No se puede trabajar como funcionario público si no se habla catalán. No se puede trabajar de interino si no se tiene un nivel mínimo de catalán. El idioma oficial en los colegios es el catalán. El idioma vehicular de la administración es el catalán. Los dominios de internet de la administración son .cat. Sólo los medios en catalán optan a subvenciones. El gobierno edita y envía a los hoteles unos folletos destinados a que el turista aprenda catalán. ¿Está pasando en Cataluña? No, en Baleares.

Ya se conoce como el ‘Procés balear’. En los últimos años, el archipiélago está siendo el principal objetivo del ‘pancatalanismo’. Es decir, de la doctrina que defiende que es Cataluña todo territorio donde se hable catalán, incluyendo a Baleares, Valencia, Rosellón, una parte de Aragón y hasta un trocito de Cerdeña. Y para este expansionismo pancatalán, Baleares es la joya a incorporar. A efectos prácticos es un paraíso que concentra gran parte del turismo español. A efectos románticos significa arrebatar a los Borbones su lugar de descanso.

Pero este sobrevenido catalanismo balear no es un movimiento ‘de abajo arriba’. No es un clamor en las calles. De hecho, sólo un 39% de los baleares usan el catalán como lengua vehicular. No viene de ahí, de la sociedad. Las directrices llegan desde arriba. Los ideólogos están en el gobierno: una coalición de nacionalistas y socialistas que, para muchos, está creando un caldo de cultivo similar al de hace unos años en Cataluña. “Están abonando el terreno para crear aquí otro Procés”, cuenta Toni, propietario de un hotel.

El catalán por obligación

Una concentración independentista en Palma de Mallorca

Este independentismo balear no tiene nada de histórico; es reciente. De hecho, ha subido las revoluciones en los dos últimos años, que es cuando se han acometido las reformas más severas en favor del idioma catalán y en detrimento del castellano. En 2016 se aprobó que el idioma dejase de ser un mérito para los funcionarios públicos y pasase a ser una obligación. En 2017, la obligatoriedad se extendió también a los interinos.

Las consecuencias han sido, cuanto menos, controvertidas: médicos que se marchan de las islas porque no conocen el idioma; profesores que hablan varios idiomas pero se tienen que largar porque el catalán no lo dominan, plazas públicas vacantes por falta de candidatos idiomáticamente correctos… e incluso colegios con problemas de higiene porque el gobierno exige que la persona que quiera optar a limpiar las aulas, tiene que saber catalán.

El idioma está siendo el principal caballo de batalla de los nacionalistas en Baleares. Pero no es el único indicio de la penetración del independentismo catalán en las islas. Detalles en la educación, en los medios de comunicación, en el turismo o desplantes del propio gobierno balear hacia símbolos españoles como la Constitución, ponen de manifiesto  que Baleares se está ‘procesizando’. Y dicho proceso es de manual.

Manipulación en la educación

¿Cómo se inicia un proceso de adoctrinamiento masivo? Obviamente en las escuelas. Las nuevas generaciones son el principal target del catalanismo  Actuar en la educación es fundamental para sembrar una serie de conceptos que tienen que dar sus frutos con los años. El diputado de Ciudadanos Xavier Pericay es una de las personas que más ha denunciado los excesos del nacionalismo catalán en las aulas baleares. “Encargamos un informe a Anaya. Detectamos por ponerte un ejemplo que, en 1º de bachillerato, se están explicando materias con un marco histórico falso y los hechos absolutamente tergiversados”, revela, coincidiendo en el diagnóstico: “El objetivo de esto es legitimar la doctrina general: el catalanismo y el nacionalismo”.

“Es parte de un proceso ‘imperial’ catalán en el que han metido a Baleares y la Comunidad Valenciana”, prosigue Pericay: “Por el idioma que tenemos ya formamos parte de ese universo que quieren legitimar que son los Països Catalans”. Para alcanzar esa meta, es importante el concepto de inmersión lingüística que tan buenos resultados dio en Cataluña: “La inmersión es obligatoria en toda la escuela pública y parte de la concertada”.

Xavier Pericay, de Ciudadanos, ha denunciado la discriminación del castellano en Baleares

La inmersión lingüística en la educación viene a significar que el catalán es el idioma oficial en los centros de enseñanza. El catalán, no el balear. Se imparte clase con los estándares de la lengua que se habla en Cataluña y no en las islas. Si a todo eso se le suma la introducción en la enseñanza de conceptos pancatalanistas que además han sido auditados como “falsos y tergiversados”, se desarrolla el caldo perfecto para que toda una generación se convierta en el cimiento del Procés que está por venir.

Hablar catalán para barrer las aulas

Pero tal vez el lugar donde más se está notando esta radicalización del catalanismo en Baleares esté siendo en la administración. En los trabajos públicos. Los funcionarios tienen, desde hace 2 años, la obligatoriedad de hablar catalán. Eso ha llevado a situaciones disparatadas: los institutos de Palma sufren carencias de personal de limpieza, pero los candidatos que optan al puesto son descartados si no saben catalán.

