Se puede hacer con gusto, pero la tarea de lavar una moto es larga y tediosa. Las llantas, los frenos, la cadena, el sillín... Cada una de sus distintas partes demanda un cuidado distinto, en el que se deben aplicar técnicas, utensilios, productos y presiones diferentes. Si sumamos tiempo, mimo y esfuerzo, probablemente quede impoluta, pero, por contraparte, acabaremos cansados, manchados, o puede que hasta empapados. Quizá este ritual guarde cierto encanto o romanticismo para algunos moteros, pero muchos otros preferirían que se limpiase sola, en unos pocos minutos o que te la limpiaran con el mismo mimo y resultado como si lo hicieras tú. Pues bien, este servicio ya existe en el corazón de Madrid, a través de una máquina novedosa, con un punto revolucionario. 

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Parece increíble, pero una idea tan simple como la de crear una máquina de autolavado para motos, pero sin replicar el túnel de lavado utilizado en los coches, nunca se ha podido materializar. "A día de hoy, solamente existen dos patentes de máquinas que se dediquen a esto a nivel mundial, pero no tuvieron éxito", cuenta Santiago Vela, responsable de Four Angels Motorbikes, un taller de motos ubicado a escasos metros de las Torres KIO, en la madrileña Plaza de Castilla.

Este pequeño empresario -nacido en Campo de Criptana (Ciudad Real)- relata a EL ESPAÑOL que siempre se ha dedicado a la abogacía desde la empresa privada, pero que una de sus mayores pasiones siempre han sido las motos. El joven taller, que por aspecto podría casi asemejarse más a un concesionario, se caracteriza por el buen trato y la comodidad que transmiten sus paredes a los clientes. Por la hilera de motos que hay tanto dentro como en la acera, parece que el negocio marcha bien, pero Vela no quiso quedarse ahí. Ahora, sus clientes pueden no solo acudir para arreglar un golpe o para llevar a cabo labores de mantenimiento, sino que también pueden introducir su moto en un cubículo y sacarla al cabo de pocos minutos limpia.

La máquina patentada por Four Angels Motorbikes -única a nivel mundial- tiene un diseño limpio con algunos detalles muy novedosos y con toques que evocan a un diseño futurista. De entre todos destacan dos: el propietario de la moto jamás la pierde de vista durante el proceso de limpiado, gracias a unos orificios acristalados repartidos en la caja. Este detalle puede resultar nimio o muy baladí para quien no es un motorista devoto, quien siente a su vehículo como su "mejor amiga". El segundo detalle innovador consiste en la manera de limpiado, proceso en el que no se reproduce, como decíamos antes el agresivo sistema del túnel de lavado para coches, con cepillos que recorren la superficie del vehículo. En una moto esta actuación intimida y produce una especie de escalofrío entre los moteros más sensibles. 

La moto ni desaparece por el túnel, como cuenta Santiago Vela -el ideador del nuevo sistema de lavado de motos junto a su socio Camilo Travesedo-, no es succionada, ni movida espasmódicamente por los cepillos circulares. Así funciona la máquina:

Seleccionar el idioma, escoger entre moto o bicicleta (también admisible), elegir entre un lavado sencillo y uno más duradero, y pagar con la tarjeta. Así de simple, y sin la ayuda de ningún operario. Al abrirse la compuerta, se introduce la moto, se fija su posición o bien con la pata o bien con el caballete; se apaga, se sale del habitáculo y se aprieta el botón verde. Toca separarse del vehículo y esperar unos cinco minutos.

Para quien desconfíe, puede asomarse a una de las ventanas con forma esférica mediante las cuales se puede ver qué ocurre en el interior. Una serie de aspersores, anclados en diferentes puntos de la caja, rocían con agua caliente (a unos 60ºC) la moto. Después, los mismos aspersores esparcen un jabón natural por todas las superficies. Dejan que actúe unos segundos y después se repite la primera operación para el aclarado. "Se puede incorporar un sistema de secado, pero hemos comprobado que tras salir tarda muy poco en secarse, debido a la alta temperatura a la que está el agua", añade Santiago.

