Algeciras

Miércoles 29 de noviembre, primera hora de la mañana. Abdellah El Haj, 33 años y al que apodan Messi, sale de un coche de alta gama aparcado a un par de calles de la Comandancia de la Guardia Civil en Algeciras (Cádiz). Es uno de los mayores narcos del Estrecho, si no el que más. Con él sólo rivaliza la banda de los hermanos Castañas, la otra gran organización que opera en la zona y con la que se ha aliado en ocasiones, según fuentes de la lucha contra el tráfico de drogas.

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Messi, forofo del astro argentino pero aficionado al Real Madrid, viste ropa y zapatos caros. Se le ve risueño, confiado. Le acompañan otros cinco varones que trabajan para él y también están imputados. Pero ese día Abdellah El Haj no teme a ningún agente. Sabe que pisa terreno seguro, que en unas cuantas horas tendrá que dejar de ocultarse.

Abdellah El Haj es el único que aparece con gorra estando de pie.

Hasta hace unos días Adbellah El Haj estaba en Marruecos, su país natal, a donde huyó en marzo de este año tras un operativo policial que se saldó con la detención de seis de los ochos hombres que le custodiaban 7.000 kilos de hachís en un chalet de Algeciras. Sus chicos portaban armas de guerra: fusiles de asalto, tres pistolas y una escopeta. Dos huyeron saltando la tapia del inmueble. Messi, raudo, se fugó al conocer los hechos. Tenía miedo de ser el siguiente en caer. Sabía que iban a por él. A las pocas semanas se detuvo a 13 personas más de su organización. Las autoridades se incautaron otras seis toneladas de chocolate. 

Pero para sorpresa de los agentes que le seguían el rastro desde entonces, este miércoles decidió presentarse en la comandancia de Algeciras. Adentro lo esperaban, entre otros, el jefe de la Policía Judicial de la Benemérita, J.F. Desde su huida, Messi había estado negociando su entrega con éste a través de mensajería móvil, según ha podido saber EL ESPAÑOL de fuentes de toda solvencia.

Poco después de su llegada a la comandancia, los agentes de la Benemérita arrestan al narco y lo trasladan hasta el juzgado de Instrucción número 1 de Algeciras. Allí le esperan, además del juez, el fiscal jefe de área, Juan Cisneros, con quien los abogados de Messi han llegado a un acuerdo: pagará 80.000 euros de fianza -calderilla para él-, entregará su pasaporte y tendrá que presentarse en sede judicial cada día. “Una medida cautelar (la última) durísima”, explica a EL ESPAÑOL el propio fiscal. Los empleados del narco abonarán 25.000 euros cada uno, aunque el dinero también salga del bolsillo de Abdellah, y deberán acudir al juzgado una vez a la semana.

Messi y sus hombres cumplieron el trámite: se acogieron a su derecho a no declarar y depositaron el montante en la cuenta del juzgado. El gran narco quedó en libertad a la espera de tres juicios: dos macrocausas por tráfico de drogas y otra por conducir sin carnet. Se prevé que todas se celebren en 2018. ¿Se presentará en sede judicial y se sentará en el banquillo de los acusados? Por ahora ha ganado tiempo.

Abdellah El Haj, apodado Messi, junto a su pareja Sami.

Abandona la clandestinidad

El pasado miércoles, en menos de cuatro horas Abdellah El Haj se personó ante la Guardia Civil, abandonó la clandestinidad y volvió a reencontrarse con sus dos hijos. Messi retornó a la Algeciras que le acogió cuando era un adolescente llegado de Tánger, a sus fiestas a todo trapo en el barrio de El Saladillo, donde es el rey, al hotel donde vivía, a sus partidillos de fútbol siete con su hermano y sus amigos… “Y también a seguir moviendo hachís, claro”, dice un cargo policial que conoce bien los pasos del marroquí. “Desde aquí todo le resulta más sencillo. Y en Marruecos no está seguro. Maneja todo su futuro mientras se lo permitan”.

Varias fuentes con décadas de experiencia en la lucha contra el narcotráfico coinciden en que el pacto entre la Fiscalía y Messi “es un escándalo”. Aseguran que “ahora se cree impune” y subrayan la idea de que el narco ya está donde quería, con los suyos y pudiendo operar hasta el día que lo juzguen por las dos causas que tiene abiertas. “Él y su gente han dado el paso necesario para dejar de ser una banda organizada y convertirse en una mafia o un cartel. Ha comprado su libertad cuando más jodido estaba. Ha corrompido el sistema para salir beneficiado. No se puede negociar con un tipo así".

