Eran las 23:52 horas de la noche en el Burger King de San Fernando (Cádiz) cuando una niña de tres años se empezó a ahogar. Su padre, su madre y su abuela intentaban desesperadamente despejar las vías respiratorias de la niña, pero no había forma. La chiquilla estaba empezando a ponerse pálida y a no responder. Nadie sabía qué le había sucedido, pero la pequeña se les estaba yendo.
La casualidad quiso que Santiago, un policía local de San Fernando de 38 años de edad, aún no se hubiese marchado del recinto. "Nos teníamos que haber marchado ya, pero mi hijo se empeñó en comerse un helado en la puerta y por allí andábamos, a unos siete metros de la escena, cuando me di cuenta de que estaba pasando algo grave", relata Santiago a EL ESPAÑOL. El agente fuera de servicio se dio la vuelta y se dirigió hacia la niña.
 
"Cuando llegué estaba muy mal. Había dejado de moverse, no respiraba, su cara languidecía..." recuerda todavía con cierta tensión. Santiago no se lo pensó: "Me di cuenta de que la situación era grave. Como yo tengo experiencia y formación en primeros auxilios, decidí actuar". Dicho y hecho. Agarró a la niña y procedió a realizarle la maniobra de Heimlich con el objetivo de liberar sus vías respiratorias.
"En los primeros intentos no salió bien", reconoce Santiago. "No sé si es porque nunca le había hecho la maniobra a una niña tan pequeña o si es que no le estaba aplicando la fuerza suficiente. La cosa es que el objeto que la niña tenía atrancado en la garganta no salía". La madre gritaba, el padre se encontraba en estado de shock y la abuela seguía con atención las maniobras del policía.

A la tercera fue la vencida

A la tercera fue la vencida. Santiago aplicó la fuerza suficiente como para que el objeto que la estaba asfixiando y que aún desconocen qué es, saliese propulsado fuera del cuerpo de la niña. "Fue inmediato. En cuanto la cría pudo respirar, se levantó en el acto y empezó a llorar y a andar. Como si le hubiesen inyectado un chute de adrenalina. Se había salvado.
 
"La madre estaba tan nerviosa que sólo me daba besos y las gracias. El padre también estaba muy tocado por lo que acababa de pasar, así que me dirigí a la abuela, que era la que estaba más entera. Les dije que fuesen al hospital, porque le había aplicado mucha fuerza a una niña tan pequeña en el abdomen. Que fuesen también por la crisis de ansiedad de la madre. No sé si me hicieron caso, porque no hemos vuelto a saber de ellos", confiesa Santiago.
 
No es la primera vez que este agente gaditano le salva la vida a alguien. "Estuve en protección civil, con embarcaciones, y ahí alguna vez tuve que atender a alguna persona que se estaba ahogando. Pero a alguien tan pequeño no, nunca le he salvado la vida a un niño", cuenta el héroe del día, etiqueta de la que él rehuye: "No soy un héroe. No puse en riesgo mi vida en ningún momento. Un héroe es otra cosa. Yo hice lo que tenía que hacer".