Pepe Barahona Fernando Ruso

A Consolación le dio un infarto y ella no lo sabía. Llevaba la mañana sintiéndose rara, achacando al calor la falta de aire, con el cuerpo lívido. Pensó que le convenía dejar la fregona y darse una ducha con la esperanza de que su ánimo remontaría, pero no. Camino al cuarto de baño sintió un abrupto e intenso dolor en el pecho. Apenas acertó a sentarse en una silla y dejó pasar los minutos sin poder moverse. Ahogada y empapada en sudor, recuperó el aliento tras cinco agónicos minutos. “¡Qué mal cuerpo, chiquillo!”.

Volvió a levantarse para darse la pretendida ducha. Estaba pálida, agotada. Nada más salir del cuarto de baño, todavía con la toalla anudada en el pelo, el dolor regresó. “Alejandro, baja, que me estoy poniendo muy malita”, le gritó a su hijo de 16 años, el único que estaba en casa. Juntos se sentaron en el sofá. Apenas podía reclinarse del penetrante dolor en el pecho. “Yo no sabía lo que era un infarto —razona Consolación—; ahora lo sé, y ese venía fuerte, directo a por mí, como un toro de Miura”.

Estaba otra vez empapada, sin parar de sudar. De nada servía el soplo de aire acondicionado dirigido hacia ella. Hasta el perro, un podenco llamado Bobby, sintió el miedo en las voces de Consolación y su hijo y apenas se separó de ellos. Él le proponía llamar a una ambulancia; ella se resistía. “No va a llamar una a un médico por cualquier tontería”, le insistía a su hijo.

Consolación sufrió un infarto mientras barría. Foto Fernando Ruso

Cinco minutos después del segundo ataque, viendo que no se le pasaba, Consuelo claudicó y Alejandro llamó al 061. Él todavía no lo sabía, pero le estaba salvando la vida a su madre.

Se apagaba como una vela

“Me asusté, ella estaba pálida y la respiración se le apagaba como una vela”, reconoce el joven, un tipo parco en palabras que muy nervioso atinó a responder las preguntas que le hacían al otro lado del teléfono. ¿Antecedentes de infartos? No. ¿Colesterol alto? No. ¿Fuma? Sí. ¿Le pincha en el pecho? No. ¿Le duele el brazo izquierdo? Tampoco.

Consolación cuenta que no tenía miedo a morir, temía mucho más al dolor; y que jamás se le pasó por la cabeza que pudiera tratarse de un infarto. Cuando los sanitarios llegaron a su casa, en Utrera (Sevilla), le confirmaron lo que no imaginaba. “Un infarto severo, tienes obstruida la coronaria principal —siguieron los médicos—; vamos de urgencia para el quirófano para ponerte un stent”.

La cardióloga Mónica Fernández se guía por los monitores durante el cateterismo. Foto Fernando Ruso

De la prisa, Consolación dejó en casa hasta los zapatos. Apenas una hora después, ya estaba fuera de riesgo. La paciente estuvo consciente durante todo el tiempo que duró el cateterismo. Los médicos le explicaban en las pantallas que su corazón tenía un problema de fontanería, “una cañería estaba atascada”, resume la de Utrera. A las puertas del quirófano, la doctora Mónica Fernández Quero, la cardióloga intervencionista del hospital Virgen del Rocío que le colocó el stent —un muellecito que desatasca la arteria obstruida— le dijo: “Te hemos salvado la vida”.

Días después, la doctora explica a EL ESPAÑOL que el de Consolación es un caso de manual. “Las mujeres no saben reconocer un infarto”, sentencia. “Y hay muchas que mueren en la cama, porque creen que echándose a descansar se les pasará el dolor”, cuenta la cardióloga.

Infartos que se confunden con ansiedad



Según un estudio llevado a cabo por la Escuela Andaluza de Salud Pública, de 1.416 encuestas realizadas a pacientes que habían sido atendidos por infarto agudo de miocardio en centros sanitarios, los motivos que se encontraron para que la mujer no prestara atención a los primeros síntomas de un infarto eran “desconocerlos o confundirlos con ansiedad o angustia y anteponer el terminar la jornada laboral, realizar las tareas domésticas o no desatender a personas que tienen a su cargo”.

