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Del Inferniño a Mauthausen: Marcelino Pardal, el último gallego superviviente al nazismo

Originario de Ferrol Vello y más conocido como Xelo, Pardal Pouso fallecía en Francia en mayo de 2009. Este 2022 se cumple una década desde que Ares (A Coruña) erigió una "escaleira ao ceo" para recordar a todos aquellos vecinos que padecieron la crudeza de los campos de exterminio
Pardal Pouso, tercero empezando por la izquierda en la fila de arriba.
AUSCHWITZ – La fábrica de muerte
Pardal Pouso, tercero empezando por la izquierda en la fila de arriba.
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El 19 de mayo de 2009 fallecía el ferrolano Marcelino Pardal Pouso en Francia. Se marchaba para siempre el último superviviente gallego a los campos de exterminio nazi. Lo hacía lejos de su barrio, Ferrol Vello, a donde no quiso regresar y es que Xelo, así le conocían sus amigos, prefirió hacer vida en Bèziers y mantenerse alejado del foco mediático.

Tres años después de su marcha, el historiador ferrolano Enrique Barrera publicaba el libro 'Galegos en Mauthausen', un concienzudo trabajo de investigación sobre la herida que Hitler logró abrir en el norte de España y precisamente en 2012, el concello de Ares (A Coruña) erigía el monumento 'Escaleira ao ceo' para rendir homenaje a la vecindad de la comarca que vivió bajo el yugo del terror en los distintos campos de trabajo alemanes.

https://twitter.com/xcarlosrope/status/1527219621396365313?s=20&t=24FC1UTvqNp70m2dNid6tQ

La juventud de Pardal, según apunta el historiador ferrolano Eliseo Fernández, estuvo estrechamente ligada a las Juventudes Libertarias y al Centro Obrero del barrio de Ferrol Vello. Más allá del plano político, su pasión y talento se encontraba en los terrenos de juego y es que, según consta en la documentación de la época, Xelo vistió la camiseta del Racing Club de Ferrol desde el año 1933.

El estadio de los verdiblancos era por aquel entonces el Inferniño y allí defendió Marcelino los colores de su ciudad hasta el estallido de la guerra civil. Un conflicto que cambiaría el rumbo de su historia y de su carrera para siempre.

En apenas una década, su dorsal futbolístico acabaría siendo sustituido por el número 5101 que las autoridades de la Alemania nazi tatuarían en su piel a su llegada a Mauthausen.

La guerra y la batalla del Ebro

Tras la caída de la ciudad de Ferrol a manos del bando nacional, Pardal fue movilizado por las tropas leales a Franco. El asesinato de su hermano Paco, a manos de aquellos con los que combatía Pardal, motivó que el ferrolano tomase la determinación de unirse a las fuerzas republicanas.

Combatió en la batalla del Ebro y tras la derrota cruzó los Pirineos hasta llegar a Francia. Allí fue internado en el campo de concentración de Agde y movilizado como parte de las brigadas de la construcción de la conecxión ferroviaria a Maginot.

La ocupación alemana en tierras galas motivó que Xelo, al igual que más de 8 centenares de españoles, fuese deportado a Mauthausen. Su estancia en uno de los símbolos del terror nazi se prolongó desde 1940 a 1945, dos días después de la liberación del mismo.

El equipo La República

En el campo de exterminio alemán, Pardal volvió a sentir el contacto con el balón durante los partidos en los que, junto a otros españoles deportados, representaba a España en el conjunto 'La República' que se medía a los reclusos de otros barracones.

Precisamente, Marcelino sería objeto del aparato propagandístico de Goebbles por su entendimiento con la pelota. Los nazis, en un intento de maquillar lo que ocurría tras las alambradas de espino de los campos de exterminio, organizaron un encuentro entre distintos presos y algunos miembros del ejército alemán con la finalidad de apaciguar los ánimos entre la comunidad internacional.

Así, Pardal pasó a disputar un encuentro con los verdugos de muchos de sus compañeros y ante las cámaras del equipo de propaganda de Hitler, los españoles se resarcieron sobre el verde y pudieron anotarse una simbólica victoria moral, tal y como se recoge en el documental 'Mas allá de la alambrada', dirigido por el valenciano Pau Vergara.

https://twitter.com/mateliba/status/1021306709497778176?s=20&t=R6ITCy7xHoeGJbi2_2tldg

Desde el Inferniño a Mauthausen, Marcelino Pardal pudo encontró en el lenguaje universal del fútbol algunos minutos de tregua entre la barbarie y el miedo. Más de una década después, en la localidad de Ares una escalera al cielo ejerce de puente entre el hoy y el ayer, escribiendo un importante capítulo de la Historia de la comarca.

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