Vivir en una comunidad de vecinos no siempre es sencillo. Derramas inesperadas, obras que generan molestias, ruidos constantes, problemas de limpieza o la convivencia con mascotas pueden convertirse en focos de conflicto y deteriorar las relaciones vecinales, lo que complica la convivencia.
Para entender mejor cuáles son las situaciones que más tensión generan y cómo afrontarlas de la manera adecuada, hemos hablado con Teresa Suárez, presidenta del Colegio Oficial de Administradores de Fincas de Galicia, quien nos ofrece su visión experta sobre cómo gestionar estos problemas y fomentar una convivencia más cercana.
"Las normas cívicas tienen difícil sanción"
La convivencia en una comunidad de vecinos no siempre es sencilla. Compartir espacios comunes y normas implica un ejercicio constante de respeto y empatía que, en muchas ocasiones, no se cumple.
Los conflictos más habituales suelen girar en torno al ruido, el uso indebido de las zonas comunes o las mascotas, problemas que se repiten con frecuencia en prácticamente cualquier edificio. Tal y como explica Teresa Suárez, "el tema de los animales es muy recurrente".
El problema, señala, no es tanto tener mascotas sino la falta de responsabilidad de algunos propietarios: "La gente tiene mascotas, pero luego no las atiende como debería y quedan solos durante mucho tiempo, con lo cual el animal se puede pasar el día ladrando". Estas situaciones generan molestias constantes y acaban deteriorando la relación entre vecinos.
En este contexto, el papel del presidente de la comunidad y del administrador es limitado. Pueden mediar, advertir y recordar las normas, pero no siempre tienen herramientas eficaces para actuar: "Tú puedes quejarte al presidente, pero el presidente no puede obligarte a que atiendas a tu perro", comenta Suárez.
Lo mismo ocurre con los administradores, que pueden advertir de que un animal no debe hacer sus necesidades en el portal o que no debe usar el ascensor si genera molestias, pero todo depende del civismo individual. "Va un poco en el civismo de cada uno. Cuando incumples una norma cívica, las normas cívicas tienen difícil sanción", resume.
Cuando el vecino que incumple estas normas ignora los requerimientos, el conflicto escala. "Si yo te requiero para que dejes de hacer ruido o para que atiendas a tu animal y no me haces caso, yo no tengo manera de sancionarte. Si es muy reiterativo y muy repetitivo y lo puedo demostrar, me vas a obligar a denunciarte", explica Teresa, subrayando que recurrir a la vía legal suele ser el último recurso y siempre agrava la tensión.
"Siempre tenemos que tirar del sentido común y de que la gente tenga un mínimo de empatía y de educación", indica Teresa Suárez.
"Hay una ordenanza municipal que dice en qué momentos se pueden hacer las obras"
Otro de los focos habituales de conflicto en las comunidades de vecinos son las obras. Existe una diferencia clara entre actuaciones en elementos comunes y reformas dentro de una vivienda. "Si toca elementos comunes, no se pueden hacer obras sin el permiso de la comunidad", recuerda Suárez.
En cambio, las obras en el interior del piso están permitidas con límites en el horario. En este ámbito entran en juego las ordenanzas municipales, que regulan los horarios y las condiciones en las que se pueden realizar trabajos ruidosos. "Hay una ordenanza municipal que dice en qué momentos se pueden hacer las obras o no, porque no puedes estar martilleando a cualquier hora", explica la presidenta del Colegio de Administradores de Fincas de Galicia.
Cuando estos horarios no se respetan, el vecino afectado puede denunciar la situación ante el ayuntamiento y exigir que se cumpla la normativa o que se soliciten las licencias correspondientes.
