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Si el año finaliza partiendo de una tradición, como es tomar las doce uvas, también se inicia haciendo otra: tomar una taza de chocolate caliente acompañada de churros. Sin embargo, en la cafetería Paradiso, del número 29 de la rúa do Vilar, esta tradición es la estrella del local todos los días del año, también en verano.

"En verán véndese motio chocolate porque hai moita xente que de sobremesa quere chocolate con churros", comenta Agustín quien lleva al frente de la cafetería desde el 31 de octubre de 1991. Paradiso lleva abierta desde 1976, Agustín conocía a los dueños y estes le dijeron que traspasaban el local, así que, con la ayuda de su mujer, decidió que ahora le tocaba ponerse él al frente.

Entrada de la cafetería Paradiso Quincemil

Agustín contaba con mucha experiencia previa en el mundo de la hostelería, en el que lleva desde los 16 años, estuvo en la churrería Compostela durante tres años, en el Bar Ferrol durante cinco, en el San Antonio cuatro y en el Paradiso lleva ya más de 30 años.

Desde las ocho y media de la mañana que abre el local, comienzan a salir las tazas de chocolate y los platos de churros tan característicos del local.

"As fariñas non che son sempre iguais. Agora mesmo están saíndo os churros moi bos, porque recolles o gran no verán. Despois, en primavera, o gran da fariña empeza a facerse vello. Pero iso é en todo, como co pan", explica el dueño.

En cuanto al chocolate, lo prepara él mismo con cacao, azúcar y maicena, una mezcla que, al usar maicena en vez de harina, sirve también para las personas celíacas. En este año, según explica Agustín, ya llevan cerca de 1.500 kilos de chocolate caliente y 2 toneladas de churros.

Mañana, 1 de enero, comenzarán como siempre a las ocho y media a servir su icónico plato, "fas xornada completa ese día", bromea Agustín. Una tradición que llegará a su fin el 11 de enero, día en el que el Paradiso cerrará sus puertas, "síntoo por toda a clientela que teño, pero todo ten un principio e todo ten un fin", explica el dueño.

Y es que, tras más de 30 años al frente de una de las más icónicas cafeterías de Compostela, y con más de 45 años trabajando, Agustín disfrutará de una merecida jubilación, "o corpo non aguanta e xa é o momento en que hai que parar, que ninguén é eterno".