Haga (si quiere) la prueba. Salga a la calle cualquier día de sol. Camine un par de kilómetros, mire a lo alto durante un buen rato y deténgase. Piense en qué ha visto y, sobre todo, qué se repite en los edificios. Seguramente, en Madrid, se habrá encontrado, irremediablemente, algunas banderas de España; y en Barcelona, cómo no, esteladas. Eso es lo distintivo; lo que las diferencia. Pero hay algo común, algo que une a las ‘dos Españas’: los toldos verdes. En unos y otro barrios; en casas, balcones y tiendas; en Girona, Castellón o Albacete. Da igual la ciudad o la Comunidad Autónoma. El fenómeno, ‘descubierto’ por el investigador y arquitecto jienense Pablo Arboleda, es una realidad. ¿Por qué? Eso es lo difícil de explicar. “Yo creo que hay una conjunción de motivos (la época, las comunidades de vecinos...), pero también puede responder a algo tan intangible como una moda”, explica a EL ESPAÑOL.

Pablo, actual investigador de la Universidad de Glasgow, se dio cuenta de la coincidencia al volver a España. Hizo un máster en Cottbus y el doctorado en Weimar (Alemania). Pasó varios años en el extranjero y, al regresar, pensó: “Los barrios están llenos de balcones con toldos verdes”. Se lo comentó a amigos y familiares; buscó información e indagó sobre los motivos. Hizo, en definitiva, todo lo que pudo. Pero no encontró estudios ni escritos ni artículos. Ninguna explicación. Por eso, creó el grupo Amigos del toldo verde en Twitter y Facebook, donde más de 2.000 personas comparten sus impresiones y fotos sobre un paisaje común que hasta ahora había pasado desapercibido.

El origen: décadas de los 60 a los 80

Nadie, sin embargo, ha llegado a una conclusión en estos grupos sobre por qué España está plagada de toldos verdes. ¿Y hay realmente una? ¿Existe una razón concreta? Posiblemente, no, pero sí hay algunas certezas. Por ejemplo, el origen. Eso está claro. El fenómeno arranca entre las décadas de los 60 y los 80. Coincide con la primera gran construcción masiva de bloques de viviendas en España: 400.000 al año de media entre 1970 y 1981, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Entonces, muchos decidieron adornar y proteger sus balcones con toldos verdes. No repararon en que, sin querer, estaban configurando y creando un marco fotográfico con vigencia actual.

El inicio de la ‘moda’ coincide, a su vez, con la Transición y el éxodo rural; con la emigración de las familias del campo a las ciudades, con la mudanza de las casas a los pisos. “Al principio, nosotros ofrecíamos tan solo tres colores para poner en los balcones de Málaga: azul, verde y naranja. Y el que más gustaba era el verde”, recuerdan desde Toldos Fernández en conversación con EL ESPAÑOL. “Todos los modelos, al menos aquí, en Puertollano (Ciudad Real), eran estampados por un lado o por el interior; y verdes (o de otro color) por fuera”, cuenta Inmaculada, de Toldos Mozos, tienda con más de 50 años de experiencia afincada en la localidad manchega.



¿Pero qué llevaba a los vecinos a optar por el verde? En efecto, la poca gama de colores era determinante. “Los naranjas y amarillos deslumbran; los verdes y los azules, en cambio, dejan una luz muy bonita. Entonces, si tenías que recomendar uno u otro, pues estaba clara la preferencia…”, explica Inmaculada. Pero no era lo único que influía. “La estética era importante. La mayoría de los edificios los ponían verdes. Entonces, cuando te tocaba a ti decidir, decías: ‘Pues como el del bloque de al lado’. Por ir a la ‘moda’, vaya. Así de simple”, prosigue Inmaculada.