La doctora Mónica Fernández Quero, cardióloga del hospital Virgen del Rocío. Foto Fernando Ruso

Las enfermedades del sistema circulatorio son la principal causa de muerte en España. En 2016, último año del que hay cifras en el Instituto Nacional de Estadística, fallecieron 64.471 mujeres y 55.307 hombres por este motivo. Ellas, un 6% más que ellos. Del total de enfermedades del corazón, 9.009 hombres murieron de infarto agudo de miocardio por 5.899 mujeres (el 34%). En la evolución de las curvas de ellos y ellas se hace evidente un acercamiento en las estadísticas desde 1980, cuando los morían por las mismas razones 13.774 hombres y 6.702 mujeres (el 48%).

Pese a una menor prevalencia en ellas, los infartos en las mujeres son de mayor gravedad y provocan más mortalidad, entre otras cuestiones, por la edad media a la que se ven afectadas (70 años en ellas de media frente a 60 de ellos) y, sobre todo, por la falta de información para saber reconocer un infarto, lo que se traduce en minutos hasta que se da la voz de alerta. 46 minutos tardan ellos en llamar a los servicios de Emergencias por los 59 de ellas.

“En el infarto agudo de miocardio, el tiempo es músculo”, explica la doctora Fernández Quero a este periódico. “Hay que actuar rápidamente porque a medida que pasan los minutos y sigue la obstrucción arterial, la sangre no llega al corazón y se van muriendo las células miocárdicas”, recomienda la cardióloga, que señala los síntomas que deben indicar a las mujeres que están ante un infarto.

“La mujer debe aprender que cuando tenga dolor en el pecho, sensación de falta de aire con sudoración o mal cuerpo debe llamar al 061, que es el que puede hacer el diagnóstico y facilitar el tratamiento de cateterismo urgente lo antes posible”, detalla la doctora.

Dolor, falta de aire y nauseas

El infarto es más frecuente en hombres y su presentación es mucho más característica que en la mujer. Los síntomas en el hombre suele ser un dolor opresivo en el centro del pecho que se acompaña de sudor, fatiga, nauseas, irradiación al brazo izquierdo; en las mujeres los síntomas cambian, es habitual la falta de aire, las asfixias, mareos, sensación de mal cuerpo, nauseas y no siempre hay irradiación al brazo izquierdo; también puede haber dolor en el estómago o en el cuello.

El catéter va desde la muñeca hasta el corazón. Foto Fernando Ruso

Esta presentación, entendida como atípica, confunde incluso a los sanitarios de los centros médicos dado que, según explica la cardióloga, “la sospecha ante el infarto es mucho menor en el caso de las mujeres” y tiende a “confundirse con ansiedad o con dolores de estómago”.

Biológicamente, la mujer está mucho más protegida a los infartos por los estrógenos, las hormonas que producen ellas en edad fértil. “Clásicamente, la sospecha es tan baja porque hasta que no se entraba en la menopausia apenas se tenía riesgo —apunta la doctora Fernández Quero—; pero esto ha cambiado, en parte, porque la mujer ha ido adquiriendo hábitos tóxicos de vida como la mala dieta, tabaquismo, estrés laboral o demás excesos fuera de casa”.

Consolación, la mujer de Utrera que sufrió el infarto, se recupera en su casa del susto. Lleva desde entonces sin fumar y tiene claro que debe bajar de los cien kilos. “Y tomar medicación de por vida”, apunta a sus 48 años de edad.

En su caso no hay antecedentes de infartos en la familia, tampoco colesterol LDL —el llamado colesterol malo— ni azúcar en los últimos análisis. Sí venía padeciendo una situación de estrés familiar, con ingresos hospitalarios de allegados muy cercanos. Ella achaca el infarto a eso.

