Aquella mañana, la del 24 de julio de 2015, Adrián Vázquez Dos Santos no pudo ver el amanecer de Conil de la Frontera (Cádiz). Se quedó a un centenar de pasos de la orilla cuando un coche lo atropelló mientras cruzaba la carretera que daba acceso a la playa. Lo inmediatamente posterior fue rozar la muerte.

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- A los nueve días de ingresar en el hospital de Cádiz, los médicos me dijeron que le daban una hora de vida- recuerda su madre, Pilar Dos Santos-. Pero yo me negaba a despedirme de mi hijo.

Finalmente, tras pasar siete meses en coma, Adrián ha estado recuperándose durante tres años yendo de hospital en hospital y acudiendo a clínicas de rehabilitación.

Hoy, Adrián, de 28 años, no recuerda nada de su vida anterior al accidente. A lo sumo, algunos fogonazos de su infancia. Pero mínimos. Tras salir del coma, ha tenido que aprender a hablar, a caminar, a comer… “A todo”, dice la madre. “Nos entregaron un bebé al que tuve que volver a criar”.

El día del accidente, hace ahora tres años y tres meses, Adrián tenía 25 años. Había pasado una noche de fiesta en Conil con dos amigos de su pueblo natal, Lebrija (Sevilla). Celebraron que a Adrián, con estudios de Magisterio y de Publicidad y Relaciones Públicas, le habían concedido sus primeras prácticas como profesor. La noche acabó torciéndose al fundirse con la mañana.

Los padres de Adrián Vázquez, Antonio y Pilar, tuvieron una cita este pasado jueves con su letrado, Luis Romero, doctor en Derecho Penal. Marcos Moreno

Se marchó sin socorrerlo

Pero Adrián nunca llegó a pisar un aula donde le llamaran maestro. Ni la pisará, aunque la Junta de Andalucía, como en una broma macabra, le haya enviado esta misma semana -como ya lo hiciera hace un año- una carta en la que le dice que tiene plaza en un colegio de El Ejido (Almería) para incorporarse de inmediato.  

El conductor de aquel vehículo, Hilario Basallote, era un joven de su misma edad vecino de Conil. No lo conocía de nada. Tras arrastrar durante varios metros el cuerpo de Adrián sobre la luna de su coche y lanzarlo después a la carretera, se marchó sin socorrerlo.

Eran las siete de la mañana. Estaba a punto de producirse el amanecer que deseaba ver Adrián. El atestado policial dice que hasta hora y cuarto después, las 08.15 horas, Basallote no se presentó en la jefatura de la Policía Local de su pueblo. La familia de Adrián piensa que fue algo más tarde.

En sede policial, a Hilario Basallote le sometieron a la prueba del alcohol. Dio negativo. Los agentes no le practicaron la prueba del consumo de droga pese a que en ese momento ya era obligatorio en un caso de accidente de tráfico.

Ante los agentes, el conductor del coche accidentado contó que se había marchado del lugar del suceso porque temía que los amigos de Adrián le agredieran. También dijo que el atropello no fue en un paso de cebra y que Adrián cruzó por mitad de la carretera, limitada a 30 kilómetros por hora.

Aquel joven pudo volver a casa esa misma mañana. Los policías consideraron que no hacía falta detenerlo. La familia de Adrián, y sobre todo los dos amigos que estaban con él aquella noche y que fueron testigos de lo ocurrido, aseguran que el accidente se dio cuando Adrián caminaba por un paso de cebra unos metros por delante de ellos.

Meses después, una mujer que lo vio todo ya que a esa hora tomaba el aire fresco de la mañana desde la terraza de su casa, que da de frente a la playa de Conil, dijo que aquel vehículo circulaba a una velocidad altísima y que Adrián estaba donde decían sus amigos.

Los dos chicos también explicaron durante la fase de instrucción del caso que, a su juicio, el conductor del coche iba a una velocidad muy por encima de los 30 kilómetros por hora máximos que exigían las señales de tráfico.

“A mi hermano le han borrado todo su pasado, sus vivencias y sus esfuerzos, y le han dejado sin lo mejor de su futuro”, dice Antonio, hermano de Adrián. “El malnacido que lo hizo sigue sin ser responsable de nada”.

Adrián Vázquez en una imagen anterior a sufrir el accidente en Conil de la Frontera (Cádiz). Marcos Moreno

Piden siete años de cárcel y 4 millones

Jueves por la tarde. Despacho de abogados Luis Romero en la plaza de Cuba en Sevilla. En una sala con biblioteca jurídica en las paredes, se sientan sobre butacones forrados de tela grisácea Adrián, sus padres y su hermano Antonio. Su hermana Pilar no ha podido venir.

