Pepe Barahona Fernando Ruso

La fascinación por los pies de mujer habita en Nacho desde que tiene uso de razón. De niño, pedía a las amigas de su madre que le dejaran tocarlos, olerlos, masajearlos; se metía con ahínco en los parques de bolas con el único propósito de ver al resto de chiquillas descalzas; le atraían tanto que disfrutaba con solo admirarlos. Lo cuenta hoy después de años de silencio, de desechar relaciones en función de lo bellos o no que fuesen sus empeines, del olor, de la presencia de durezas o callos o de la forma de los dedos.

Desde hace cinco años no le importa reconocer que es fetichista de pies, y este fin de semana tiene una cita: la fiesta de la Spanish Foot Fetisch, el mayor encuentro mundial de quienes, como él, sienten excitación al ver, chupar u oler los pies de ellas.

El pie perfecto, para Nacho, huele con cierta mesura, tiene los tobillos finos, los dedos bien formados y las uñas lacadas. A sus 44 años, trabaja como recepcionista en un hotel de la Costa del Sol y hace poco que ha empezado una relación con una chica que conoce, entiende y corresponde su fetichismo.

No siempre ha sido así. Recuerda amoríos en los que ella reaccionaba extrañada al ver cómo él se excitaba al lamerle los pies. “O se reían, cosa que me cortaba mucho el rollo”, explica el malagueño, un tipo moreno, de buena planta. “Y no lo considero algo malo —puntualiza Nacho sobre su parafilia—; al contrario, me encanta, me fascina ver unos pies bonitos, que pueda tocarlos, tener el placer de chuparlos, masajearlos…”.

—¿Por qué los pies?

—Representan la belleza de la mujer. Por muy guapa que sea, si no tiene los pies bonitos automáticamente deja de atraerme.

Nacho Sol tumbado en el suelo practicando 'trampling'. Fernando Ruso EL ESPAÑOL

La agenda de Nacho pasa este sábado por Málaga, la ciudad que acoge la fiesta de la Spanish Foot Fetisch, una asociación que promueve la divulgación y la normalización del fetichismo de pies, una parafilia que se da casi en exclusiva en hombres. Se espera que 120 personas, 60 fetichistas y otras 60 mujeres receptoras de las acciones de éstos, se citen en la capital de la Costa del Sol. Llegarán de Italia, Francia, Alemania, Portugal o Marruecos, también de otras partes de España. Y ya no hay plazas, se agotaron a finales de marzo.

En las 11 horas que dura la fiesta, hay programados desde juegos ‘erótico-podales’, a talleres de danza de seducción con los pies a shibari podal, el arte japonés de la atadura erótica, o desfiles de mujeres descalzas sobre una enorme alfombra de hombres tumbados bocarriba, conocido en el argot podofílico como trampling.

El mayor encuentro del mundo

“No existen fiestas así en el mundo”, explica Sergy Martín, el organizador del encuentro, un malagueño de 54 años y empresario de alquileres turísticos. “A raíz de nuestros eventos han surgido otros, pero nunca tan numerosos; además, en nuestra cita, aunque no sea gratis, no se hace fetichismo de pago, la gente viene a jugar”, detalla el también presidente de la Spanish Foot Fetisch, también fetichista de pies.

Cuenta Sergy que la idea de organizar este encuentro de podofílicos surgió como respuesta a una frase muchas veces repetida en las redes sociales y en diversos foros de esta temática: “No encuentro a nadie con quien hacer fetichismo de pies”. “Yo pensé que si había fiestas de BDSMBondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo— o de swinger —intercambio de parejas— por qué no íbamos a crear una de fetichismo de pies”, relata el organizador.

Existían precedentes, en Brasil y otros países de Latinoamérica, pero siempre de pago. “Se pedía una pasta gansa, y con la entrada se incluía la posibilidad de ‘jugar’ con una chica, que cobraba por estar allí, durante diez o quince minutos”, cuenta. “En nuestra fiesta todos pagan, hombres y mujeres, pero es para los gastos del local, la comida, la bebida… no hay fetichismo de pago”, subraya. “Queremos que se hable de esto, que se naturalice, que no sea un tabú”, reclama.

