El último cumpleaños de Juan Carlos -el pasado 5 de enero- no ha sido precisamente el más feliz de sus 82 años. Esta vez nada tuvo que ver la indiferencia que muestra hacia él su hijo, Felipe VI, su nuera la Reina Letizia, ni el paseo triunfal de su yerno preso Iñaki Urdangarin por Vitoria. Tampoco ningún elefante se cruzó en el camino del rey Emérito para que celebrase sus 82 años con mucha más tristeza que alegría. La razón era otra: su hermana mayor, la Infanta Pilar estaba ingresada, gravemente enferma, desde ese día en la Clínica Rúber Internacional, donde ha fallecido este miércoles a los 83 años a causa de un cáncer de colón que padecía desde hacía poco más de un año.

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Su hermano ha querido estar hasta el último momento con la duquesa de Badajoz y se acercó hasta el hospital del Grupo Quirón, situado muy cerca del Palacio de Zarzuela, para despedirse. Porque Pilar y Juanito -como le llamaban sus hermanas al anterior Monarca- estaban muy unidos.

Es difícil resumir una relación de 82 años cuando sus dos vidas han sido tan intensas y han ido a la par con la historia de un país. Pilar fue para su hermano pequeño un apoyo indiscutible, la mejor consejera y el más valioso de los consuelos cuando las cosas se le han puesto difíciles. Con su muerte, el padre de Felipe VI pierde a su confidente, una de las figuras más importantes de su día a día. Y con su muerte, se lleva todos los secretos del Emérito a la tumba.

El Rey Emérito Juan Carlos I con la Infanta Pilar de Borbón durante el Rastrillo Nuevo Futuro 2015.

No es fácil encontrar una imagen de los dos hermanos juntos: no eran de posar. Aunque se veían mucho más a menudo de lo que todos pensamos. Pilar, Juan Carlos y Margarita, la tercera hermana Borbón y Borbón, solían comer una vez al mes en uno de sus lugares preferidos, el restaurante portugués Tras o montes, situado al norte de Madrid muy cerca de los domicilios de los tres. Fueron muchas las ocasiones en las que el Emérito busco el consejo de las duquesas de Badajoz y Soria sobre distintos temas, sobre todo personales.

La duquesa de Badajoz era la mayor y la duquesa de Soria es la pequeña. Juan Carlos estaba en medio de estas dos mujeres que tenían escrito su destino desde el día que nacieron. Los tres hermanos, hijos de don Juan y doña Mercedes, nacieron en el exilio, pero mientras que Pilar lo hizo en Cannes (Francia), sus dos hermanos llegaron al mundo en Roma.

El hombro en el que llorar

El padre de Felipe VI fue el mejor apoyo de la Infanta Pilar cuando enviudó en 1991, con sólo 55 años. La muerte de Luis Gómez-Acebo, que falleció por un cáncer linfático, supuso para la hermana del rey el quedarse sola a cargo de sus cinco hijos (Simoneta, Juan, Bruno, Beltrán y Fernando). “Pero tuve a mi hermano. Es una persona que siempre se ha ocupado de nosotras, de las dos”, aseguró en la última edición del Rastrillo de Nueva Futuro, en noviembre de 2019.

Pero se trataba de una relación en ambas direcciones. La casa de la Infanta Pilar, en la exclusiva colonia Puerta de Hierro de Madrid, era el lugar al que Juan Carlos le gustaba acudir a comer cada vez que su agenda le dejaba un hueco libre: “En casa de mi hermana se come de maravilla, por eso voy tanto”, comentó el Emérito en alguna ocasión.

Juan Carlos siempre ha tenido en sus hermanas un buen hombro en el que llorar, cosa que no es infrecuente en el rey Emérito. Especialmente, en uno de esos momentos más convulsos para él y su familia: cuando en 2013 se publicaban las entrevistas con las que salían a la luz la relación entre Corinna zu Sayn-Wittgenstein y el monarca, el padre de Felipe VI, se refugió en la casa de Pilar, en el madrileño barrio de Puerta de Hierro.

La Infanta Pilar, de rojo, junto a su hermano, el Rey Juan Carlos y otros miembros de la Casa Real en 1997.

La comunicación entre ambos hermanos era constante. “Tiene la manía de las comunicaciones y de tenernos a todos localizados porque es como una portera a la que le gusta saberlo todo. Él me regaló mi primer móvil por mi 62 cumpleaños. Me contó que me había buscado un móvil para tontos, me lo explicó y ahora no puedo vivir sin él”, contaba entre risas la Infanta Pilar en una entrevista en noviembre de 2018.

La Infanta Pilar tenía una cosa fundamental en cualquier familia tan numerosa y tan dispar como la real: su carácter aglutinador. Una demostración de esto fueron las primeras navidades en las que la familia real la pasó dividida en 2014. La duquesa de Badajoz abrió las puertas de su casa para recibir a los Eméritos y a la Infanta Elena y sus hijos, Felipe y Federica. A aquella primera Nochebuena lejos de Zarzuela se unieron también la Infanta Margarita con su marido, Carlos Zurita y los hijos de ambos, María y Alfonso.