 “También hay plazas vacantes para doctores, pero hay médicos que se tienen que ir de aquí por no hablar el catalán”, cuenta Jorge Campos. Él es la persona que fundó, en 1999, una plataforma llamada Círculo Balear. Se ha dedicado durante todo este tiempo “a denunciar los abusos del catalanismo en Baleares. Hemos presentado más de 2.300 quejas en educación”, resume. Ahora se han integrado en VOX.

En el IES Santa María de Ibiza hay problemas para encontrar personal que limpie las aulas por cuestión de idioma

“El año pasado se tuvieron que marchar de Baleares 20 familias por la cuestión del idioma. La situación es crítica: es imposible matricular en castellano a un niño en la escuela pública”; critica Campos, que además repara en que “todos los dominios de la administración local son .cat; como si fuésemos de verdad parte de Cataluña. Con la manipulación en la educación, con la inmersión lingüística y todo lo demás, ya hay una generación de niños que creen que son catalanes de Mallorca, catalanes de Ibiza… en lugar de baleares y españoles”, concluye.

Turista, aprenda catalán

Pero tal vez el máximo exponente del esperpento haya sido la campaña promovida desde el Govern balear respecto a la principal fuente de ingresos del archipiélago: el turismo. Este año decidió imprimir unos folletos y enviarlos a los hoteles. Una especie de pequeño manual del catalán de superviviencia. Unas microclases de idioma para los turistas que pasan en las islas un par de semanas y que no van a tener ningún problema para que les entiendan en inglés o alemán. Unos folletos que tal vez nadie necesitaba y que están pagados, obviamente, con dinero público.

El primer empresario que alzó la voz contra este dislate fue Enrique Grauches, propietario del Hotel Araxa de Palma de Mallorca. “Cuando me llegó todo este material me dirigí a ellos para pedirles que se llevasen todo eso de aquí, que pensaba tirarlo a la basura porque es el sitio donde tiene que estar una cosa de estas. En la basura. Nunca me contestaron”, afirma. De hecho, desde la Federación Hotelera de Mallorca recomendaron a los propios empresarios del sector que no cogiesen dichos folletos.

Una de las tarjetas repartida por el Govern en los hoteles para que los turistas aprendan catalán

Grauches cree que “la mejor política lingüística es la que no existe. Yo hablo cuatro idiomas: español, mallorquín, inglés y sueco. Y chapurreo tailandés. El lenguaje debería ser la herramienta del ser humano que nos distingue de los animales, no un arma para tirarnos piedras”. Define el catalanismo en las islas como “un tsunami que viene de lejos. Se veía venir, pero aquí los que mandan tragan por dinero. En todo esto hay mil intereses ocultos”.

Medios y política

Se quejan los que se oponen a esta catalanización de que “están empezando a controlar los medios como en Cataluña. Sólo se opta a subvenciones si eres un medio que piblique en catalán o, como mucho, seas bilingüe”, apunta Pericay, que todavía respira aliviado porque el catalanismo en los medios públicos “todavía no es muy evidente”. Cataluña también pasó por esa fase. Una etapa en la que no se entrevistaba en la radio pública a terroristas como Fredi Bentanachs, no se le daba cateforía de héroe y se referían al terrorismo como lucha armada. Al tiempo.

Concentración independentista en Palma.

Y en política, la situación es un reflejo de lo que se está viviendo en la sociedad. Por un lado, el sector más catalanista (liderado curiosamente por los socialistas) radicaliza su postura. La presidenta Francina Armengol no fue al acto de homenaje para conmemorar los 40 años de la Constitución Española. Y en el otro extremo, las posturas contrarias al pancatalanismo imperante se endurecen. Sin ir más lejos, VOX ha incorporado a sus filas al militar Fulgencio Coll. Fue Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra durante la época de Zapatero. Ahora acaba de ser nombrado número 1 de la formación de Abascal en Mallorca: “Estoy con ellos porque son los que más dfienden la democracia”, declaró en una entrevista a El Mundo.

Conclusiones

En Baleares se ha iniciado un proceso de catalanización que parece irreversible. Las fuerzas nacionalistas apoyan a los socialistas a cambio de que imponga el catalán en el archipiélago. Funcionariado, educación, instituciones públicas y hasta el sector económico estrella se han visto salpicados por esta deriva.

Pero esa maniobra no responde a una demanda de la sociedad. Sorprende esta insistencia con el catalán, cuando tal vez no sea ni el segundo idioma más hablado en las islas. Es el idioma vehicular de solamente un 39% de los habitantes. Por tanto, más del 60% habla castellano. Pero además, el elevado índice  de turistas y extranjeros afincados en las islas hace que el inglés sea la segunda lengua más hablada de facto. Por otra parte, la numerosas comunidad germana hace que el alemán sea el lenguaje vehicular en muchos sectores especialmente de Mallorca.

¿Por qué entonces esta obsesión por catalanizar? Jorge Campos lo tiene claro: “El independentismo es una industria millonaria. Te sorprendería ver la cantidad de asociaciones que se posicionan ahí para que les caigan las subvenciones del erario público. Porque lo que está claro es que un movimiento así, sin subvenciones, no cuaja”. Y sin ánimo de ser agorero, advierte: “Como no actuemos pronto, en cinco años vamos a estar en Baleares igual que están ahora en Cataluña”.