Así, poco a poco, se empezó a configurar un paisaje de toldos que se mantiene un lustro después por una razón tan banal como lógica: el ahorro de las comunidades de vecinos. “Imagínate que se te estropea el toldo. No lo puedes poner de otro color porque tienes que respetar la estética del edificio y tendrías que llegar a un acuerdo con tus vecinos para cambiar todos los del bloque. Eso es mucho más caro y nadie lo quiere hacer”, concluye Inmaculada. Entonces, claro, pasan los años y el verde sigue presente, en gran medida, en localidades de la meseta, la costa y el sur de España. No, obviamente, en el norte –por una cuestión meramente solar.

Pacheco Toldos - Protección Solar

El verde remite a la naturaleza

No todos los motivos son racionales –como los esgrimidos anteriormente. El inconsciente tiene mucho peso en las decisiones que tomamos. Y, en este caso, jugó, sin duda, un papel muy importante. “La gente lo pudo elegir, simplemente, porque el verde pegaba con el ladrillo anaranjado y marrón de aquellos edificios”, se atreven a lanzar, como hipótesis, desde Pinturas Javier. “Es, además, un color que pega en cualquier época del año y que remite a la naturaleza, a la salud, al bienestar… Que no es ni frío ni cálido. Muchas de las familias que compraban esos pisos típicamente setetenteros venían del campo y el verde les podía recordar, de alguna manera, a su lugar de origen”, argumenta Carie Mercier, asesora y experta en imagen.

Psicológicamente, el fenómeno también podría tener su explicación. Bárbara Tovar, directora de su propia clínica, esgrime dos razones. La primera, la ya mencionada presión de grupo. “Tenemos la tendencia, a través de un sesgo social, de elegir aquello que la mayoría de la gente tiene”. Y segundo, el significado del color, esa referencia a la naturaleza. “En los hospitales, por ejemplo, se utiliza el verde porque da tranquilidad, serenidad… No hay ningún estudio concreto. Pero sí que, en un balcón o terraza, con las plantas, crea armonía”, prosigue. Por todo eso, en su momento, con tres colores disponibles, los vecinos optaban por el verde por encima del azul oscuro (“en un toldo puede dar sensación de encerramiento”) o el naranja (“en muchos casos genera rechazo”).

¿Hay que conservarlo como paisaje típicamente español?

Si el toldo verde, como reza el movimiento creado por Pablo Arboleda, “es el elemento más característico de la arquitectura española de las últimas décadas”, “está presente en los edificios de cualquier rincón del país” y “establece un patrón estético”. Entonces, ¿habría que conservarlo? Ese es, en gran parte, el objetivo de todos los integrantes de la página web de Facebook: “Dotar al toldo verde de la atención que merece, posicionándolo como símbolo de significación identitaria y, por ende, patrimonial. Porque patrimonio es lo que somos; no lo que queremos ser”.

Sin duda, el toldo verde forma parte –como reseña Pablo en conversación con este periódico– de “algo puramente español”. Durante años, el patrón se repitió. “Los bloques estaban configurados con un elemento que no es arquitectónico (…) Pero que ha configurado un paisaje tradicional (…) Y nuestro patrimonio. Luego podemos discutir si es más bonito o más feo…”. Lo que está claro es que existe y que representa una época: los 70-80. “Para mí el toldo verde es como el Ford Orion de la arquitectura. Es algo que al verlo te retrotrae a épocas anteriores”, explica el investigador. Con una excepción: no caduca ni tiene pinta de que vaya a hacerlo a corto plazo.

A partir de ahí, ¿se puede estudiar el fenómeno? Pablo no descarta “escribir una publicación académica” o “hacer un libro de fotografía”. Pero, decididamente, la evidencia no la ‘descubrió’ con ningún objetivo concreto más allá de compartir “una fascinación por observar cosas mundanas desde un prisma diferente”. Nada más. Lo cierto es que sus grupos tienen enganchados/as a 2.000 personas que suben fotos todos los días de ciudades y pueblos con toldos verdes. Ellos sí creen que forma parte de su patrimonio, de lo que son. Saben que es algo común, que no hace daño a nadie y, definitivamente, que se aleja del conflicto de banderas de los últimos años. Que es una cosa de todos. ¿Se le puede pedir más al toldo verde? 

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