Dicen que un tatuaje es para toda la vida. A Gloria el suyo casi la mata. Lo que empezó siendo una aventura durante su adolescencia se convirtió años después en una pesadilla. Gloria Díaz Rodríguez, de Oviedo, tenía 17 años cuando decidió hacerse un tatuaje de una figura tribal, uno de los más populares en el mundillo. Más de diez años después, la joven, descontenta con el diseño, se quería someter a lo que se conoce como un cover: cubrir un tatuaje por otro. Quería una mariposa naranja. Ella cuenta hoy a EL ESPAÑOL cómo vivió esta crisis.

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Acudió a Corona Tatuajes, un estudio profesional en Oviedo, donde le recomendaron someterse a unas sesiones de láser para que quedara mejor. Aquí tenían experiencia con ese tipo de trabajos.

Gloria estuvo a punto de morir a causa de un tatuaje. Cedidas

Lo que la vecina de Oviedo desconocía, al igual que la mayoría de personas, es el riesgo que existe cuando no se conoce bien a quienes se encomiendan para esta labor. La profesión de tatuador ha visto aflorar durante los últimas décadas un mundo clandestino que ha surgido como una profesión paralela que actúa sin regulaciones ni garantías, pero resulta más económica.

Durante la primera sesión, Gloria pidió a Chax, la tatuadora, que se detuviera porque no podía soportar el dolor. Pero Chax insistió. “Pero si duele más depilarse”, le dijo a su cliente. Le detalló que era una sensación normal debido a la naturaleza del procedimiento. Es una quemadura. “Es raro, tengo un umbral del dolor muy alto y se supone que tenía que doler pero es que era una sensación intolerable”, recuerda Gloria.

La tarde después de la sesión, Gloria se empezó a encontrar mal. Pidió la baja en el trabajo. Dos días después, su padre la encontró inconsciente en la ducha. Se había desmayado. Tuvo que sacarla a hombros y llevarla al hospital, donde la examinaron y pensaron que era una fiebre común. La mandaron a casa pero un día después había empeorado considerablemente, así que volvió. Al examinarla, los doctores vieron que su cuerpo había creado lo que se conoce como una herida satélite en la parte baja de su espalda. El internista le explicó que era un bulto, que el cuerpo había desviado la infección para que no llegara a los órganos vitales. Para entonces desconocían cuál era la fuente de dicho contagio.

La herida tuvo que ser raspada durante varias sesiones para evitar una nueva infección. A Gloria tenían que sujetarle los brazos y los pies. Cedida

Los doctores explicaron a la madre de Gloria que, al no saber el origen, tratar la infección era complicada y podía morir debido a su estado febril. En este punto había adelgazado ya 15 kilos debido a la pérdida de apetito y deshidratación. Según explica la protagonista de esta pesadilla, su madre comentó a los médicos muy brevemente que se había hecho un tatuaje esa misma semana, sin pensar que podía ser el origen del problema. Estaba desesperada.

Tras el análisis del tatuaje, notaron un tono raro. Fue entonces cuando dieron con el motivo: era un estafilococo. Se trata de infecciones que pueden ingresar a través de una ruptura en la piel, como cortes, arañazos o quemaduras. Por lo general, la infección es menor y permanece en la piel. Sin embargo, esta puede propagarse a mayor profundidad y afectar a la sangre, los huesos o los órganos.

"Me decían que tenía muchísima suerte porque el cuerpo lo expulsó través de una herida. Si me hubiera llegado al riñón no estaría contando esto ahora”, explica la víctima. “Estoy viva de chiripa -añade la ovetense-, fui fuerte y me lo pillaron a tiempo". Después de este episodio la joven padeció infección de orina, conjuntivitis, otitis y finalmente una fuerte infección de garganta. “Recuerdo sacarme bolas de pus con un bastoncillo de la garganta”, sentencia. Estuvo ingresada en San Valentin, en el Hospital Universitario Central de Asturias. “Casi me muero. Gracias a Dios que mi madre supo en la espera que venía del tattoo”, reflexiona mientras coge aire.