Una vez finalizado el proceso, la compuerta principal se abre, dejando escapar una nube de vapor de agua y un agradable olor a limón. La moto ya está lista.

Los responsables de este aparato -desarrollado por unos ingenieros en Valladolid- explican que, en ocasiones, es posible que queden restos de suciedad. En estos casos es tan sencillo como pasar un papel por la zona para eliminar los restos de suciedad. Al igual que puede ocurrir con restos de mosquitos u otros insectos que no lleven demasiado tiempo incrustados.

Santiago Vela, el artífice de la primera máquina de autolavado para motos. Silvia P. Cabeza

Y es que, según el estudio de mercado que realizaron hace unos tres años, más del 64 % de moteros lava su vehículo al menos una vez al mes. De media, unos nueve lavados anuales. El estudio, realizado sobre una muestra de 633 personas, se centró en las principales ciudades que albergan más motos. Madrid, Málaga, Barcelona o Alicante son algunos ejemplos.

A los encuestados se les mostró un prototipo de lo que podría ser la máquina. Se les trasladó una breve descripción de sus características y de su funcionamiento, y ahí es donde vino la sorpresa. A un 85 % le había gustado ‘mucho’ o ‘bastante’, y el 77 % lo usaría si existiera (incluso a un precio más alto). “La empresa, cuando nos facilitó los resultados, nos explicó que eran extraordinariamente positivos para el proyecto. Había que hacerlo”, recuerda Vela.

Este es el prototipo que se mostró a los encuestados, similar al definitivo. E.E.

Sin rodillos chorros a presión

Hecha la demostración y comprobada su eficacia, a cualquier motorista se le podrían ocurrir varias dudas e incertidumbres sobre su funcionamiento. Uno de los principales problemas de lavarlas manualmente con mangueras de alta presión o 'lanzas' es que si se arroja el agua desde una distancia corta corremos el riesgo de que se desajuste alguna pieza. En este caso, para desincrustar la suciedad no se recurre a la presión, sino a la alta temperatura junto con la acción antigrasa del jabón. "Es como una especie de lavavajillas. Cuando metemos un plato, la grasa no sale porque haya un grifo a presión, sino por la humedad, por la temperatura, por el jabón y por la estanqueidad", argumentan.

Otra de las posibles pegas que se le podrían poner es que la máquina emplea el mismo jabón para todo. Dependiendo del cuidado que se le quiera dar al vehículo, su propietario puede aplicar en ella un producto, dos, tres... casi tantos como piezas distintas conviven (siendo exagerado). En este caso, sus dueños nos cuentan que para poder emplear un único producto han recurrido a un jabón con una alcalinidad muy baja. Es decir, con un PH o acidez muy baja. De esta forma, se garantizan que ninguna pieza (incluso la tapicería) resulte dañada.

Tampoco cuenta con el problema que podríamos encontrar en los túneles de lavado. No hay rodillos, ni brazos articulados ni otros elementos móviles dentro del habitáculo que pudieran rozar, frotar, rayar, zarandear, mover o tirar la moto. Ni tan siquiera doblar los espejos retrovisores. Solamente agua a elevada temperatura con muy poca presión.

Ni brazos, ni mangueras ni rodillos en el interior del habitáculo. Silvia P. Cabeza

Siguiendo las ordenanzas municipales, emplea 60 litros para cada lavado, diez menos del máximo permitido.

Hasta ahí sobre su funcionamiento. Sobre su precio por lavado, entre los 6 y los ocho euros para cada lavado, estiman. Sobre su disponibilidad, ya está disponible en el taller de Four Angels. “Estamos esperando a que nos aprueben la patente para comenzar a fabricarlas en serie”, detalla Santiago. "Todo parece indicar que será una buena inversión para quien quiera instalar y explotar una de estas máquinas".

Están concebidas para ser instaladas en otros talleres mecánicos, en estaciones de servicio, en concesionarios, en centros comerciales… cualquier negocio que cuente con una licencia para lavado de vehículos podrá tener su propia ducha para motos. “La idea es que demos una ducha a nuestras motos, al menos, una vez al mes. Ellas lo agradecerán y el dueño también porque más allá de la estética, mejora sus prestaciones y su conservación", concluye".