Pepe Barahona Fernando Ruso

Miguel Manuel José de los Reyes de la Virgen del Carmen Blesa de la Parra. Así consta en la zona superior de la página 211 del tomo 25 situado en el armario de los bautismos del pequeño archivo de la parroquia de Santa María la Mayor de Linares. Es la partida de bautismo de Miguelín, el de los Blesa, cristianado diez días después de nacer en la iglesia más portentosa de su pueblo, como corresponde al hijo de una familia notable. Llegó al mundo un 8 de agosto de 1947 en la calle Teniente Ochoa, se confirmó en 1956 y se casó en primeras nupcias el 5 de julio de 1974. Su vida cristiana aparece en las notas marginales. “Son los sacramentos que imprimen carácter”, apunta el párroco don Sebastián. Los que solo se pueden recibir una vez en la vida. Y, ahí, en Linares arranca la del esforzado estudiante que llegó a presidir Caja Madrid.

“La familia era de comunión diaria”, insiste el párroco Sebastián Pedregosa, cuatro años mayor que su paisano Miguel Blesa. “De principios morales y éticos de una religiosidad profunda”, subraya con ímpetu. Por eso al sacerdote le extraña el trágico, y poco cristiano, final que eligió para sus días: el suicidio.

A la misma hora en la que el cadáver del expresidente de Caja Madrid estaba en la sala de autopsias del Instituto Anatómico Forense de Córdoba, don Sebastián removía los tomos del archivo buscando su fe de bautismo. Inicio y fin de una vida que arrancó en Linares, Jaén, y un tiro a bocajarro en el corazón segó en Villanueva del Rey, Córdoba.

“Creo, y esta es una opinión personal, que Miguel ha sido el tonto de turno; un hombre muy empujado a lo largo de toda su vida. Era un tipo retraído, normal, no lo veo capaz de estar detrás de una trama tan compleja, porque la inteligencia no le desbordaba”, asegura don Sebastián a los reporteros de EL ESPAÑOL, que recorren las calles de Linares para esbozar un retrato del niño Blesa.

Miguelín, de apellido Blesa de la Parra

Casa familiar de los Blesa de la Parra en la calle Cervantes de Linares (Jaén). Fernando Ruso

De Miguelín, como recuerda su íntimo amigo José Antonio Rivera. Los dos nacieron en 1947, con solo tres meses justos de diferencia. Blesa el 8 de agosto y José Antonio el mismo día de noviembre. Y ambos se hicieron compinches por vivir frente por frente. Fueron a la escuela juntos, al instituto juntos… Hasta que la vida los separó. Hoy pregunta al reportero por la hora del funeral.

—¿Irá?

—Naturalmente, fuimos grandes amigos. Y siempre que lo necesité estuvo ahí. Él ayudó a mucha gente de Linares. No le cerró la puerta a nadie. Era generoso, porque así se lo inculcaron sus padres. Su familia era, y es, honestísima. Pero se ve que él se encumbro, se encumbró… Se encumbró. Esta noche [por la del día del fallecimiento] apenas he podido dormir. No doy crédito. Aunque tampoco me creía todo lo que salió de Caja Madrid.

José Antonio, bailarín formado en Londres y Nueva York y actualmente profesor de ballet, mantiene frecuente contacto con la familia Blesa y enumera a los cinco hermanos de carrerilla: María Dolores, Miguel, Juan Manuel, María del Carmen y Ramón. Cuenta también que la mayor sufrió un ictus que le afectó a la movilidad y a la conciencia al saber que los problemas de tribunales de su hermano podría salpicar a la herencia familiar.

El bailarín José Antonio Rivero, amigo de la infancia de Miguel Blesa, en la academia donde imparte danza en Linares (Jaén). Fernando Ruso

Hijo del presidente del Sindicato Vertical del Movimiento

Los Blesa de la Parra fueron durante muchos años una familia de la élite de Linares. El padre, Miguel, fue abogado, falangista y presidente del Sindicato Vertical del Movimiento; su madre, nacida en Orcera, una pequeña localidad de Jaén, era delegada de Manos Unidas y colaboradora en causas sociales. En cuanto a los negocios, tenían tierras de olivar y una panadería en la calle Baños. Además, el matrimonio era un importante sostén de la comunidad de monjas que guardaban la capillita del Niño Jesús, una guardería a la que iban gratis los niños de los mineros de Linares.

