Emilio Titos, durante casi 40 años, ha pasado prácticamente desapercibido. Ha sido (y es) el director general de Mercedes-Benz en España y de la planta que tiene la firma alemana en Vitoria. Tiene a su cargo a 3.500 empleados (de los aproximadamente 300.000 de la compañía) y es el responsable de generar otros 20.000 indirectos. Pero nunca ha sido noticia o adquirido relevancia. Ha hecho su trabajo, sin más, lejos de los focos y ajeno a los titulares de prensa. Sin embargo, este lunes, inevitablemente, se ha visto en televisión junto a su hijo. ¿El motivo? La Fiscalía de Alava ha pedido 15 meses de cárcel para cada un delito de conducción temeraria, así como que no puedan conducir en los próximos tres años y medio.

 

Según la acusación de la Fiscalía, ambos circulaban el 23 de septiembre de 2016, a las 16:15 horas, por una carretera comarcal en Peñacerrada (Alava) a una velocidad superior a la permitida –o, en todo caso, no “idónea”. Y, en un tramo de curvas, el vehículo de uno de los acusados hizo un adelantamiento a gran velocidad al turismo de Alejandro Ormazabal, el denunciante, obligándolo a frenar bruscamente, con las consiguientes consecuencias:provocó que saliera de la calzada y chocara contra un terraplén, quedando el Ford Mondeo en “siniestro total”. 

Padre e hijo llevaban dos coches de la firma Mercedes de 500 caballos de potencia traídos a Vitoria para una jornada de puertas abiertas de la firma alemana. Por eso, decidieron probarlos antes de exhibirlos. Eligieron para hacerlo una carretera con bastantes curvas, en el puerto de Herrera, donde poder disfrutar de la velocidad y del dinamismo de los modelos. Pero, en ningún caso, según el testimonio de Emilio Titos, lo hicieron para molestar y contra las reglas, sino para “dar un paseo”. “No era una competición”, explicaron ambos. 

Emilio Titos, director general de Mercedes-Benz junto a su hijo en el juicio.

Sin embargo, una testigo, conductora de un todoterreno, coinciden con la versión de Alejandro Ormazabal. En el juicio, ha reconocido que los dos vehículos conducidos por Emilio Titos y su hijo iban a una velocidad inadecuada, que adelantaban en su “paseo” de forma inadecuada, “a toda pastailla” y que pasó miedo al verlos pasar por la carretera. “Todos llegamos a la misma conclusión, que el accidente fue provocado por esos vehículos que iban demasiado rápido para esa vía”. Para ella, circulaban como si estuvieran haciendo una carrera. 

Ante esa circunstancia, Alejandro Ormazabal, el conductor cuyo coche quedó en “siniestro total”, denunció. Con lesiones en la mano, esperó meses después para denunciar a los Titos, llevándolos al banquillo. Antes, eso sí, intentó hablar con ellos, pero Emilio se negó aludiendo que no quería “entrar al trapo” ni aceptar ningún “chantaje”. Quiso hacerlo en una bodega de La Rioja, pero no le quedó otra que interponer la denuncia. 

En un primer momento, la Fiscalía pidió dos años, 12.000 euros y la retirada del carné para los Titos por conducción temeraria y por la no omisión de auxilio. Alejandro Ormazabal, que se conoce a la perfección la carretera donde ocurrió el accidente, aludió que, tras salirse de la calzada, lo dejaron allí solo, sin ayudarle, conduciendo a una velocidad a todas luces inapropiada. 

Sin embargo, el fiscal, en la apertura del juicio, ha rebajado su petición de pena de 2 años a 15 meses, mientras que la acusación particular la ha mantenido en dos años, así como la retirada del carné por tres años y seis meses. Lo que sí se ha retirado es la acusación de omisión del deber de auxilio por un defecto en la tramitación del proceso. 

Emilio Titos, durante una visita de Soraya a la fábrica de Vitoria.

Ingeniero ‘alemán’ made in spain metido en problemas

Su posible condena no es el único problema que le atañe estos días a Tito. Muchos de sus empleados, aprovechando el juicio, han acudido a las puertas de la Audiencia Provincial de Alava para protestar por los despidos que está llevando a cabo Mercedes-Benz en su planta de Vitoria. “El Sr. Titos puede evitar la condena demostrando su inocencia”, pero “sus despedidos no, ya los han condenado”, escribían. 

Es, probablemente, uno de los peores momentos de Emilio como director de Mercedes Benz. Hasta ahora, todo habían sido éxitos y buenas noticias. Nacido en Piñar (Granada, 1955), emigró, junto a su familia, cuando apenas tenía 12 o 13 años, a Alemania. Estudió en Wuppertal y, en 1928, entró a formar parte del grupo Daimler (empresa de automoción). Desde entonces, ha ido desempeñando puestos en la firma alemana Mercedes hasta alcanzar el de director general en 2008. “Yo quería llegar a ser lo que soy”, reconocía en una entrevista personal sobre el liderazgo. Y lo consiguió. 

Lo que nunca supo, ni adivinó, es que el mundo del motor, su gran pasión, también lo fuera a llevar al banquillo. Ya sea porque iban “dando un paseo” (su versión) o porque estuviera “corriendo” (la versión del denunciante) para ganar una competición familiar. Todo eso lo dilucidará el juzgado. Lo cierto es que él, el hombre anónimo de Mercedes, ha pasado a primer plano a la espera de ver qué ocurre.

Emilio Titos y su hijo, en el juzgado. EFE