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Hay restaurantes que no cierran, simplemente desaparecen sin hacer mucho ruido dejando atrás un gran recuerdo de quienes disfrutaron de la comida allí. Marcelo Tejedor abrió hace años las puertas de MR. CHU a escasos metros de Casa Marcelo con el objetivo de explorar ideas que no cabían en una carta convencional. Pero un día esas puertas se cerraron y nadie volvió a saber nada del tema hasta que, hace unas semanas, comenzaron los rumores sobre la posible reapertura de MR. CHU.

Y de repente allí estábamos algunos pocos amantes de la cocina de Tejedor, a puerta cerrada y con mucha expectación, descubriendo el nuevo MR. CHU.

Interior de MR. CHU. Quincemil

Nada más entrar, quien conoció el antiguo espacio siente una extraña familiaridad, pues la base estética y la atmósfera japonesa siguen ahí. Pero hay algo en el ambiente que ha cambiado y se ha impregnado de un aroma cálido y dulce. Las luces se filtran a través de unas estructuras que parecen suavizarlo todo. "¿Oléis la miel?", pregunta Marcelo, "hemos revestido las paredes con panales de cera de abeja".

A lo largo de la sala, una sucesión de pequeñas mesas se apoyan contra este muro dulce y texturizado, vestidas con manteles ilustrados y bañadas por la luz de lámparas bajas. Las sillas de estética bistró oriental y las alfombras que recorren el suelo construyen una atmósfera de intimidad casi teatral, como si cada mesa fuera un pequeño escenario dentro de un decorado minuciosamente diseñado, en el que está a punto de ocurrir algo.

Y para quien se lo esté preguntando: sí, en los baños siguen viviendo decenas de gatos dorados de la fortuna. Y nunca fueron tan necesarios, porque aquí no se puede reservar mesa: si tienes suerte y hay sitio, te sientas... y si no vuelves otro día.

Baño de MR. CHU. Quincemil

Es importante y curioso destacar que esta reapertura no gira alrededor de una carta, sino de una única obsesión. "Todo empezó hace más de veinte años en mi primer viaje a Japón", nos cuenta Marcelo, "un amigo me llevó a comer a un local especializado en tonkatsu y no pude olvidarme de él". Dos décadas después, el chef construyó su propia interpretación de la receta de cerdo empanado nipón y decidió que en la nueva apertura, en principio, solamente serviría eso.

Porque a MR. CHU no se viene a decidir; se viene a confiar.

Comenzamos con una sopa templada de miso y wakame seguida de pickles de pepino y nabo daikon, que aportan acidez y frescor para equilibrar la grasa y prolongar el sabor de lo que le sigue: Un tonkatsu de cerdo de castaña, empanado con panko elaborado en la propia casa para lograr un crujiente extremo, casi escandaloso, que envuelve una carne jugosa. Acompañan al menú dos salsas muy cremosas e intensas: tonkatsu y mayo-miso-raifort.

Menú de MR. CHU. Quincemil

Y aunque la noche de ayer a puerta cerrada era en realidad una prueba para ajustar ritmos y equipos, la sensación de todos los que estábamos allí se resumía fácilmente: este regreso sería un éxito.

Terminada la cena - y conscientes de no haber felicitado lo suficiente al chef - salimos de allí. Al cerrarse la puerta, la música se apagó y el aroma a miel quedó atrás. Durante un instante todo pareció un espejismo, como si aquella noche solamente hubiese existido para nosotros.

Y justo cuando empezábamos a poner en duda nuestra imaginación, una pequeña luz roja de neón brilló tras los cristales del número 25 de la Rúa das Hortas: MR. CHU sí había vuelto, al menos durante este mes.

¿Y después? "Al terminar febrero me tomaré unas vacaciones", respondió Marcelo Tejedor con esa sonrisa ladeada propia de quien tiene una gran idea en mente. "Y a la vuelta, ya veré".