La primera advertencia de que algo estaba cambiando llegó con el anuncio del traslado de Os Redeiros. El emblema de Vigo, el monumento al trabajo, siete estatuas de bronce representando a siete marineros desnudos, tirando con todas sus fuerzas de una red gigantesca emergiendo del mar. Ahí ya surgió la primera polémica. Abel Caballero, el alcalde de la ciudad había decidido sacarlo de su hábitat natural, el lugar en el que su autor, Ramón Conde, había decidido que permaneciese para siempre: en el cruce de Gran Vía con Urzáiz. Tampoco a los vecinos les entusiasmó ese simbólico cambio.

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La segunda advertencia llegó con el proyecto de las rampas mecánicas. Cuando los habitantes de esa zona de la ciudad quisieron darse cuenta, ya estaba talando todos los árboles de la alameda principal.

Vigo ha sido siempre una ciudad de cuestas, y ahora el regidor, cuyo poder es casi omnímodo, (casi un 70 por ciento en las últimas municipales, cuarto mandato consecutivo, el que más en una gran ciudad), pretende eliminarlas la más pronunciada de todas ellas, para comodidad de sus ciudadanos. Caballero se encuentra enfrascado en el que es su plan estela. Transformar la primera parte de la arteria principal de la ciudad, instalando unas gigantescas rampas mecánicas trepando por el histórico bulevar. El proyecto discurre por el centro de la gran calle, y los árboles yacían desplegados a ambos lados. Fue en verano cuando comenzó el sonido de las motosierras. 

En calidad de presidente del la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), Abel Caballero interviene este viernes en el COP25, la cumbre del clima que se celebra esta semana en Madrid, y lo hará en el marco de un encuentro titulado Cumbre Municipal por el Clima. A su lado, la ministra para la Transición Ecológica en funciones, Teresa Ribera. Juntos inaugurarán el foro. 

El primer edil vigués escenifica su compromiso por la lucha contra el cambio climático de un modo ciertamente extraño. Con el comienzo de las obras para transformar la Gran Vía viguesa se inició la eliminación de los 128 árboles dispuestos en hileras por la ancha alameda.

Algunos de los ejemplares talados en la Gran Vía viguesa. Cedida por Salvemos la Gran Vía

En el plan de ejecución de la obra, financiada con Fondos Europeos para el Desarrollo Regional (FEDER), figura los árboles que se han de suprimir: en realidad, todos. 45 camelios, 29 naranjos, 41 castaños de Indias, 13 tilos ubicados en las aceras laterales... La gran tala de todos ellos se inició el pasado verano. Y se sigue efectuando a día de hoy. 

Vigo será, en estas señaladas fechas, la ciudad de la Navidad. La de la noria gigante, iluminada y lisérgica, en Rosalía de Castro; la de un mastodonte lumínico en forma de árbol, la de los 10 millones de luces LED esparcidas por la orografía de la mayor urbe de Galicia, la de los cañones de nieve gigantes. Hace meses que las reservas para estas fechas están ya agotadas, y los hosteleros se frotan las manos porque la repercusión económica de todo ello será similar o superior a la del año pasado, cuando el retorno económico fue 25 veces mayor al gasto realizado.

Pese a todo ello, los lamentos de los ecologistas, de algunos ilustres de la cultura gallega y de algunos colectivos vecinales se siguen sintiendo, sobre todo, durante estos días de emergencia climática. Algunos apuntan hacia la incoherencia del alcalde que predica en la cumbre del clima y que luego tala masivamente centenares de árboles en distintas zonas de la ciudad. 

"Me duele la Gran Vía"

Otro de los ejemplares arbóreos tras ser aserrados por la motosierra. Cedida por Salvemos la Gran Vía

El día siguiente de ganar las elecciones municipales, Abel Caballero instaló el cartel de la obra en la parte baja de la calle. Días después, Ana García Román, portavoz de la plataforma ciudadana Salvemos la Gran Vía, fundada hace ahora casi dos años, se encadenó a uno de los recios castaños del bulevar. Su lucha continúa junto a las plataformas ecologistas a modo de denuncia de lo que ocurre día a día en la esquilmada calle. "No vivo exactamente aquí, pero soy viguesa y me duele la Gran Vía, lo que está haciendo aquí", explica a EL ESPAÑOL. 

El proyecto tiene cuatro fases, y contempla la colocación de: rampas mecánicas eléctricas, una mampara transparente, árboles jóvenes como el ginkgo biloba, vegetación artificial, pantallas interactivas (como otras ya colocadas en una rotonda de la ciudad para ver los partidos del Celta), marquesinas acristaladas, fuentes e incluso un pez-seto, una nueva versión de los saurios y 'dinosetos' que hace años están repartidos por la ciudad, tan populares entre turistas y vecinos. Este quedará situado, concretamente, en el hueco que dejarán los simbólicos cuerpos esculpidos en bronce de Os Redeiros.

Se trata de un proyecto babilónico criticado ya por los ecologistas, por el colectivo de 'Amigas das Árbores' -quienes denuncian esta suerte de "arboricidio"-, por asociaciones de vecinos de la zona, por Green Peace, por la plataforma Amigos da Terra, por figuras como el escritor Xosé Luis Méndez Ferrín. Ilustres personalidades como él se fotografiaron con los ejemplares cuya aniquilación ya ha comenzado.

Las manifestaciones no han dejado de sucederse en los últimos meses junto a las obras, y algunos medios, como La Voz de Galicia, narran día tras día en sus crónicas los avances en las obras y en la aniquilación de las especies arbóreas. La primera gran manifestación se produjo en abril de 2018. A partir de entonces, en febrero de este año, y también en mayo, han tenido lugar numerosas concentraciones pero ya de menor afluencia. 

Alta contaminación

El proyecto cuenta con un presupuesto de 4.455.497 euros. Es lo que figura en el cartel situado al final de la calle. Desde el partido Popular denuncian que no es la primera tala que encarga el alcalde socialista, y que tampoco será la última. "Sólo este alcalde entiende la humanización de una ciudad sin árboles de gran porte". 

El regidor taló la Gran Vía, prosiguió en la Alameda, y en las últimas semanas le tocó el turno a la zona Vía Norte de la ciudad. "Que nos explique a los vigueses qué política medioambiental es esta porque no entendemos que se cuide el medioambiente talando árboles”.

Por el momento, ya se sabe que las pasarelas que se está encargando de instalar el alcalde emitirán unas 33 toneladas de CO2 al año. Es lo que alertan desde la asociación Amigos Da Terra. Sus cálculos arrojan esa cifra. Solo faltaban los cañones de nieve artificial, que producirán unas seis toneladas de dióxido de carbono durante su uso. 

Por no hablar, por supuesto, de la contaminación lumínica. La situación del surrealismo y las luces la resume una tira cómica en gallego del humorista Luis Davila el año pasado en el Faro de Vigo. En ella aparecía un matrimonio tomando el sol al otro lado de la ría de Vigo por noche, en plena Navidad. Lo normal por esas fechas. Procedemos a traducirla para iniciados y neófitos.

-Van a encender las luces.

-¿Te pusiste la crema, rapaz?

-Protección cincuenta.