Gloria explica que para recuperarse hacía falta lavar la herida. Las enfermeras tuvieron que “engancharla” de los brazos y las piernas para mantenerla inmóvil, ya que tenían que raspar la herida a diario para quitar lo supurado y mantenerla libre de riesgos de una nueva infección. Después de estar varias noches ingresada en la UVI recibió varias transfusiones de sangre procedentes de su padre para lavar el circuito y eliminar la infección de su sistema. Ya en planta fue tratada con antibióticos potentes para terminar con la pesadilla. No podía ni comer, únicamente se alimentaba a través de una sonda.

Llegó a pesar 40 kilos. Actualmente pesa 56. “No tenía fuerzas para mover mi cuerpo. Recuerdo pedirle a mi madre que me acomodara cuando me cansaba de posición, aunque solo fuera una pierna o un brazo”, detalla la mujer, ya recuperada por completo. Tres años después.

Tras superar la crisis y recuperar peso y fuerzas inició una investigación para dar con las causa de su enfermedad. La conclusión de los médicos es que Chax llevó a cabo el procedimiento con mucha intensidad, lo que causó que la herida fuera más profunda de lo necesaria. A esto hay que añadir la peor parte: la infección. La hipótesis que manejaban los doctores es que la habitación no esterilizada, junto con la profundidad de la herida, provocaron la entrada del estafilococo en el cuerpo de ella.

EL ESPAÑOL se puso en contacto con Corona Tatuajes. Chax fue la primera en coger el teléfono. Después de decir que no sabía de qué le hablaban, lo negó todo: “Esa historia es mentira. La niña venía con las defensas bajas y le dolía la garganta. La quemadura se hizo como tiene que ser. No fue causada por el local”, dijo, defendiéndose. “Además, la inspectora de Sanidad me dijo que era la única que tenía filtro HEPA (aparato que purifica las partículas en el aire). Esa chica empezó a decir que había sido yo, pero no es así. Gente de su entorno me ha dicho que tiene mucho dinero y le gusta mucho la fiesta”.

En el hospital le sugirieron varias veces que denunciara pero no quiso dar los datos de la responsable para no inculparla, ya que era madre soltera y no veía ninguna solución en ello. Si se declaraba insolvente no beneficiaría a ninguna de las dos. “La llame y le dije que casi me mata”, recuerda Gloria. “La tatuadora se preocupó bastante y acabamos discutiendo. No era mi amiga, no le conocía de nada. Le dije que me llamara para darme soluciones. Ella lo tenía todo en regla. Es uno de los estudios más conocidos de Oviedo. No tenía seguro específico para el láser. Sólo el de responsabilidad civil”. Ha tenido que llevar muchos tratamientos para que las marcas fueran las mínimas. Por suerte, todo quedó en un largo susto.

Arreglos de tatuajes mal hechos en ACME tattoo

Borrar, más que tatuar

El borrado de tatuajes se ha convertido recientemente en un procedimiento tan popular como tatuar en sí. En el proceso se necesitan distintas sesiones. La duración, la intensidad y el precio dependen siempre del tatuaje. Un dibujo pequeño puede difuminarse y se elimina por completo en una o dos sesiones. En cambio, si se tiene la espalda cubierta de tinta serán necesarias 15 sesiones.

Además, hay que dejar un tiempo para que la piel se recupere entre sesiones, y se deshaga de los pigmentos. En los tatuajes pequeños es fácil que un 80-90% desaparezca tras el primer día. Además, según el tipo de piel puede ser más fácil o difícil eliminar por completo el tatuaje. El color más difícil de quitar es el azul, cuesta entre 150 y 700 euros. El proceso consiste en hacer que los pigmentos pasen desde la dermis, donde están alojados, al organismo que se encarga de expulsarlos por la orina.

Borrar se ha convertido en un negocio tan popular como el de marcarse la piel. En Estados Unidos, únicamente el 11% de los mayores de 50 años conservan sus tatuajes. Sólo el año pasado el número de personas que acudieron a borrarse los pigmentos creció un 32%, según los datos de la American Medical Association (AMA). Se gana más dinero borrando tatuajes que haciéndolos.

