Durante la Segunda Guerra Mundial, los servicios de inteligencia aliados se toparon con un misterio que les desconcertaba tanto como los movimientos de las tropas nazis: la voz de Adolf Hitler sonaba en la radio con una fidelidad extraordinaria. Su secreto era ingeniería alemana de vanguardia, ya que los ingenieros de AEG había creado una máquina revolucionaria que sustituía los viejos cilindros y discos por una cinta magnética plástica capaz de capturar el alma del sonido sin distorsiones. Tras la caída del Reich, esta tecnología fue el botín de guerra más codiciado, una batalla en la que el gigante holandés Philips fue el ganador. Parecía que nadie podía escapar al dominio de los de Eindhoven, pero en una pequeña ciudad del noroeste de España, lejos de los laboratorios secretos y de las intrigas internacionales, dos hermanos gallegos habían logrado descifrar el enigma del sonido por su cuenta, creando una máquina que miraba de tú a tú a los gigantes europeos. Esta es la historia de los hermanos Portela Seijo, los genios de Santiago que se atrevieron a decir "no" a los dueños del mundo.
Magnetófono AEG K4 de 1939. https://es.wikipedia.org
Tras el fin de la guerra civil, Santiago de Compostela vivía una época de escasez y racionamiento, donde conseguir una simple válvula de vacío o un condensador era una odisea que hacía que la innovación pareciese un sueño. Sin embargo, en el número 29 de la rúa do Hórreo, existía un lugar que funcionaba como un faro de modernidad en medio de la niebla, el taller "Radio Ondas", fundado por la familia Portela.
Allí, entre montañas de cables, chasis de radios y olor a estaño, dos hermanos estaban a punto de escribir una de las páginas más brillantes y desconocidas de la ciencia española.
Santiago de Compostela alrededor de 1940. https://www.todocoleccion.net
José Portela Seijo, el hermano mayor, nacido en 1907, era el cerebro técnico, un mecánico-electricista con unas manos privilegiadas y una intuición asombrosa para desentrañar los secretos de cualquier máquina. Ya en 1933 había demostrado su talento instalando una de las primeras emisoras de radio experimentales de la ciudad, convirtiéndose en un pionero de las ondas cuando la radio era casi magia.
Juan Portela Seijo, el hermano menor, nacido en 1913, aportaba el alma artística. Juan era un músico de conservatorio con un oído absoluto, obsesionado con la pureza y la fidelidad del sonido.
Juan Portela en su laboratorio. https://historiaradioaficionpontevedresa.blogspot.com
Alrededor de 1942, cuando Europa ardía en la guerra y España todavía se recuperaba de la suya, los Portela dieron a luz a su gran obra maestra. Mientras el mundo empezaba a experimentar con las primeras y frágiles cintas plásticas, ellos tomaron un camino diferente.
Para ello diseñaron y construyeron desde cero un magnetófono que no grababa sobre plástico, sino sobre un finísimo hilo de acero de apenas 0,1 milímetros de grosor, casi tan delgado como un cabello humano. Aquella máquina era un prodigio de la mecánica de precisión, en la cual el hilo viajaba a una velocidad constante gracias a unos motores bobinados a mano por ellos mismos, pasando por un cabezal que magnetizaba el metal con la voz.
Versión “portátil” del magnetófono de los Portela. https://www.disquecool.com
La calidad de sonido que lograron los hermanos dejó boquiabiertos a todos los que tuvieron la suerte de escuchar las primeras pruebas en el taller del Hórreo, porque, a diferencia de los fonógrafos de la época, que sonaban metálicos, el magnetófono de los Portela reproducía la voz humana con una calidez y una presencia que ponía los pelos de punta.
Era tan fiable que pronto se convirtió en una herramienta indispensable para registrar la vida cultural de la ciudad, capturando momentos que hoy son patrimonio sonoro de Galicia, como la inauguración del Patronato Rosalía de Castro en 1949, discursos de autoridades y conciertos que se salvaron del olvido gracias a este ingenio.
La fama de aquel invento compostelano comenzó a extenderse como la pólvora, saltando de los círculos de radioaficionados locales a las altas esferas de la ingeniería nacional, cruzando los Pirineos hasta aterrizar en los despachos de la sede central de Philips.
La multinacional holandesa, que estaba invirtiendo fortunas en desarrollar su propia tecnología de grabación, no podía creer que en un taller de Galicia hubieran resuelto problemas técnicos que a ellos les traían de cabeza. El magnetófono de los Portela tenía un sistema de borrado y regrabación superior, y el hilo de acero era mucho más resistente al paso del tiempo y a la oxidación que las cintas magnéticas del momento.
Así fue como, a finales de los 40, se produjo una escena que ha quedado para la posteridad.
Una delegación de altos ejecutivos de Philips, impecablemente vestidos y con aspecto de no estar allí para hacer turismo, se presentó en Santiago de Compostela, pero no para a abrazar al Apóstol, sino en busca del local de la calle del Hórreo para comprar la patente y eliminar a la competencia.
