María Jesús García gasta nombre y apellidos convencionales. Nada en ella, de primeras, se sale de lo normal. Ni su profesión, abogada; ni sus costumbres, como hacer zumba o salir a pasear. Ni siquiera su rostro, su pelo rubio o su atuendo –fruto de cualquier tienda al uso. Sin embargo, lo corriente no es mas que una máscara de lo que esconde por dentro: su amor por el esoterismo, las ciencias ocultas y los astros. Esta letrada, bautizada como jueza del ‘tarot’, lleva años echando las cartas en sus múltiples destinos. En última instancia, lo hizo en Lugo, donde ejercía como magistrada de Vigilancia Penitenciara, tomando las decisiones sobre el régimen carcelario de los presos de Bonxe, Monterroso (ambos en Lugo) y Pereiro de Aguiar (Orense). Y, a partir de ahora, lo podrá hacer en La Coruña, a donde ha sido trasladada por petición propia para ejercer como titular del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1.

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¿Normal? No demasiado. Al menos, si se le echa un vistazo a su historial. El nuevo destino de la jueza pitonisa ha traído cola. Las asociaciones feministas han puesto el grito en el cielo. ¿La razón? Hace años, en 2008, María Jesús García criticó este órgano y catalogó de inútiles las denuncias que llegan a ese tipo de juzgados: “Son una cantidad de ridiculeces que considero innombrables; mujeres que vienen porque les han mandado un mensaje al móvil; a las que, en un calentón, les han podido decir una palabra más alta que la otra; mujeres que les pegan a ellos, gente que se cree que esto es un divorcio exprés”, reconoció.

Por eso, ahora, nadie entiende que haya sido destinada al Juzgado de Violencia de Género, una institución de la que renegaba hace tiempo y de la que ahora va a formar parte. Por su experiencia, puede. En ese aspecto no hay ningún inconveniente. Sus declaraciones, sin embargo, la desacreditan. De hecho, le costaron una multa de 3.000 euros y la perseguirán, posiblemente, durante todo el tiempo que siga en su destino.

En realidad, este es el culmen de una carrera repleta de líos extrajudiciales. Todo en ella roza lo histriónico. Es, en sí misma, un gancho mediático inigualable. Tanto es así, que incluso quiso dar el salto a la televisión postulándose para una cita en First Dates. “Estoy buscando el amor. Tengo 56 años y, como veis, represento mucho menos y por eso quiero alguien más joven o, aunque sea como yo, que se conserve bien. De todas formas, también me importa el interior. Prefiero compartir mis aficiones. Sobre todo, el deporte, los animales y el mundo esotérico”, se ofrece, en una grabación presentada al programa de citas.

Pero esta es la cúspide, lo último de una jueza ‘estrella’ que dio el salto a los noticiarios a raíz de una investigación llevada a cabo por el diario de Lugo, El Progreso. Ellos fueron los que descubrieron que, además de su puesto como magistrada, también se ganaba la vida cobrando algo más de 20 euros por echar las cartas en la localidad gallega. Nada, en principio, problemático para una persona que se encontrara fuera del ámbito judicial. Pero, para ella lo fue.

En junio, por ese motivo, a la jueza le abrieron un expediente disciplinario por una “falta muy grave” por el “ejercicio de actividades incompatibles con el cargo de juez o magistrado”. Consideraban que una persona que enviaba a la cárcel a los ‘malos’ no podía a su vez jugar con los hilos de futuro de esos posibles criminales. Pero, finalmente, no fue sancionada. Su profesión, ligada a su ‘hobby’, causó un gran revuelo en Lugo y alrededores. Por eso, ella pidió el traslado a La Coruña y se lo concedieron.

La jueza pitonisa ofrecía sus servicios en Lugo a través de este folleto.

Allí, ejerce desde el mes de junio. “Tarotista con gran experiencia en consulta personal o por teléfono sin límite de tiempo. Fines de semana incluidos. Se dan recetas de magia blanca”, rezaban sus anuncios en Lugo, a 20 euros la sesión. Ahora, en La Coruña, ha subido el precio (45), pero sigue ‘al pie del cañón’. Sin atender de primeras al teléfono (lo hace un hombre), pero disfrutando de su ‘hobby’ –se intuye– en la sombra y sin exponerse tanto.

Eso sí, con un historial de polémicas que da para serie de Netflix. A su labor judicial y esotérica se suman sus muchas prácticas poco convencionales. Por ejemplo, cuando fue sancionada en Bilbao por fumar en la sala. O cuando no asistió a una declaración por ir al gimnasio (entonces estaba en Madrid). O cuando criticó públicamente la ley de violencia de género o cuestionó a las víctimas (en Santander). O, por último, cuando se presentó con su gato en una vista en Santiago.

¿Locuras? Para nada. Los que la conocen siempre han hablado de ella como una mujer inteligente, viva y capaz, pero también con sus muchas rarezas, sus gustos por las ciencias ocultas, por el esoterismo, por los astros y por ese mundo que no se ve. Paradójicamente, ella aleja los pies de la tierra en una profesión que exige no despegarlos del suelo asiduamente. Qué cosas.