Maricarmen intentó matar a su marido envenenándolo con unas natillas aderezadas con ciclobenzaprina, zolpidem, sertralina (unos potentes sedantes) y mucha nata. Pero no era la primera vez que había intentado quitarlo del medio. “Ahora lo vas a pagar caro”, le dijo en una ocasión, antes de intentar tirarlo por las escaleras de la vivienda de Mollerussa (Lleida) en la  que ambos convivían junto a una hija en común de 22 años. 

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“Desde fuera parecía una familia muy bien avenida. Parecen los dos muy buena gente. Una vez nos enseñaron la casa y estaban haciendo una paella”, relata una jubilada de su misma calle, a la vez que pregunta “cuánto le ha caído de cárcel a ella, que la vimos en las noticias el otro día”. 

Porque en el barrio no se habla de otra cosa. Todos los vecinos de la calle Mestre Enric Subirós está conmocionados por lo sucedido en el número 26. Se trata de una manzana conformada por una veintena de coquetas casas unifamiliares de cuatro plantas. La zona es casi un barrio dormitorio, según dicen sus habitantes: “Aquí no se hace vida en la calle. Por aquí no hay bares ni tiendas. Yo llevo 20 años viviendo aquí, al lado de esa familia, y lo más que nos hemos dicho es hola y adiós. Pero no es una familia conflictiva. Al menos de puertas para afuera”, confiesa otro de sus vecinos. 

Ejemplar de cara a la galería

De puertas para adentro era otra cosa. En la familia había una gran generadora de conflictos que es Maricarmen De la Rubia. Casada con A. y madre de dos hijas, una de 27, ya emancipada, y otra de 22 que sigue viviendo con ellos. Trabaja en una residencia de Mollerussa como cuidadora de personas con diversidad funcional. Tampoco en su lugar de trabajo había dado razones para que nadie sospechase que Maricarmen tenía un problema. Pero lo tenía. 

Casa unifamiliar en la que se produjo el intento de asesinato DLF

Fueron varios los incidentes que protagonizó Maricarmen, casi siempre con su marido o su hija mayor como objetivos. De hecho, la chica ya hace tiempo que no vive en esa casa. Pero no por su propia voluntad, sino porque su madre la echó, según declaró en el juicio que la ha acabado condenando a 3 años de cárcel por intentar matar a su marido durante el ya famoso ‘episodio de las natillas’.

En los últimos años, a Maricarmen se le acumulaban los problemas. Los económicos, porque no estaban pasando por una buena racha, y los conyugales. Maricarmen estaba atravesando una fuerte crisis de pareja, motivada en gran medida por su carácter posesivo y sus celos. Estaba trastornada y lo pagó con su primogénita y con su marido. A la primera la acabó echando de casa y actualmente no guardan relación entre ellas. Al segundo lo agredió en repetidas ocasiones. Una vez la emprendió con él a puñetazos. Otra vez lo curtió a patadas. Otra día le avisó de que le iba a hacer la vida imposible. Y en otra ocasión, tras advertirle de que ‘lo vas a pagar caro’, intentó liquidarlo arrojándolo por las escaleras. Los accesos de ira de Maricarmen también la habían llevado a autolesionarse a menudo e incluso a amagar con suicidarse cortándose con un cuchillo de grandes dimensiones.

El hombre quería salvar su matrimonio

A pesar de todo, el hombre pretendía salvar su matrimonio. De hecho, fue él quien propuso acudir a terapia de pareja con un profesional. A. y Maricarmen acudieron al psicólogo, que les propuso, entre otros ejercicios, uno llamado “terapia de transparencia de Whatsapp”. Consistía en que ambos serían diáfanos con el otro en lo concerniente a esa aplicación. Ella podría ver sus conversaciones y él las de ella sin ningún tipo de problema. Pretendía así calmar los celos enfermizos de Maricarmen. A. no tuvo problemas en aceptar la terapia.

Pero, al parecer, los planes de Maricarmen no pasaban por salvar a relación y sí por dinamitarla. Sólo así se explica que ella misma se colase en la cuenta de Whatsapp de su marido mediante la aplicación para ordenador. Allí pudo escribir lo que quiso y atribuírselo a una tercera persona. Eso provocó una pelea entre ambos, que se convirtió en el génesis del intento de asesinato. Era la mañana del 5 de febrero de 2018.

Los hechos se produjeron en el 26 de la calle Mestre Enric Subirós de Mollerussa (Lleida) DLF

El encontronazo ‘por lo del Whatsapp’ derivó en un ataque de ansiedad sufrido por Maricarmen, que se dirigió al CAP de Mollerussa para que le atendiese un médico. Fue ese facultativo el que le proporcionó las recetas para poder comprar ciclobenzaprina, zolpidem y sertralina. El primero es un relajante muscular. Los otros son dos potentes sedantes, que tenían que servir, a priori, para calmar la ansiedad de Maricarmen.