Versión fija del magnetófono de los Portela. https://www.disquecool.com
Fueron recibidos por Juan y José y pusieron sobre la mesa una oferta que, según han relatado los descendientes de la familia, era un "cheque en blanco". Cualquier manual de economía o de sentido común hubiera dictado coger el dinero, firmar los papeles y dejar que los holandeses se llevaran el mérito y la máquina, pero los Portela Seijo no se movían por el sentido común, se movían por el orgullo de la obra bien hecha y por un profundo amor a su tierra.
Así que dijeron que no.
No querían que su invento acabara olvidado en un cajón de Eindhoven o fabricado en serie con materiales baratos y sin su supervisión directa. Tenían el sueño romántico e ingenuo, pero muy digno, de fabricar el magnetófono en serie allí mismo, en Santiago de Compostela, y demostrar que desde Galicia se podía exportar alta tecnología al mundo, creando una industria propia que generase riqueza y conocimiento en su ciudad.
Por ese motivo, los ejecutivos de la multinacional, atónitos ante aquella negativa que desafiaba toda lógica empresarial, cerraron sus maletines y se marcharon de vuelta a Holanda con las manos vacías.
Pero la realidad se impuso pronto. Sin el apoyo del Estado, sin acceso a materias primas de calidad y con las fronteras comerciales cerradas, la fabricación masiva era una utopía. A pesar de sus esfuerzos titánicos, solo lograron construir de manera artesanal unas 20 unidades de su maravilloso magnetófono de hilo de acero, que acabaron en manos de instituciones como Radio Nacional de España o de particulares adinerados que sabían apreciar que estaban comprando una joya única.
Publicidad del magnetófono de los Portela. https://www.disquecool.com
Con el paso de los años, la industria decidió apoyar la cinta magnetofónica de plástico, que aunque era muy frágil, era más barata de producir y mucho más fácil de manejar. El hilo de acero quedó obsoleto como estándar comercial, y los aparatos de los Portela se convirtieron en reliquias tecnológicas, testigos mudos de un futuro que pudo ser y no fue.
Pero lejos de rendirse o amargarse por la oportunidad perdida, los hermanos siguieron inventando y creando durante décadas. En los años 70, Juan Portela volvió a sorprender al mundo con otro invento fascinante, el "OrganSound", una patente de 1972 que revolucionaba la forma de escuchar música.
Portada del catálogo del Organsound publicado en 1973. https://www.organsound.es
Inspirado por los tubos del órgano de la Catedral de Santiago, diseñó unos altavoces tubulares que proyectaban el sonido en 360 grados, logrando una acústica envolvente y natural. Decía que quería escuchar la música "como si estuviera dentro de los instrumentos". Una vez más, logró fabricar un objeto de culto que hoy buscan los coleccionistas.
Catálogo del Organsound publicado en 1973. https://www.organsound.es
La tienda "Portela Seijo" en la calle del Hórreo se mantuvo abierta durante 85 años, convertida en un templo de la electrónica. Por allí pasaron generaciones de compostelanos a comprar su primera radio, su primer televisor o simplemente a charlar con aquellos sabios que siempre tenían una solución para cualquier avería.
En marzo de 2024, el establecimiento bajó la persiana definitivamente, cerrando un ciclo histórico que abarcó casi un siglo de innovación local. Fue Yago Portela, hijo de Juan, quien tuvo que tomar la difícil decisión de cerrar, poniendo fin a una saga familiar que mantuvo encendida la llama del ingenio hasta el último día.
Emisora y magnetófono de los hermanos Portela. https://historiaradioaficionpontevedresa.blogspot.com
El caso de los hermanos Portela es el ejemplo perfecto del talento desperdiciado por la falta de visión de un país que nunca creyó del todo en sus propios inventores. Si Philips hubiera logrado su objetivo, quizás hoy tendríamos un magnetófono Portela en los museos de Ámsterdam etiquetado como "ingeniería holandesa", pero gracias a su negativa, ese magnetófono sigue siendo nuestro, cien por cien gallego, forjado con la tozudez de quien sabe que su trabajo vale más que el dinero.
Artículo sobre el magnetófono de los Portela. https://historiaradioaficionpontevedresa.blogspot.com
De las 20 unidades que fabricaron, apenas se conservan unas cuantas que nos ayudan a recordar que hubo un tiempo, no hace mucho, en el que la mejor máquina para grabar el alma humana se hizo en la rúa do Hórreo. Y eso, aunque no cotice en bolsa, tiene un valor incalculable que ningún directivo de Philips podrá entender jamás.
José Portelas Seijo. https://historiaradioaficionpontevedresa.blogspot.com
Iván Fernández Amil escribe cada semana Historias de la Historia en Quincemil. Consigue sus libros en https://www.ivanfernandezamil.com/libros
Otros inventores gallegos:
Referencias:
historiaradioaficionpontevedresa.blogspot.com
es.wikipedia.org
organsound.es
elespanol.com/quincemil
lavozdegalicia.es
laopinioncoruna.es
xataka.com
elcorreogallego.es
farodevigo.es
cadenaser.com
galiciapress.es
espadaysantacruz.com
mediateletipos.net
compostela24horas.com
economiaengalicia.com
santiagodecompostela.gal
consellodacultura.gal
organsound.es
culturagalega.gal
atlantico.net
historiadegalicia.gal
