Cada barrio de A Coruña tiene sus tiendas donde comprar el pan, calzado, ropa, utensilios del hogar, alimentación. Además de los establecimientos que cubren las necesidades básicas, hay otros que permiten satisfacer otras demandas o proporcionan información y ocio al cliente, como los negocios que venden prensa, revistas, material escolar, juegos y suerte a través de la lotería.
Con los años, han ido cerrando estos comercios, y los que resisten admiten que el cambio de hábitos de consumo y de experiencia de compra los convierten en una especie de supervivientes. En la avenida Peruleiro lleva más de 40 años abierta la papelería que tiene por nombre el del barrio, un negocio en el que Carla Guijarro tomó el relevo de sus padres.
La prensa diaria se vende todos los días, "cada vez menos", algunos libros de primera y de segunda mano, "pocos", y un surtido variado de revistas. Hay caramelos, patatas fritas, publicaciones con crucigramas y pasatiempos, regalos y diverso material escolar (bolígrafos, lápices, reglas, mochilas). Y no falta, desde hace cuatro décadas, la lotería para los distintos juegos de azar.
Libros usados en la entrada de la papelería Peruleiro.
A diario, a veces de manera continua, entran clientes para probar suerte en la Bonoloto o la Primitiva o comprobar si han ganado algo en el sorteo del día anterior. De hecho, el local ha repartido alegrías a lo largo de su actividad, como un primer premio de la Lotería Nacional en 2025, más de 1,1 millones en premios durante ese año y hasta 839 millones cuando existían las pesetas.
"Es lo más importante, se vende mucho, lo que más. Esto no decae. Quien vive de una librería malvive; si tienes la administración de lotería, te da para vivir", admite la propietaria de la papelería Peruleiro.
Para ir al colegio, Wallapop
"Antes se vendía mucho más de todo, tanto los periódicos y las revistas como el material del colegio. Pero es que ahora hasta los libros de texto los compras por Wallapop al principio del curso", lamenta Carla Guijarro.
Material escolar y de oficina en la papelería Peruleiro.
Esta autónoma no vive en el barrio, pero los vecinos de Peruleiro la conocen "de toda la vida", de cuando el negocio estaba en otro número de la calle. Los habituales compran por la mañana, los estudiantes son más numerosos por la tarde. "La gente es generalmente agradable y lo que más me gusta es encontrarme con la de siempre que viene por aquí".
No depende de nadie, pero su trabajo "es esclavo", reconoce, y el sector está "en decadencia" por la fuerte caída del consumo. En Peruleiro demuestra cada día la resistencia del pequeño comercio: con una chica que a media mañana entra en busca de sobres, un señor que pide su periódico de costumbre y una pareja que, por supuesto, compra lotería.