Las natillas de la paz

Maricarmen se hizo con los medicamentos en la farmacia. Volvió entonces a su casa, donde preparó unas natillas caseras. En el plato vació varios de los comprimidos que había adquirido en la farmacia un poco antes antes. Coincidió que ese día, la hija pequeña del matrimonio avisó de que no iba a ir a comer a mediodía. Maricarmen vio la oportunidad de cargarse a su marido en ese ratito de intimidad del que iban a disfrutar.

Inundó las natillas con mucha nata, para intentar camuflar el sabor a medicamento, y se lo ofreció a su marido, que volvió a casa a mediodía. "Maricarmen, estas natillas no están buenas", le advirtió al probarlas, y no se las comió. Ella no se tomó muy bien que le despreciase el postre y, al mismo tiempo, la fastidiase su proyecto de envenenarlo. Pero tenía un plan B.

Aprovechando que la hija pequeña no iba a pasar por casa a mediodía, Maricarmen le propuso a su marido pasar un rato íntimo, los dos solos. Darse un baño relajante, con música suave, con velas que ella misma había preparado, con un par de copas de cava. Qué mejor terapia de pareja que esa. 

"Sal, que te voy a secar"

En la bañera se metieron juntos, pero A. ya estaba con la mosca detrás de la oreja. Por eso sólo bebió un sorbito de la copa que Maricarmen le había preparado. Aquello acabó de sentar mal a su mujer, que tras otra discusión, decidió salir del baño. Se secó y le ordenó a su marido que saliese él también, que lo iba a secar. 

Y en efecto, casi lo deja seco. Cuando el hombre salió, desnudo y con el cuerpo mojado, ella le dijo que permaneciese de espaldas. Fue entonces cuando lo rodeó con una toalla y lo hizo caer al suelo. El hombre se pegó un fuerte golpe con el radiador al precipitarse. Con su marido derribado, Maricarmen agarró la botella de cava y se la estampó en la cabeza, mientras él se la cubría con las manos para intentar protegerse. Al intentar huir se clavó varios cristales de la botella rota. Intentaba salir del baño a la desesperada, pero entre que el suelo resbalaba y que su mujer le atizaba con otro objeto contundente introducido en una bolsa de plástico, le estaba resultando imposible librarse de la golpiza.

Los vecinos de su calle todavía permanecen en shock DLF

A. consiguió finalmente llegar al descansillo, pero Maricarmen le dio alcance, se tiró encima de él y lo volvió a derribar. Todo esto sucedió en el piso de arriba. A. se lanzó entonces escaleras abajo, resbalando, buscando la puerta de salida. Se percató entonces de que Maricarmen había ido a la cocina y que abría los cajones. Estaba armándose con cuchillos. El hombre cambió entonces de idea y optó por refugiarse en la habitación de su hija pequeña. Desde allí la llamó, para advertirla de que su madre le estaba intentando asesinar. Le pedía a su hija que acudiese cuanto antes, porque ella tenía llaves y podría abrirle a los Mossos d'Esquadra, que ya estaban en camino porque él los había avisado.

Desnudo y pidiendo ayuda

Cuando llegó la policía, A. permanecía desnudo en la habitación, sangrando y pidiendo ayuda por la ventana. Tenía tanto miedo que no se atrevió a abrir la puerta, aunque era la policía la que se lo pedía. Los agentes acabaron echando la puerta abajo y se encontraron al hombre desnudo, herido y en estado de shock. 

Maricarmen fue detenida e ingresó en prisión. En el juicio lo negó todo. Reconoció que llenó las natillas de medicamentos, pero que se las iba a comer ella. Que no le gustó el sabor y las tiró a la basura. Que fue su marido el que la agredió en le bañera y ella la que salió huyendo. Y que sí, que fue a la cocina a coger unos cuchillos. Pero que su verdadera intención era quitarse ella misma la vida, tal y como había intentado en otras ocasiones. 

El juez no se ha creído la historia y la Audiencia Provincial de Lleida ha condenado Maricarmen De la Rubia a 3 años de cárcel y a pagarle a su marido 3.210 euros por las lesiones y otros 5.000 por las secuelas. Además, no podrá acercarse a más de 200 metros de su marido durante un periodo de 5 años.

En el entorno de la pareja siguen conmocionados. En la misma sentencia se recogen declaraciones de familiares, de amigos íntimos y hasta de un monje budista que les intentaba ayudar en sus crisis matrimoniales. Todos confiesan que han descubierto ahora los problemas de Maricarmen con su marido. Que creían que todo iba bien, incluso en cuestiones económicas. Y mientras, en el barrio, no se habla de otra cosa: "Parecían un matrimonio ejemplar", repiten todos los vecinos.