Ellas y las cargas familiares

El equipo médico controlando los monitores durante un cateterismo. Foto Fernando Ruso

“Las mujeres tienen la tolerancia al dolor más alta y también tienen, socialmente o digamos con cierta tradición, cargas familiares —expone la cardióloga del Virgen del Rocío—; muchas mujeres cuando vienen con el infarto nos dicen con apuro que deben cuidar de sus maridos, de sus hijos… y anteponen a las personas que cuidan a ellas mismas”. “Es algo que debe ir cambiando, pero que sigue vigente; sobre todo en mujeres de más edad, que se preocupan más por otros que por ellas”, zanja.

—¿Machismo?

Totalmente. Parte de la desinformación que existe sobre la mujer y los infartos es porque a ellas no se les incluía en los estudios, o se les incluía en muy baja proporción. Por eso todo es más desconocido. Por eso sigue habiendo lagunas.

Su consejo es llamar al 061 sin duda. Pero ¿cuándo?

Hay que tener claros cuáles son los indicios de infarto en una mujer. Según la campaña ‘Mujeres por el corazón’ de la Fundación Española del Corazón, estas señales son: Uno. Presión incómoda en el pecho o sensación de dolor en el centro del pecho que puede durar unos minutos, o bien desaparecer y volver a aparecer. Dos. Dolor en uno o ambos brazos, en la espalda, el cuello, mandíbula o estómago. Tres. Falta de aire acompañada o no de dolor en el pecho. Cuatro. Sudor frío, nauseas o mareos.

Para corregir esa desinformación y conscientes de que un diagnóstico a tiempo salva vidas, en Andalucía, la Consejería de Salud ha implementado la campaña ‘Corazonadas de vida’, que se desarrolla durante 2018 gracias a la colaboración de asociaciones de mujeres, de pacientes y usuarios y de organismos como el Instituto Andaluz de la Mujer.

Hábitos de vida saludables

De forma paralela a esta iniciativa, en la Comunidad de Madrid también se viene desarrollando la campaña ‘Mujeres por el corazón’, amparada por el cardiólogo Príncipe de Asturias de Investigación y director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), el doctor Valentín Fuster. En su página web se recoge información específica sobre los infartos en mujeres, así como consejos para mantener unos hábitos de vida saludables.

Un helicóptero del 061 en la base del servicio de emergencias sanitaria de la Isla de la Cartuja (Sevilla). Foto Fernando Ruso

Entre las recomendaciones de alimentación está incluir en la cesta de la compra alimentos como el pescado azul, el aceite de oliva, las legumbres, los cereales integrales, los lácteos desnatados, los frutos secos, verduras, hortalizas y frutas. Y sacar la sal, la bollería, las carnes rojas, alimentos procesados y embutidos de la alacena.

En cuanto al ejercicio, el manual recomienda tener un abdomen plano, porque el vientre es una de las zonas en las que más grasa acumula. Sencillas rutinas como correr o hacer ejercicios de suelo ayudan a que el corazón bombee sangre. Capítulo aparte está el estrés, el saber identificar los estresores, o desencadenantes, y cómo actuar contra ellos.

“Yo sé que tendré que cuidarme, no me queda otro remedio”, confiesa con escaso ánimo Consuelo apenas un mes después de sufrir el infarto. En los días que estuvo ingresada en el hospital Virgen del Rocío, la de Utrera compartió habitación con una paisana suya que después de un infarto había seguido a rajatabla los consejos médicos, pero solo durante cuatro meses. Después volvió a fumar y siguió con los malos hábitos. Y volvió a darle un infarto.

“Yo sé que una no escarmienta en cabeza ajena”, confiesa Consolación. “Pero solo pensar que me dé otro infarto, madre mía, qué miedo —sigue—; yo no quiero pasar por esto otra vez, porque es un horror, ¡un espanto!”. Camino de la farmacia, dice adiós, enseñando una bolsa llena de cajas de medicamentos. Anda con torpeza, fatigada todavía por la recuperación y zanja: “Yo sé que nada volverá a ser igual, pero tengo suerte de estar viva para contarlo”.