Sergy Martín, organizador del evento anual de la Spanish Foot Fetish que reúne a más de un centenar de fetichistas de pies de hasta seis nacionalidades distintas. Fernando Ruso EL ESPAÑOL

“No es raro ver una serie de Netflix en la que no haya una escena en la que un pie acabe en la boca de alguien; ese es un ejemplo de que se está naturalizando, que se le está dando dignidad a esto”, explica Sergy.

El fetichismo está presente en el cine, en las series y en los videoclips. De Kiki, el amor se hace de Paco León, largometraje en el que, además de aparecer en escena, uno de sus actores protagonistas, Álex García ha reconocido haber usado los pies con fines eróticos; a Madonna chupándole el pie al cantante colombiano Maluma en el audiovisual que acompaña a Medellín, canción que se incorpora en próximo disco de la reina del pop. Y hay más, de Quentin Tarantino a Naomi Campbell, Marilyn Manson o Courtney Love.

Pies, un fetiche de hombre

Según el mayor estudio de fetichismo de pies del mundo, realizado por la psicóloga y sexóloga Arola Poch con una muestra de 1.156 participantes, el footfetish —en inglés— es habitual entre los fetichistas en un 81,5% de los casos. De ellos, un 92% son hombres que se sienten atraídos por pies femeninos; un 2,49% son hombres a los que les gustan los pies masculinos; el 2,28% son mujeres que prefieren pies de mujeres; y solo el 1,76% son mujeres con predilección por los pies de ellos.

El pie perfecto para los fetichistas es, según la característica más veces nombrada, suave (68,9%), limpio (58,9%), con un arco de la planta pronunciado (48%), pequeños (42,4%), con olor (41,5%), sudados (30,1%) o dedos largos (28,8%), entre otras. También se valora que tenga las uñas pintadas (78,5%), anillos (44,3%), tobilleras (39,1%) o tatuajes (36,1%).

En cuanto a las prácticas más frecuentes, el 66,80% de los encuestados prefieren realizar footjob —masturbación con los pies en inglés—; le siguen los masajes, el andar descalzo, adorar los pies de una persona dominante, ‘gaggin’ —metérselos en la boca—, ser pisados, hacer cosquillas o ser abofeteados con los pies.

Dos fetichistas lamiendo los pies de dos chicas. Fernando Ruso EL ESPAÑOL

“Hay muchísimas cosas que se pueden hacer”, explica la sexóloga autora del estudio y autora del libro Las cosas claras (Plataforma, 2019). “Solo con verlos ya puede haber excitación; de la misma forma que la hay cuando se ven aquellas partes del cuerpo que todos consideramos como sensuales: los pechos, los genitales…”, detalla Poch. “En cambio, cuando se llaman fetichismos cuando hay atracción a pies, cabellos, ombligos o narices”, apunta la psicóloga. “Pero no hay nada anormal en excitarse con ellos”, aclara.

Se considera fetichismo a la atracción sexual hacia objetos o partes del cuerpo que no son las genitales o primarias relacionadas con lo erótico. La Real Academia Española ya introduce en su definición el término “desviación sexual”. Según la sexóloga, todavía se desconoce si es una cualidad innata o algo que se adquiere mediante procesos conductistas que relacionan determinados fetiches al placer sexual. 

“No hay nada malo, hay que aceptarlo”

La experta lamenta que todavía en la actualidad se siga asociando los fetichismos a experiencias sexuales oscuras, “a prácticas desviadas, perversas o a trastornos”. “Y, normalmente, la gente que juega de manera consentida y consensuada, y hay ningún problema”, puntualiza Poch.

En su gabinete son habituales las consultas de aquellos que siendo fetichistas de pies arrastran problemas asociados a su parafilia. “Lo llevan oculto, no lo expresan, no lo viven con sus parejas de forma natural y eso les genera una serie de obsesiones, a sentirse incomprendidos, y hay quien lo gestiona muy mal”, asegura la sexóloga. “Hay quien me confiesa que le gustaría no ser fetichista —revela—, y ahí toca insistir en que no hay nada malo en serlo, que hay que aceptarlo y vivirlo con naturalidad”.