“Estamos deseosos de que se fije fecha de juicio. Se ha dilatado demasiado en el tiempo todo este caso”, dice Luis Romero, abogado de la familia de Adrián y uno de los mejores letrados de la capital andaluza. Doctor en Derecho, es profesor de Derecho Penal en la Universidad de Sevilla, en la Carlos III y en la Universidad Europea de Madrid. “Confiamos mucho en él”, dice la madre de Adrián.

En su escrito de acusación, el abogado de la familia de Adrián asegura que Hilario Basallote “ni frenó para evitar el atropello (...) ni se detuvo” tras él, “dejando a Adrián sangrando en el suelo con graves lesiones y haciendo caso omiso del deber de socorro”.

El letrado sevillano solicita tres años de cárcel para el conductor del coche por un delito de lesiones por imprudencia grave y cuatro más por el delito de omisión del deber de socorro.

Además, Luis Romero reclama una indemnización de casi cuatro millones de euros (3.945.642) para Adrián Vázquez Dos Santos y su familia por distintos conceptos: secuelas funcionales, los 1.007 días de tratamiento médico, incapacidad permanente absoluta o el lucro cesante.

Luis Romero, letrado de la familia de Adrián Vázquez, asumió el caso dos meses después del accidente. En la imagen, posa en su despacho de la Plaza de Cuba de Sevilla. Marcos Moreno

“Lo han protegido por ser próximo a IU”

En febrero de 2016, cuando Adrián despertó, habían pasado siete meses del accidente. Fue el sueño más largo de su vida. “Un mal sueño”, dice su madre, Pilar. “Más bien, una pesadilla”, puntualiza la mujer.

Desde que sucedió el accidente, la familia de Adrián siempre ha pensado que al joven que conducía el coche se le ha “protegido” por “ser hijo de quien es”, dice ahora su padre, Antonio Vázquez.

“El padre de ese chico es una persona muy cercana al ayuntamiento, que lo gobierna IU desde hace la pila de años (1995). El padre conoce al alcalde, a varios concejales y a algunos policías…”.

El letrado Luis Romero asegura que los primeros meses del proceso judicial fueron “extraños”. Después de que no se detuviera al conductor del coche, la Policía Local de Conil elevó el caso al Juzgado de Paz del pueblo, cuando debió hacerlo al de guardia de Chiclana de la Frontera, sede judicial competente.

Dicho Juzgado de Paz remitió el expediente al mixto número 3 de Chiclana a finales de agosto de 2015, un mes más tarde. Ya en septiembre, cuando Romero se hace cargo del caso después de que la familia dejara de confiar en su anterior letrado, comenzó a agilizarse el procedimiento. Se le concedió la medida cautelar de la retirada del carnet del conductor del coche accidentado y también que Adrián no declarara en el juicio, como sí solicitaban la defensa y la mutua.

Durante la instrucción, la Policía Local de Conil presentó un informe pericial apoyando sin complejos la versión dada por Basallote: Adrián, dijeron, no iba por el paso de cebra ni el coche circulaba a una alta velocidad.

La Guardia Civil, en cambio, lo dejó en duda en su informe. En el que presentó Romero, los peritos señalaban que por el lugar en el que se encontraba tirado Adrián era posible que el golpe inicial se lo llevara en el paso de cebra que había unos metros más atrás.  

Adrián despertó del coma en un hospital privado de Badalona. Sus padres se trasladaron desde el hospital de Cádiz hasta tierras catalanas, donde tuvieron que hospedarse en un hostal. Luego se mudaron a Sevilla capital, donde alquilaron una casa para que su hijo fuese cada día a una clínica de rehabilitación especializada en daño cerebral.

Desde hace dos meses, Adrián ha vuelto a su casa en Lebrija. Cada día, él y su madre se suben a un tren y van hasta Sevilla para seguir con la rehabilitación. “Si hubiera muerto,  yo no hubiera podido entrar en mi casa. Me hubiera ido a otra. Pero al final entré de la mano con él”, explica Pilar.

“Mis padres -dice Antonio, el hermano mayor de Adrián- han perdido sus vidas para entregársela a él. El Adri que yo conocía no es el de hoy. A mi hermano le han arrebatado su pasado, y su futuro sigue siendo incierto. Al menos queremos justicia”.

La familia de Adrián Vázquez (centro) saliendo del despacho de su abogado. Marcos Moreno