Había una vez un monstruo al que pocos se atrevían a mirar, siquiera a mencionarlo. Aterrorizaba en las aldeas y en las ciudades iraquíes, donde se movía con especial comodidad. Con sus zarpazos, el Estado Islámico (Daesh) sembró el terror a lo largo y ancho del país: tan solo en 2017, perpetraron más de 300 atentados en la región. Y eso que, por entonces, ya era un monstruo que se replegaba, herido mortalmente.

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Hoy podemos decir que Daesh ya no existe en Irak. “Nuestras fuerzas se han hecho con el control total de las fronteras con Siria”, anunció Haidar al Abadi, el primer ministro iraquí el pasado 9 de diciembre.

Derrotados, los yihadistas han abandonado el país. Un triunfo fundamental -y doloroso- frente a la tiranía terrorista: las cifras oficiales que maneja la ONU apuntan a 37.412 muertos y alrededor de 75.000 heridos en un país desangrado por su historia reciente. Otras instituciones apuntan a estadísticas mucho más elevadas.

Niños juegan entre las ruinas de Mosul. Reuters

Las Fuerzas Armadas han desempeñado un papel protagonista en esta guerra. EL ESPAÑOL habla con ellos, con los soldados españoles que, con su esfuerzo, han logrado derrotar a Daesh. Elegimos a cinco efectivos -cuatro militares y un guardia civil- en representación de los 2.500 desplegados desde enero de 2015 en esta operación, bautizada con el nombre de Inherent Resolve.

Su misión: asesorar al Gobierno iraquí y adiestrar a las tropas locales que han librado la guerra, que han tomado los principales bastiones yihadistas. En total han formado a 13.000 soldados iraquíes y a 7.000 soldados, los cuales han participado, entre otros, en la liberación de los bastiones de Faluya o Mosul. Sin el papel desempeñado por las Fuerzas Armadas españolas -reconocido por el contingente internacional desplegado en el país en la lucha contra el terrorismo-, quién sabe en qué escenario se habría convertido Irak.

“Consolidar las estructuras”

Pero advierten: “Tenemos que tener el máximo cuidado para que no se vuelva a repetir la situación, para que Daesh no resurja de nuevo”. Es el general Luis Francisco Cepeda Lucas (51 años y nacido en Madrid), al frente del contingente español en Irak. Habla con determinación y la experiencia de seis misiones internacionales a las espaldas, repartidas entre Bosnia, Kosovo y Afganistán. En cada uno de sus viajes deja en casa a su mujer y a sus dos hijos, a quienes echa “especialmente de menos en estas fechas tan próximas a la Navidad”.

El general Luis Francisco Cepeda Lucas.

Ahora afronta el gran reto iraquí, foco de una desestabilización que sacude el mundo entero. Él lo considera una “oportunidad” para frenar el terrorismo yihadista: “En estos tres años se han producido avances fundamentales para la preparación del Ejercito iraquí, como se puede comprobar en la reciente derrota total del Daesh”. Un mensaje que enseguida matiza con cautela: “Hemos conseguido expulsarles, pero no ha desaparecido completamente”.

“Consolidar” es la palabra que el general Cepeda repite como un mantra: “Consolidar los esfuerzos, consolidar la Defensa, consolidar las estructuras”. Que el Ejército iraquí “tome las riendas” en la lucha contra el terrorismo. Que se recompongan de una guerra atroz “sin necesitar el apoyo de la Coalición internacional”.

“Con las orejas tiesas”

El guardia civil José Manuel Escamilla.

El guardia civil José Manuel Escamilla (42 años) sabe de primera mano la trascendencia de esta operación. Es sargento del Grupo de Acción Rápida, “la sección que más ha luchado de un modo directo contra el terrorismo en España”. Y ahora traslada sus conocimientos -adaptados al escenario iraquí- a la policía local: “Los procedimientos de ETA no tienen nada que ver con los yihadistas y tampoco el entorno. En términos humanos, aquí el precio de un atentado es muy bajo, no les importa inmolarse”.

“Enfocamos nuestro entrenamiento a la patrulla en terreno urbano, una labor importante tras el periodo de liberación que hemos vivido”, apunta el sargento. Porque es ahí, en los núcleos urbanos, donde aún puede persistir la amenaza yihadista: “No todo está bajo control. Hay que estar con las orejas tiesas”.

