Así es el cementerio de Finisterre: 20 años después no tiene ni un muerto
Lo diseñó César Portela a cargo del alcalde de Finisterre de entonces (PSOE), y tanto el alcalde posterior (PP) como la gente del pueblo lo rechazó. Casi 20 años después sigue sin haber enterrado nadie allí, aunque la gente del pueblo ya no es tan reticente.
Mónica Ferreirós
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El único inquilino que el cementerio ha tenido ha sido un peregrino que se instaló en él durante unos meses, en 2011 / Mónica Ferreirós
Se piensa que la gente mayor es la que más en contra está de usar este cementerio, pero Manuel Fraga Fernández, exmarinero, es un ejemplo de que no: él estaría encantado / Mónica Ferreirós
El cementerio cuenta con 14 cubos y otros tres en la parte de arriba que sirven como sala de autopsias, tanatorio y capilla. Esta es la sala de autopsias, totalmente abandonada y descuidada / Mónica Ferreirós
Los caminos que llevan a los cubos son los que originariamente usaban los percebeiros y ganaderos; la gente de Finisterre se queja de que no son accesibles para la gente mayor / Mónica Ferreirós
Paul Garland es de Inglaterra pero pasa la mitad del tiempo en Galicia / Mónica Ferreirós
El arquitecto César Portela en su estudio de Pontevedra / Mónica Ferreirós
El cementerio consta de 14 cubos con 12 nichos cada uno / Mónica Ferreirós
El cementerio mira hacia al mar y hacia el Monte Pindo, sagrado en la cultura popular gallega; A Nita Rivas le encantaría ser enterrada aquí / Mónica Ferreirós
Teresa tiene 33 años y es de Finisterre; opina que no es concebible que el cementerio esté en desuso y aboga por abrirlo / Mónica Ferreirós
Juan Bautista Ladu Insa es uno de los mayores detractores del cementerio; no le gusta ni su arquitectura ni el lugar en el que fue construido / Mónica Ferreirós
Muchos marineros de ahora ya no siguen las supersticiones de antaño. Por ello, a muchos de ellos no les importaría ser enterrados en un camposanto que mira hacia el mar, algo que se consideraba que daba mal fario / Mónica Ferreirós
La vegetación y la maleza han crecido entre los huecos de los cubos tras dos décadas de abandono / Mónica Ferreirós
Manuel Fraga Fernández, en la puerta de su casa / Mónica Ferreirós