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La guillotina de los estudios fotográficos es la afiladísima cuchilla que corta los bordes blancos de las fotografías para ajustarlas a las medidas deseadas. Un sutil machetazo que elimina lo que sobra con la caída de la mano del fotógrafo. "Esta guillotina tiene 30 años y no la suelto por nada del mundo. Cuando me vaya de aquí se vendrá conmigo".

Este aparato es de lo más antiguo que uno se encuentra en Foto Alfonso, en la calle Concepción Arenal, aunque también hay viejas cámaras fotográficas usadas, como una antigua Polaroid, expuestas en una balda elevada. No se venden.

En este negocio, un superviviente del sector en la zona de Cuatro Caminos donde se concentran distintos servicios psicotécnicos para la renovación del carné de conducir, no solo se hacen fotografías para estos u otros trámites o se imprimen imágenes, también se vende ropa y complementos, maquillaje y perfumes.

Este añadido comercial, esta transformación del negocio, la promovió su actual propietaria, Begoña Fernández García, conocida por los vecinos como Bego.

Fotos Alfonso, junto a instalaciones de Tráfico en Cuatro Caminos. Quincemil

Alfonso es el nombre del dueño original, quien abrió la tienda "hace más de treinta años", dio empleo al marido de Bego y acabó formando parte de su familia. Entonces era solo un local de fotografía y entre sus servicios revelaba fotos y hacía copistería. La mujer está al frente desde hace diez años.

"Aquí se hizo mucho trabajo analógico, ahora casi nada. Todo era más sencillo. Se trabajaban mucho con los psicotécnicos, las autoescuelas, las agencias de compraventa de coches que venían a Tráfico a hacer trámites y pasaban por aquí. Ahora no se revela, no se hacen ampliaciones, se piden servicios por internet", repasa Fernández.

De “cuatro prendas” a perfumes árabes

El bajo conserva en lo alto su sencillo rótulo de fondo blanco y letras negras. Hace diez años, viendo que "no daban los números y parecía que había que cerrar", la persiana bajó unas semanas en fechas navideñas. Reabrió pronto volviendo a revelar fotos y hacer fotocopias, pero "con un perchero y cuatro prendas de ropa".

Al funcionar la variedad de producto y gustar al público, Begoña alimentó su propia iniciativa comercial: "Voy a Madrid a comprar ropa, solo de mujer. Yo misma escojo lo que creo que puedo vender. Llevo menos tiempo con productos de cosmética y perfumes árabes, que ahora se llevan mucho".

Ropa, complementos, cosmética y perfumes a la venta en Foto Alfonso. Quincemil

"Como por la zona han desaparecido ferreterías, mercerías, tiendas de ropa y también de fotografía, aposté por ofrecer algo más que fotos". Bego pretende ahora etiquetar la ropa con su nombre, con el añadido de Foto Alfonso para que nadie desconozca cuál es su origen. "Porque aquí siempre habrá fotografía", asegura.

¿Reinvención comercial?, ¿supervivencia? La comerciante encuentra el secreto de su apuesta en algo más humano. "La clave es tener honestidad, ser paciente, atender bien a la gente mayor, ayudarla con trámites que necesita en las oficinas de Tráfico de aquí al lado. Eso ayuda a mantenerse".