El de los láser es un terreno con una reglamentación aún difusa en España, explica la Unión Nacional de Tatuadores y Anilladores Profesionales (UNTAP). Se exigen unas escasas capacitaciones y no hay un seguro específico para este tipo de sucesos. Cada tienda se busca sus propios seguros.

Tatuadores pirata

Fidel Prieto, secretario de UNTAP y anillador, dice que el caso de Gloria tuvo lugar en un estudio regulado. El problema es aún mayor con los estudios piratas (aquellos que trabajan en sus casas). Prieto argumenta que no existe ningún control sobre el material que se utiliza: no se sabe si se utilizan tintas homologadas, no hay facturas; no se sabe de dónde viene lo que utilizan para hacer un tatuaje. Tampoco se exigen condiciones óptimas de limpieza. Lo hacen en su casa, donde igual hay hasta mascotas que pululan por el estudio casero. “Yo no los juzgo. Por algo se empieza. Todos tatuamos a algún amigo en casa”, confiesa.

El otro gran problema es la competencia desleal en el precio. Muchos de estos estudios piratas no pagan impuestos, ni ninguno de los otros costes que conllevan los controles de Sanidad. “Hay dos maneras en las que afectan: a nosotros nos fastidian en el precio y a los consumidores en el sentido de que no hay garantías. No tienen control de higiene”, comenta Prieto.

Un mercado que mueve 54 millones al año

A pesar de la crisis, este es un negocio en auge. Solo en la península, hay 2.500 tatuadores inscritos, según indica el Registro de establecimientos de tatuaje, micropigmentación, piercing u otras prácticas de adorno corporal (REAC). La UNTAP estima que dos de cada tres tatuadores en España operan de forma ilegal. Este negocio mueve en nuestro país 54 millones de euros al año, según El Economista.

Un informe de la Comisión Europea de enero de este año establecía que sólo el 30% de los colorantes de la tintas que se usan en la Unión Europea están autorizadas. En la tinta se han encontrado componentes utilizados para pinturas de coches, telas y plásticos, por el brillo que dan. Estos datos destacan la necesidad de acudir a tiendas reguladas por la ley. A pesar de esto, las personas siguen acudiendo a estudios no regulados para obtener sus diseños y grabados de manera clandestina. Muchas veces no son conscientes de los daños que pueden provocar productos no aprobados.

Controles de los estudios

Los estudios regulados sí se someten a rigurosos controles. Lo primero: pagan impuestos, no como los tatuadores caseros. Se paga el IVA y el IRPF (cuando el cliente no es autónomo). Además, entre las medidas impuestas por el Ministerio de Sanidad los estudios deben cumplir con la recogida de agujas. “Si lo haces en casa, automáticamente esto ya no lo cumples”, expone Prieto. Las empresas de recogida exigen a sus clientes tener los papeles en orden. Estos deshechos por su naturaleza deberían tener una delicada y apropiada forma de deshacerse. Son objetos que están en contacto con la sangre de cada persona y los ‘piratas’, en algunos casos, se deshacen de estos materiales simplemente tirándolos a la basura.

“Desde la crisis el modelo de negocio ha cambiado mucho. La facturación ha ido cayendo de un 20 a un 30 por ciento cada verano para los estudios legales. Ahora cualquiera se puede dedicar a esto. Hay mucha demanda y se paga muy bien. La crisis causó que muchas personas se fueran a pisos, y ahí todo se hace con más facilidades. Ya solo con quitar el 21% del IVA, encima si tatúan bien cobran bien...”, explica la UNTAP.

Además de esto, según fuentes del sector, los requerimientos del Ministerio de Sanidad facilitan que exista un mercado negro. Hay mejores tintas permitidas en otros países de Europa que en España no son legales. Esto causa que si alguien quiere un tatuaje de mejor calidad, con una tinta prohibida, es normal que acuda a un amigo (un tatuador pirata). “Nosotros -los 2500 tatuadores legales de España- solo podemos operar con dos marcas: Panthera y Skins Color”, especifica Prieto.

