellos completamente desconocidas. Poco después, Victorio daba con el teléfono de la beneficiaria y le comunicaba que ella y sus dos hermanos tenían derecho a recibir la herencia. 

"Aunque al principio no me creí nada, cuando vinieron a casa y nos explicaron todo: la lista de bienes, toda la documentación de la herencia... te das cuenta de que va en serio. Yo me sorprendí, además, porque sabían más de mi familia que yo misma", cuenta Marta, entre risas, a este periódico.

Tras aceptar la herencia, los tres hermanos firmaron el contrato con la empresa, mediante el cual C&R se hacía cargo de todos los gastos, de la extensa burocracia que supone la tramitación de la herencia y del pago del impuesto de sucesiones. "Dos años después de aquella llamada, ya han liquidado la cuenta bancaria y solo nos queda recibir el inmueble; la relación con Coutot ha sido muy buena, siempre se han portado muy bien y nos han ayudado en todo", señala esta venezolana. 

¿Le ha tocado la lotería?

— Sí, realmente me ha tocado la lotería. No es que ahora sea millonaria, no he tenido problemas económicos desde que vivo en España. Pero siempre viene bien esta ayuda, sobre todo, para mis hijos y mi familia. 

Al igual que Marta, se cuentan por cientos los españoles que han recibido una herencia por sorpresa desde que esta empresa está afincada en España. Hace unos días, Paula y José eran dos casos que se sumaban a la lista. Sus tíos maternos, represaliados durante la guerra civil, habían vuelto a España tras vivir 20 años en Rusia; y tiempo después habían muerto sin descendencia y sin tener contacto alguno con sus sobrinos. La sorpresa de los herederos fue mayúscula. Quien sabe, tal vez algún día pueda ser usted.