Por eso, Escamilla insiste en la necesidad de mantener una buena relación con los policías a los que forman y asesoran: “Son personas que, por encima de todo, quieren que sus familias estén en un entorno de seguridad y de orden”.

-¿Cuál ha sido la mayor dificultad que han encontrado para desempeñar su labor?

-Posiblemente, la climatología. En otras épocas del año aquí se respiran entre 55 y 60 grados de temperatura, y eso obliga a realizar los ejercicios por la noche. Más allá de eso, ninguna. Tenía miedo por el idioma, pero entre intérpretes y el inglés nos hemos desenvuelto bien.

Formación de las tropas locales en técnicas urbanas. EMAD

“No hemos encontrado violencia”

¿Qué situación se encuentran los efectivos españoles al aterrizar en Irak? A cada uno le llama la atención una situación; desde el paisaje -lejos del panorama desértico que muchos se imaginan- hasta el carácter de la población local, “mucho más cercano a la cultura española de lo que nos podríamos imaginar”.

“Pensaba que me iba a encontrar con el desierto típico de arena”, admite el sargento Francisco Javier Hidalgo (32 años, Jerez de la Frontera), destinado en el tercer tercio de la Legión. Su misión se desempeña en el centro de mando que el Ejército español tiene desplegado en Irak: “Me encargo de conducir las operaciones que se llevan a cabo en este territorio”. En otras palabras, la coordinación entre las diferentes unidades desplegadas en Irak.

-Pero ahora mismo se habla de una situación de estabilidad, de expulsión del Daesh en Irak.

-Hemos visto el anuncio, pero seguimos trabajando y cooperando con el Ejército iraquí.

Los soldados Hidalgo, Azmani y Martínez.

El sargento Hidalgo insiste en la “necesidad” de asentar la labor que se viene desempeñando en los últimos meses. Lo mismo que el cabo Jacobo Azmani (30 años, de Jaén), desplegado en el destacamento de transmisiones: “Me imaginaba un escenario mucho peor del que me he encontrado, pero todavía hay mucho que hacer”. Sobre sus hombros recae una función -entre otras- especialmente relevante en las fechas navideñas en las que nos encontramos, las comunicaciones de las tropas locales con el exterior: con sus familias y sus seres queridos.

“Tenemos algunas dificultades de enlace con Internet. Ahora todos quieren hablar con sus familias y tenemos que conseguir que sea posible, pero en un lugar como Irak no siempre es fácil”, señala el cabo Azmani, en la que es su segunda misión en el exterior tras su participación en Líbano.

-¿Es Irak similar al Líbano? ¿Qué se han encontrado en esta misión?

-Creía que íbamos a encontrar mucha más violencia, pero no ha sido así. También me han sorprendido para bien las condiciones de la base [los soldados españoles están desplegados en la base Gran Capitán, en Besmayah].

La teniente Irene Martínez (31 años, nacida en Madrid) sabe lo importante que es que los soldados españoles se encuentren con un escenario positivo para desarrollar su labor. Integrada en el cuerpo militar sanitario -con funciones centradas en la psicología-, se encarga de “propiciar que las personas del contingente trabajen con las condiciones más favorables”.

“Ahora que se acercan fechas navideñas es fundamental que nos sintamos arropados”, destaca la teniente Martínez, para quien sus compañeros son “una familia”. “Ya hemos puesto la decoración navideña y también tendremos un menú especial en los días más importante”.

Refuerzo del contingente en Irak

De acuerdo a los datos que maneja el Estado Mayor de la Defensa, en Irak hay destinados 531 militares que participan en el asesoramiento y el adiestramiento de las tropas locales. La expulsión del Daesh del territorio ha sido una victoria fundamental, pero aún queda pendiente la estabilización de la región.

Ante esa circunstancia, la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal anunció la pasada semana el envío de más efectivos a Irak: “Vamos a reforzar nuestra colaboración mediante la incorporación de 30 militares más al contingente que tenemos desplegado allí para trabajar en recuperación de la democracia”.

Porque, como advierte el general Cepeda, “no se ha conseguido expulsar completamente al Daesh”. Él es uno más de los soldados españoles que han logrado derrotar al Estado Islámico, y en sus manos está escribir las últimas líneas del terrorismo yihadista en el país, ese monstruo que hasta hace unos meses pocos se atrevían a mencionar.

España ha enviado siete relevos de soldados, un total de 2.500 efectivos, a esta misión en Irak. EMAD