Una semana después de la salida del fiscal antidroga

En todo este asunto hay un trasfondo que ha levantado suspicacias en el Campo de Gibraltar entre ciudadanía, agentes policiales y organizaciones sociales. Tras la entrega-arresto del narco, algún cargo de la Guardia Civil en Algeciras filtró a varios medios de comunicación que Messi había sido detenido. Pero no aportaban más datos. La fuente interesada eludió contar que, en realidad, el traficante se había entregado porque existía un acuerdo previo con la Fiscalía. Llegar a esta conclusión es sencilla: la Benemérita no emitió ninguna nota sobre el supuesto arresto ni desde el gabinete de prensa de Algeciras ni tampoco desde Madrid.

Otro aspecto que no entienden varios altos cargos de Policía Nacional y Guardia Civil consultados por este reportero es que, si el pacto al que había llegado era con el fiscal jefe de Algeciras, por qué primero Messi acude a la comandancia de la Guardia Civil y no, por ejemplo, directamente al juzgado que aceptó después su puesta en libertad previo pago de 80.000 euros. 

En este sentido, dichas fuentes apuntan como urdidor del acuerdo al jefe de la Policía Judicial de la Benemérita en Algeciras. Éste, J.F., tras la entrega de Messi habría reconocido a varios compañeros del cuerpo la participación de algunos de sus subordinados. Sin embargo, el fiscal Cisneros niega que algún agente de Guardia Civil haya participado en la negociación con el narcotraficante. “Esto se ha tejido en las dos últimas semanas y he sido yo quien he estado al frente de las conversaciones con sus abogados. Estamos muy contentos porque lo vamos a sentar ante el juez”. En cambio, las personas consultadas por este medio desmienten las palabras del fiscal.

Durante la primavera de 2017 a la banda de Messi se la incautaron 13 toneladas de hachís y los agentes policiales detuvieron a 19 de sus integrantes. E.E.

El último punto controvertido en este asunto es el momento elegido por el narco para entregarse. Messi se puso en manos de la Justicia española sólo unos días después de que el ya ex fiscal jefe Antidrogas de Algeciras, Emilió Miró, se marchara a la Fiscalía de la Audiencia Nacional. Precisamente, la semana pasada sus compañeros le celebraron una fiesta de despedida. Miró siempre fue un látigo contra Messi. A juicio de varios abogados, lo lógico hubiera sido que su sucesora, Macarena Arroyo, quien trabajó codo con codo durante años con Miró, hubiera asumido la negociación.

Sin embargo, fue el fiscal jefe de área de Algeciras y superior de ambos, Juan Cisneros, quien se encargó en todo momento de mantener las conversaciones con los abogados de Messi. A preguntas de EL ESPAÑOL de por qué se encargó directamente él del asunto, Cisneros argumenta que no le contó “nada” a Miró porque cuando llega la oferta de entrega de Messi, hace dos semanas, “él (Miró) estaba en el proceso de marcharse a Madrid”.

Cisneros explica que “tampoco” hizo partícipe a Macarena Arroyo, la sucesora de Miró, “porque la asunción de su nuevo cargo aún no se ha producido”. “No hay nada oculto, no entiendo que se sospeche de mí ni de que se hagan extrañas interpretaciones”, dice el fiscal jefe de Algeciras. “Yo sólo quiero que se le juzgue y se presentó la oportunidad. Se le puso fianza (al narco) porque no hay riesgo de fuga ni de destrucción de pruebas”. ¿Y si se vuelve a fugar y ahora sigue traficando, algo que no es descabellado?, le pregunta el reportero. "No creo que se fugue si se acaba de entregar. No es lógico. Lo segundo lo desconozco".

El rey del Estrecho

Miembros del GRECO de la Costa del Sol detuvieron a Abdellah El Haj, de 33 años, el 15 de octubre de 2014 cuando salía de su guarida, el hotel Guadacorte Park, en la localidad gaditana de Los Barrios. Iba acompañado por uno de los miembros de su banda, compuesta por no menos de medio centenar de hombres. Fue un año de seguimientos, escuchas…

Dinero le sobra para recompensar bien a los suyos: a sus clientes les cobra 300 euros por kilo transportado desde Marruecos a España: 1.000 kilos, 300.000 euros; 2.000, 600.000 euros... En alguna de las lanchas que pone en el mar, de 12 metros de eslora y tres motores de 250 cc, cuentan que ha llegado a meter tres toneladas de hachís. Hagan números.