“Lo que molesta es la gente cómoda que se dedica a esto solo por el dinero y lo hace en espacios sin el material adecuado y ganando mejor”, cuenta una tatuadora del estudio ACME Tattoo.

Con el fin de entender cómo operan los estudios caseros, EL ESPAÑOL se dirige a uno de ellos. El periodista pide una cita y le reservan un espacio para cinco días después, ya que el estudio está ocupado.

El estudio casero

Un estudio casero en Madrid. Foto sacada de página web.

El día de la cita conozco a la tatuadora. Se llama Sandra. Me está esperando abajo, en su portal. Entramos en el piso. Dos pasillos dividen el hogar en dos secciones: la vivienda y el estudio.  

Es una habitación de unos tres metros cuadrados. En ella hay un escritorio con un ordenador, una mesa con equipo de tatuajes, una impresora y luego una pequeña biblioteca. Ahí se pueden ver diversos diplomas colgados en la pared. Es una dibujante profesional. "Desde pequeña", me dice. Sus dibujos en la mesa lo confirman. Es muy buena. “Ahora estoy ahorrando dinero para un estudio, solo lo hago para amigos”, me contesta ante mis preguntas. Sandra y su estudio no figuran en el RAEC de la Comunidad de Madrid, pero sí tiene página web profesional y diseños para clientes en Facebook.

Le explico mis falsos intereses. Quiero cuatro líneas pequeñas verticales, del largo de un dedo meñique: “70 euros. No cualquiera te hace una pieza completamente simétrica, hay que tener buena mano”, cuenta.

"¿Y unas siluetas de naves de Star Wars?", pregunto. Esas son pequeñitas. 60 euros. Por último, me intereso por el coste de una montañita con una estrella, la de la página final de El Principito. “Eso serían 50”, concreta. Sus precios no son inferiores (como suele ser) a los que Fidel me había dado días antes en su estudio regulado. Continúo con mis preguntas paranoicas:

-¿Este sitio es seguro, no? Es que he visto muchas noticias de infecciones.

-No te preocupes, yo no trabajo sin plastificar todo aquí dentro. Soy una obsesa de la limpieza a la hora de tatuar. Por eso cobro lo que cobro. En una sola sesión lo tapo todo. 

Me muestra las diversas tintas que puede utilizar. Tiene cuatro tipos de tinta negra, cremas para evitar infecciones y las marcas que vende son las que más le gustan.

Un problema que afecta a todos

Los tatuadores ilegales operan con locales e instrumentación sin ningún control higiénico. Carmen Suárez

En Europa se estima que una décima parte de la población tiene en su cuerpo al menos un tatuaje. Un fenómeno que sin duda está moda. Solo en España un 26 por ciento de los jóvenes entre 18 y 25 años se ha hecho uno, de acuerdo con un estudio de Sigma Dos.

Marcarse la piel con tinta es un fenómeno que se ha llevado a cabo durante siglos en distintas culturas. No fue hasta hace menos de un siglo cuando se convirtió en un sector regulado. Desde los inicios la industria ha cambiado mucho. En la actualidad existen plataformas donde se muestran diseños, precios y otras posibilidades. Son puntos de encuentro entre tatuadores y clientes interesados como InkBay o Tattoodo en Estados Unidos.

Aún hoy en día la gente no es del todo consciente de lo que puede llegar a causar un tatuaje. Este año, en México, falleció un hombre debido a una infección por meterse en una piscina tras hacerse un tatuaje.

Desde la infección, hace ya tres años, Gloria ha sido tratada por numerosos dermatólogos y se ha sometido a estrictos tratamientos de piel. “He gastado muchísimo dinero en cremas y procedimientos, ahora la zona simplemente está cubierta por una mancha negra. Se siente como una cicatriz de una quemadura profunda”, finaliza. Ahora tiene que evitar que le dé el sol en su cadera y debe cuidarse de nuevas infecciones. Gloria nunca más podrá llevar un tatuaje en su piel.