En el año 2019, tras años trabajando como cocinera, María José Ramírez decidió que "ya era hora" de montar su propio restaurante en Santiago de Compostela, Casa dos Xacobes. Seis años después, este sábado 27 de septiembre se despide del número 33 de la rúa Algalia de Abaixo de la capital gallega.
Comenzó esta aventura de la mano de su hijo Jacobo, quien, tras años trabajando en Tailandia, decidió volver a Compostela para ayudar a su madre. Madre e hijo construyeron un proyecto gastronómico único, familiar y petfriendly con una cocina caracterizada por la fusión.
"Al principio hacíamos una cocina diferente. Había muchos platos de cocina asiática de los que había aprendido mi hijo en Tailandia y luego mi cocina era más tradicional. Hicimos una mezcla de las dos cocinas", explica la dueña.
Interior del local
Tras un año abierto, en 2020 llegó la pandemia, una situación que "los pilló fatal". "Llevábamos un año abiertos, trabajábamos bien, pero con todos los créditos, fue un momento complicado. Tenías que abrir con muy poco aforo y la gente tenía mucho miedo", lamenta María José. Cuando las medidas se relajaron, salvaron la situación empezando a elaborar comida para llevar y a domicilio.
Después de los años de la pandemia, el restaurante fue creciendo creando una carta variada y cambiante que ofrecía a los clientes una cocina de temporada y que apostaba por productos gallegos y de proximidad, con opciones para personas celíacas, vegetarianas o veganas, cobrando cierto protagonismo los vegetales en su carta.
"Cambiamos mucho los platos, el curry de gambas, el secreto de cerdo satay y las croquetas de jamón, porque siempre hay que tener croquetas, son los platos que están desde el principio", explica la dueña del local. "Cuando abrimos teníamos unos platos más difíciles, muy picantes, y tuvimos que ir adaptándolos porque la gente no era capaz de comerlos. Hay que ir adaptándose".
La cocina fusión, lo más típico del local
Lo más característico de este restaurante eran sus menús del día, por 15 euros. Ofrecían un primero, un segundo y un postre en donde podías disfrutar de la fusión y la creatividad típica del local, pudiendo degustar desde una tradicional merluza gallega hasta unas lentejas thai.
Los postres también eran caseros, llevándose gran protagonismo su tarta de queso, pero también su arroz con leche que, como comenta María José, "es una receta familiar que la hago igual que la hacían en mi casa".
Caída de facturación y localización insuficiente
El cierre del local se debe, en palabras de María José, a "un poco de todo", sufriendo una bajada de la facturación durante los dos últimos años, "la gente empieza a gastar menos y nosotros tenemos unos gastos fijos potentes, el alquiler, las nóminas...".
"Nosotros trabajar, trabajamos, pero también tuve problemas con el personal, entonces se junta todo: el personal y el local", explica la dueña, quien también menciona los problemas de humedad que sufre el restaurante.
A pesar de estar a escasos metros de la Catedral de Santiago, María José lamenta que la localización "es malísima, porque por aquí no pasa nadie, nosotros trabajábamos porque estábamos bien posicionados en redes y gracias a la gente de Santiago".
"Parece increíble porque yo cuando lo cogí pensé que, como estaba cerca de la plaza de Cervantes, era ideal, pero es un cero, de hecho por aquí pasaron muchos restaurantes", aclara la dueña que también bromea con que "aún nos dijo la vecina que fuimos los que más aguantamos".
Público fiel y nuevos retos
Después de anunciar su cierre, los vecinos de Santiago no tardaron en hacerles llegar tanto su cariño como su tristeza por el cierre del local, "al día siguiente de anunciar que íbamos a cerrar ya teníamos todo completo. Nosotros trabajamos con mucha gente de Santiago, más que con el guiri", comenta la dueña.
María José seguirá trabajando en las cocinas, "me gusta mucho cocinar, disfruto cocinando", y empezará, el próximo mes de octubre, en las cocinas del local compostelano A Curtidoría y más adelante "no descarta" volver a montar su propio restaurante.