El pueblo, nombrado ciudad en 1875 por Alfonso XII, alcanzó a finales del siglo XIX unos altísimos niveles de prosperidad por los filones de plomo que se explotan en su término municipal. Países como Alemania, Francia o Reino Unido abrieron oficinas diplomáticas, el Banco de España erigió aquí una importante delegación, se crean casinos, cines, hospitales y barrios de obreros. Y burdeles. 

“Antes había muchas putas, hoy muchos hijos de puta”, apunta entre risas Emilio Maldonado, que interrumpe su café junto a sus paisanos José María Martínez y Francisco Pérez para atender a EL ESPAÑOL. Los tres rondan la edad de Blesa, de los 70 a los 80 años. Los tres lo conocieron. A ninguno les cuadra el suicidio.

José María Martínez (i) y Francisco Pérez (d), amigos de la infancia de Miguel Blesa. Fernando Ruso

“Me cuesta digerirlo, no era ese su talante, era un hombre aparentemente frío pero cariñoso y atento”, explica Emilio. “Ya era un niño muy destacado, muy lúcido, en el colegio, a pesar de ser de alta cuna se relacionaba con los demás chavales”, añade José María. Su pandilla eran los Serrano, los Maldonado, los Portela, los Godoy. “Clase media alta”, aporta Francisco.

Miguel Blesa fue al colegio de las Esclavas Concepcionistas del Divino Corazón, situado en la calle Carmela. En esos años era mixto. A los diez años, como todos los niños del pueblo, dio el salto al bachiller en el Instituto de Bachillerato Huarte de San Juan, actual sede de los Juzgados de Linares, un edificio de finales del XVII y uno de los ejemplos más bellos del barroco en la ciudad.

Allí fraguó Miguelín su gusto por las corbata, pieza clave en el uniforme. Pantalón gris para ellos, falda de tablillas para ellas, todos con chaqueta azul con bolsillos de parche, camisa blanca y escudo en el corazón.

Ligón y “peligrosillo” con las mujeres

Juzgados de Linares (Jaén), cuyo edificio albergó en la época el Instituto de Bachillerato Huarte de San Juan, donde estudió Miguel Blesa. Fernando Ruso

Los tres lo describen como un niño menudillo, delgado y alto, bien parecido, afable. En la juventud fue ligón, “peligrosillo” con las mujeres. Un cursilón, siempre bien ataviado con su traje.

No recuerda ninguno de los que estudió con Blesa si lo suyo eran las letras o los números. Solo que era un estudiante infatigable. Un joven recto.

El joven Blesa acabó el Bachiller en los Salesianos de Córdoba. Y de ahí se fue a Granada a estudiar Derecho. Muchos le pierden la pista. Otros siguen su meteórica carrera, primero como opositor al cuerpo de inspectores de Hacienda y, luego, como presidente de Caja Madrid. Todos saben que el salto se lo debe a una nueva amistad: José María Aznar.

“Ahí se torció, cuando se hizo íntimo de Aznar”, apunta José María Martínez, amigo de la familia por la afinidad entre su padre y el padre de Blesa, ambos falangistas. “Se envenenó de poder”, apostilla. “Es que el poder corrompe”, interrumpe Emilio.

Todos en la mesa recuerdan cómo, en su época madura, Blesa cambió. Rompió su matrimonio con la también linarense María José Portela, con la que se casó en el Santuario de la Virgen de Linarejos. “Su separación fue un bombazo, un escándalo en el pueblo, porque se fue con una mujer mucho menor que él”, recuerda Emilio. Su actual esposa, Gema Gámez, es 27 años más joven. Ambos se conocieron en Caja Madrid. Contrajeron matrimonio civil en 2013. En Linares nadie la conoce.

Del Blesa dadivoso…

Placa conmemorativa de la apertura del centro ocupacional Miguel Blesa, en Linares (Jaén) Fernando Ruso

Pero pese a las fricciones, su destacada posición al frente de Caja Madrid hace que Miguel Blesa siguiese siendo el vecino generoso que no dudaba en repartir miles de euros para todo tipo de causas.