Messi (segundo por la derecha) junto a varios amigos.

Pero Messi cayó. Ser famoso en un mundo tan oscuro acabó perjudicándole. Su nombre aparecía con tanta frecuencia en los pinchazos telefónicos de otros narcos que la Policía Nacional comenzó a seguirle el rastro en el verano de 2014. La presa imposible dejó de serlo pese a que cambiaba de número de teléfono cada semana. Alguna vez, incluso cada dos o tres días.

En el hotel tenía alquilada una suite durante todo el año para pasar las noches junto a su chica, Sami, una bella morena española varios años menor que él. Siempre que estaba por la zona, Messi pernoctaba allí.

El Pablo Escóbar de la cárcel

Tras su detención, Messi ingresó en la prisión de Botafuegos (Algeciras). Allí pasó varios meses, pero Instituciones Penitenciarias se vio obligada a cambiarle de prisión porque se había convertido en el “amo” de la cárcel, como cuentan varias fuentes policiales. Abdellah compró equipaciones nuevas de fútbol para los presos, organizó torneos de fútbol, conseguía a otros reos algunas cosas que sólo se venden en el exterior… “Emuló a Escóbar y eso no se podía consentir”, dicen dichas fuentes de un hombre acostumbrado a amenazar de muerte a jueces instructores, periodistas o policías.

Cuando llevaba cerca de medio año en Botafuegos se le trasladó a la penitenciaría cordobesa. Allí se le catalogó como FIES 2. Es decir, dentro del Fichero de Internos de Especial Seguimiento. En él se incluyen los miembros de bandas organizadas relacionadas con delitos de tráfico de drogas, de personas o de blanqueo de dinero.

Allí, en su celda del módulo 12, agobiado por el estricto control y vigilancia de los funcionarios, Messi pidió a sus abogados que negociasen con las autoridades judiciales. Varios agentes de Policía se personaron en la prisión y se vieron con el narcotraficante. Él se mostró dispuesto a colaborar. Les ofreció “las cabezas” de los dos líderes de la otra gran organización que opera en el Estrecho. No consiguió nada.

Abdellah El Haj es un fanático del fútbol. Aunque es seguidor del Real Madrid, idolatra a Lionel Messi.

Un yihadista le 'ayudó' a salir de prisión

Pero llegó el verano de 2015 y Messi seguía en la cárcel de Córdoba. Llevaba ya casi un año entre rejas. Sin embargo, un hecho ocurrido en Francia cambió su suerte. El 23 de agosto de ese año las autoridades parisinas detuvieron a Ayoub El Khazzani, un marroquí que quiso atentar a tiros contra los pasajeros de un tren que unía París y Ámsterdad. El yihadista había vivido durante siete en España, a caballo entre Madrid y Algeciras. En la localidad gaditana residió a lo largo de un año en El Saladillo, el barrio que Messi se conoce como las arrugas de su rostro.

Fue entonces cuando Messi logró su primer acuerdo con el fiscal antidroga, por entonces Emilió Miró. Él aceptó fijarle una fianza para salir de prisión si, a cambio, el narcotraficante facilitaba a la Justicia española información antiterrorista de Algeciras y el entorno del Estrecho. Abdellah accedió, pagó a medio Saladillo para que “chivara” y presentó un completo dossier sobre radicalismo islámico sobre la ciudad puente con Marruecos.

Aquel acuerdo lo sacó de prisión, volvió a traficar y tuvo que exiliarse en Marruecos. Ahora ha vuelto a Algeciras gracias a su pacto con el fiscal Cisneros. Quizás no se fugue porque sería un sinsentido después de entregarse. "Me quedo con que ya está a disposición judicial. Pero está claro que este tío lleva el hachís en las venas. Este tipo de acuerdos no son santo de la devocion de nadie", dice Paco Mena, presidente de la coordinadora antidroga del Campo de Gibraltar.

¿Entonces, de qué habrá servido el acuerdo? Quizás para que en su feudo algecireño pueda pagarle 50 euros al primero que quiera ir a por una hamburguesa para él o para que se vista la camiseta del 10 argentino a la espalda mientras corre por los campos de fútbol 7 que hay junto al estadio del Algeciras.