Esta es la crónica de una noche, como invitado, en Sublimotion, el restaurante más caro de Ibiza. Según algunos, el restaurante más caro del mundo. No creo que el precio del cubierto sea un valor en sí mismo , pero sin duda, es un posicionamiento único en el marketing global. Doce comensales tan solo, como los 12 jurados populares de los Doce hombres sin piedad (1957) de Sidney Lumet, pueden asistir a la cena. No se dan comidas. Por el momento, alguien le arrebatará el récord algún día, es el restaurante más caro del mundo. Mil doscientos euracos el cubierto. Lo escribo así con todas las letras. Si te da por pasarlo a pesetas y piensas en doscientas mil de las antiguas rubias como poco, se te paran los pulsos.

¿Es Sublimotion un restaurante? Desde luego, pero también un parque de atracciones que sólo tiene sentido en la cosmopolita Ibiza o qué sé yo, Vegas o el todo-lo-quiero Dubai. Cenar en Sublimotion es ir a cenar a un tiovivo virtual.

Sublimotion es el sueño del maraton man y chef Paco Roncero, excelente persona, (dos estrellas Michelin) bajo la batuta inversora de Matutes padre y Abel hijo empeñados en convertir Ushuaia y su hotel vecino, el Hard Rock Hotel, en una zona imprescindible en el turismo de lujo en la isla.

No tiene sentido desvelar los secretos de la experiencia en su cuarta temporada, con una duración de tres horas, compartida, imagino que habitualmente, con comensales foráneos y que se me antoja única porque repetirla supone perder el efecto sorpresa y también porque la hucha del cerdito conviene romperla pocas veces.

Roncero no está solo, tan sólo está al frente, porque comparte créditos con Toño Pérez (Atrio), Dani García, Diego Guerrero (Dstage), los tres con dos estrellas, y el maravilloso repostero Paco Torreblanca. La intención está más que clara: que el turista acceda a un menú del all star gastronómico nacional (no están todos, claro) y que flipe un poco con la tecnología.

Entre los créditos aparece el compositor madrileño Alfonso Aguilar (ha trabajado para Uno de 50 del empresario Jose Azulay) que firma la dirección musical. A mí me gustaron mucho las ilustraciones del madrileño Bakea y también el vídeo del dj madrileño Wally Lopez, aunque confieso que con lo que se me cayó la babita (¿puede un comensal perder la saliva en un restaurante?) fue con el truco de magia de Jorge Blass.

El número 12, por los 12 comensales que acepta Sublimotion.

Sublimotion es, y no pasa desapercibido, una plataforma para las marcas. Que nadie se olvide de que el mercado ibicenco tiene sus propias reglas, y su propia inversión.

En más de la mitad de la cena es el champagne Perrier Jouet el protagonista, como antes lo es acceder al local (a escasos metros de la entrada a Tatel y a Hard Rock Hotel) en alguno de los modelos de Land Rover (no en un Defender, lo siento porque ya no se fabrican a pesar de ser el coche más popular de la Pitiusa mayor).

Personalmente eché de menos poder elegir los vinos, aunque el Ysios tinto estaba riquísimo. Me atrevería a sugerir también que el story telling, el guión vamos, pero así suena mas guay en el argot creativo, que va introduciendo la experiencia y que gira en torno al hedonismo como leit motiv, fuese un poco más elaborado.

Desde el punto de vista gastronómico a nadie se le escapa que si te gastas 2.400 euros en celebrar con tu pareja que te han hecho fijo, que heredas por fin, que tras tres varones por fin nacerá una niña, hay otros lugares con más reputación culinaria.

Pero desde luego si se trata de epatar, como la pareja de argentinos con los que compartí cena a la que ella le llevó a él por sorpresa a Ibiza para celebrar su cumpleaños, Sublimotion sublima, entretiene y te dará mucho para hablar en mil y una sobremesas ya en tu tierra, en casa o en el bar del pueblo con tu bocata de calamares.