Manuel Valenzuela, párroco de la iglesia de Santa Bárbara, sede de la hermandad del Descendimiento, íntimamente vinculada a la familia Blesa, busca en su archivo la carta que le envió el antiguo párroco con motivo de las obras de la nueva y austera capilla del Santísimo. Después de un buen rato, de remover muchos, muchos extractos bancarios con pequeñas donaciones en las que siempre aparece el logotipo de Caja Madrid, encuentra la misiva. Junto a ella está la respuesta, el banquero de Linares aprobaba una donación de diez mil euros.

Este año la hermandad le otorgaba la medalla de oro junto a otros tantos hermanos que cumplen cincuenta años en la corporación. Pero Miguel Blesa no fue a recogerla. “Tampoco venía a misa, no se le veía por aquí”, recuerda el vocal de cultos, que confirma que no habrá una ceremonia especial en Santa Bárbara para recordar al benefactor. “Se dará en noviembre —apunta—, junto al resto de difuntos”.

… al innombrable Blesa

Carta enviada por el anterior párroco de Santa Bárbara a Miguel Blesa para solicitar su ayuda en la restauración de la capilla del templo. Fernando Ruso

Hace tiempo que los linarenses dejaron de mencionar el apellido Blesa con orgullo. Su participación en la emisión de las preferentes y su reciente condena por delito continuado de apropiación indebida por el caso de las tarjetas ‘Black’ hicieron que muchos evitaran mencionarlo con la alegría de antaño.

“Los Blesa han estado siempre muy bien vistos en Linares”, explica al salir de misa la veterana locutora de radio —COPE, Onda Cero, Radio Jaén— María del Prado Cotallo, ‘Pradito’, a sus 85 años. “Pero desde lo de las preferentes…”. Muchos en la ciudad perdieron sus ahorros y los paseos tranquilos por la calle quedaron vetados para Miguel. “No se veía por la calle, estaba acorralado, también aquí, porque siempre se topaba con preferentistas”, confirma por teléfono su vecino Ángel Reina.

Su nombre se disimuló en la fachada de centro ocupacional para personas con discapacidad psíquica Ainper de Linares. Los responsables del centro, que se había creado con fondos, unos 200.000 euros, de Caja Madrid, eliminaron la gran placa en reconocimiento a Miguel Blesa en mayo de 2015. La cuestión llegó al Ayuntamiento de Linares, donde una propuesta del grupo Izquierda Unida pedía que no quedase rastro del exbanquero en un espacio dedicado a la integración. Y así fue. Aunque todavía se lea el apellido Blesa en parte de la cartelería.

Carta enviada por el anterior párroco de Santa Bárbara a Miguel Blesa para solicitar su ayuda en la restauración de la capilla del templo y la respuesta favorable del patronato de la Fundación. Fernando Ruso

También desapareció el nombre de Miguel Blesa del parque de Santa Margarita, adecentado con una importante aportación de Caja Madrid. Cuentan los linarenses que los propios vecinos arrancaron la placa que loaba la labor del exbanquero en una de las esquinas de los jardines, situados junto a la plaza de toros de Linares, donde murió corneado por el miura Islero el torero Manolete.

El torero murió en Linares, hace setenta años, y sus restos descansan en el camposanto de Córdoba; Miguel Blesa murió y fue cremado en Córdoba y sus restos permanecerán en Linares, en el cementerio jardín Virgen de Linarejos.

Justo en el panteón familiar donde ya fueron enterrados los padres, Miguel Blesa Moreno, fallecido el 5 de abril de 1985, y María Dolores de la Parra Sánchez, el 17 de mayo del 2000. Una austera lápida de granito y una sobria cruz de hierro negra los recuerda.

Panteón familiar de los Blesa de la Parra en el cementerio de Linares con los restos mortales de los padres del exbanquero Miguel Blesa aparecido muerto el pasado día 19 de Julio en una finca de Córdoba. Fernando Ruso

Y allí yace desde este viernes Miguel Manuel José de los Reyes de la Virgen del Carmen Blesa de la Parra, Miguelín, el niño aplicado que llegó a presidir Caja Madrid.

Han pasado 70 años desde el día que nació "Miguelín", el chico al que la inteligencia no le desbordaba, que llegó a ser amigo del Presidente del Gobierno y presidente de la cuarta entidad bancaria de España, Caja Madrid. Aquí acaba la historia del hombre que ayudó a muchos y arruinó a más, el cazador de grandes piezas cazado.

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