“He oído a hombres que se fijan en los pies de una mujer antes que en su cara u otros que se ofenden cuando sus parejas creen que se excitarán por el mero hecho de verles los pies”, detalla Poch, que defiende que los fetichismos son unos añadidos más a las relaciones.

La psicóloga y sexóloga Arola Poch ha llevado a cabo un estudio sobre fetichismo de pies con 1.156 participantes. Fernando Ruso EL ESPAÑOL

—¿Por qué apenas hay mujeres fetichistas de pies?

—Tradicionalmente, la sexualidad de la mujer se limitaba a fines reproductivos. No teníamos deseo, no teníamos placer sexual. Poco a poco, estamos ganando nuestro espacio y estamos dejando vía libre a desarrollar nuevas formas de excitación, también con fetichismos. Por ejemplo, en ellas es más habitual el fetichismo de manos.

Ghalia calza un 36 y sus pies son la delicia de muchos fetichistas de la costa malagueña. Es dómina, se dedica también a la dominación en prácticas BDSM. Su negocio, Dómina Ghalia, lleva tres años recibiendo visitas aunque su experiencia se alague a casi 10 años.

La dómina no olvida a su primer cliente fetichista de pies, que todavía a día de hoy sigue requiriendo sus servicios. “Se vuelve loco, completamente loco con los pies”, explica asombrada Ghalia, argentina, aunque residente en España desde hace 20 años.

“Su cambio es radical, se queda rendido en el suelo a merced de lo que se le ordene —confiesa—; porque en este caso, además de ser fetichista también le gusta la sumisión”. “Es ponerle los pies en el pecho y su corazón se revoluciona a mil por hora, lo siente muchísimo”, desvela.

Este servicio tiene un precio de 60 euros a la media hora; 100 si la sesión se alarga hasta la hora. “Normalmente suele pedirse más dinero”, aclara. En ese tiempo la dómina recibe masajes o guía a su dominado durante la adoración de sus pies. En su caso, no se presta a hacer masturbaciones con los pies a sus clientes, aunque ese servicio sí lo ofrezcan otras dos chicas que trabajan con ella. “Es una elección personal”, apunta Ghalia.

Orgasmos que pasan por los pies

“Lo normal es que los clientes lleguen al orgasmo —cuenta la argentina—; que se consigue de diferentes maneras: o bien se lo hace él mismo interactuando con mis pies o prefiere a chicas que hagan footjob. La mayoría suele aceptar lo que hay; otros, si le das a elegir, prefieren la segunda opción”.

José, descansa sobre una alfombra, rodeado de pies femeninos. Fernando Ruso EL ESPAÑOL

“Lo más frecuente es que el cliente quiera lamer el pie, chuparlo, masajearlo y poco más”, añade. “Hay personas a las que no les interesa ni masturbarse ni nada de eso, simplemente sienten atracción y ya está, no quieren más”, zanja.

En su local, separado en múltiples espacios donde se realizan todo tipo de prácticas BDSM, se celebrará la cita de la Spanish Foot Fetisch en Málaga. Entre cadenas, brazaletes y collares y máscaras de cuero hay una colección de zapatos de tacón de diferentes tamaños. 

Aunque el fetichismo de pies y el de zapatos sean diferentes parafilias, existe una exigua línea que los separa. Según el estudio de la sexóloga Poch, un 67,5% de los podofílicos también sienten atracción hacia el calzado. Y, en este punto también hay preferencias: los tacones altos son la segunda opción más valorada; el primer puesto lo ocupan las sandalias, que dejan al descubierto gran parte del pie.

Nacho es de los que disfrutan los paseos por la playa de Málaga en los meses de estío. “En verano vas andando por el paseo marítimo y todas las chicas van con sandalias, hay veces que miro tanto al suelo que me llego a rallar —confiesa el fetichista—; pero no creo que sea nada malo porque controlo, no es algo que me supere”.

“No me preocupo, al contrario, me encanta; y a las parejas que he tenido también les ha hecho gracia, no me he encontrado a ninguna que me haya tildado de enfermo”, recuerda. “Y eso que si por mí fuera, me tiraría a los pies de la chica que me gusta —zanja—; pero no puede ser, hay que controlarse”.