También fue la Infanta Pilar la que alojó a Iñaki Urdangarin y la Infanta Cristina en su casa de Mallorca durante el proceso del Caso Noos. Los Reyes se negaron a que se instalaran en Marivent, cuestión de imagen, y lo hicieron en el chalet Sol de Mallorca que los Gómez-Acebo tienen en la isla desde hace más de 30 años. El efecto Letizia se había impuesto en la desunión. De hecho, Simoneta, hija de Pilar, no ha ocultado sus insalvables diferencias con la actual reina. 

La Infanta Pilar siempre ha sido una de las mayores defensoras de su hermano, ya desde pequeña, cuando siendo aún una niña visitó el internado de Suiza donde creció Juan Carlos. Se encontraron un pequeño congelado al que su madre, doña Mercedes, y ella tuvieron que darle baños con jabón y miel para que entrara en calor. "Descubrieron tarde que mi hermano era disléxico. Tuvo que trabajar mucho más que los demás para poder sacar buenas notas. Los disléxicos deben desarrollar su inteligencia de manera diferente, de una forma más intuitiva. De aquí viene su gran intuición como rey”, explicó en Yo, Juan Carlos, rey de España la propia Infanta el documental estrenado hace años.

En el centro de la imagen, el Rey Juan Carlos de niño y su hermana mayor, Pilar de Borbón, flanqueados por los otros hermanos.

No todo un camino de rosas

Pero como todas las relaciones entre hermanos no todo ha sido un camino de rosas entre los Borbón Borbón. La muerte en tan trágicas circunstancias del Infante Alfonso, a manos de su hermano Juan Carlos mientras jugaban con un arma, fue un hecho que hizo mucha mella en las dos duquesas y el que sería futuro Rey de España. "Aquello marcó a Juanito y mucho. No se podrá olvidar jamás de aquella tarde. Con la edad, cada vez lo recordamos más”, comentaba sobre aquel doloroso capitulo sucedido en su casa de Estoril, Portugal en 1956.

Un primer desencuentro entre los dos hermanos -que a penas se llevan 15 meses- tuvo como motivo el amor. Tras instalarse definitivamente en Madrid a principios de los años 60, Pilar conocía en casa de Simeón y Margarita de Bulgaria al aristócrata Luis Gómez-Acebo y Duque de Estrada. Dos años más tarde se anunció de forma oficial el compromiso entre la joven pareja, de cuyo matrimonio nacerían cinco hijos.

La Infanta tuvo que renunciar a sus derechos dinásticos cuando contrajo matrimonio morganático, es decir, con una persona que no era miembro de Familia Real y, para ello, sus padres la obligaron a esperar a que su hermano Juan Carlos se casara con la Princesa Doña Sofía y tuviera descendencia. Esto hizo que la duquesa de Badajoz apremiara a su hermano para que se casara y hubo mucha tensión entre ellos, que terminó con la boda en Atenas y el nacimiento de la Infanta Elena.

Otro de los baches, esta vez mucho más duro de superar, entre los tres hermanos tuvo lugar con la llegada al trono de Juan Carlos. Las hermanas del Emérito siempre habían deseado ver a su padre, Don Juan, como rey, tema del que habían oído hablar en el exilio durante toda su vida. Cuando el 17 de mayo de 1977 el Conde de Barcelona renunció a sus derechos dinásticos en una sencilla ceremonia en el palacio de la Zarzuela, se ponía fin a varios meses en los que las dos duquesas habían dejado de hablar a su hermano, al que le atribuían una desmedida ansia de poder por encima del orden dinástico. Entre don Juan y el marido de doña Pilar, Gómez- Acebo, convencieron a las dos hijas de los Condes de Barcelona de que estaban en un error y de que esa era la mejor solución para la familia y para España.

Letizia y Felipe llegando a la capilla

Hace casi tres años la Infanta Pilar cumplió 80 años. Con este motivo reunió a toda sus familia y seres queridos en su casa de Mallorca -fue muy sonada la ausencia de la Reina Letizia con la que no se llevaba especialmente bien-. “Los alifafes de la vejez son un espanto. Pero he tenido mucha suerte en la vida. He tenido unos padres fantásticos, dos hermanos a los que adoro y un marido que era un encanto, aunque lo perdí demasiado pronto”, aseguraba en una entrevista con motivo de su cumpleaños.

Pero Pilar lo tenía muy claro: “El mundo es de los vivos”. Esta frase la solaba decir cuando recordaba cómo superó la muerte de su hermano pequeño, Alfonso. La duquesa de Badajoz contaba que tras el trágico accidente -aquel día en el que Don Juan le preguntó a Juan Carlos ¿dime que no le has disparado y ha sido un accidente?- nadie quería celebrar las siguientes navidades en la residencia de Estoril, donde vivían en el exilio, en señal de duelo. "Mi padre me recordó que el mundo es de los vivos. Y puso el árbol de Navidad con el mismo cariño como cada año”.