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Son invisibles, pero las estimaciones apuntan a que podría haber 200.000 mujeres víctimas de trata o explotación sexual en España. Una dura realidad de la que no se escapa Galicia, donde los clubes de alterne situados en carreteras y entornos rurales tienen un gran peso mientras aumenta la actividad en pisos y espacios privados.

Así lo explica la portavoz de FIET en Galicia, Alba Martínez. La entidad sin ánimo de lucro que trabaja en la atención y rescate de víctimas de trata y explotación sexual celebra este miércoles en la praza Roxa de Santiago de Compostela un acto con motivo del Día Mundial contra la Trata y la Explotación Sexual: Ponte en sus zapatos busca concienciar sobre esta realidad de la que muchas veces se aparta la mirada.

"La explotación sexual es una forma de violencia en la que una persona obtiene un beneficio económico a costa del cuerpo, la libertad y la dignidad de otra. Detrás de una situación de explotación hay mujeres que ven anulada su capacidad real para decidir, condicionadas por la pobreza, la violencia, las deudas, el miedo o la falta de alternativas", explica Martínez, que añade que las víctimas están en situación de vulnerabilidad.

Algo diferente, aunque no alejado, de lo que ocurre con la trata: "Es un delito grave que implica la captación, traslado o acogida de personas mediante engaño, abuso de una situación de vulnerabilidad, coacción o amenazas con el fin de explotarlas. En el caso de la trata con fines de explotación sexual, las víctimas son convertidas en mercancía por redes criminales que obtienen beneficios económicos controlando sus vidas".

Dos situaciones que pueden ir de la mano: aunque puede existir explotación sexual sin que haya trata, es habitual que esta desemboque en una situación de explotación. FIET pide a este respecto que la sociedad mire más allá de los estereotipos: "Cuando hablamos de trata y explotación sexual no hablamos de cifras, hablamos de mujeres con nombre, con historia, con sueños y con derechos".

La situación particular de Galicia

El hecho de que la trata sea un "delito invisible" hace que hablar de cifras sea prácticamente imposible, ya que muchas de las víctimas no llegan a ser identificadas ni acceden a los recursos disponibles. Entidades especializadas en el trabajo con las mujeres defienden que lo que se conoce es solo la punta del iceberg, por lo que trabajan no solo para visibilizar sino también para "rescatar, acompañar y restaurar vidas".

Galicia, además, tiene unas características particulares. "Siguen teniendo mucho peso los clubes de alterne en carreteras y zonas rurales, existe una gran movilidad de las mujeres entre distintos puntos del territorio y, cada vez más, estamos detectando situaciones de explotación en pisos, viviendas turísticas y otros espacios mucho más difíciles de identificar", explica Alba Martínez.

¿A qué se debe esta situación? Tres factores fundamentales son la tradición histórica de este modelo de negocio en algunas zonas de la comunidad, la dispersión geográfica (que dificulta la detección y el seguimiento de las víctimas) y la existencia de áreas rurales con menor densidad de población, lo que ha favorecido durante años que los espacios permaneciesen sin cambios.

Esto hace que sea muy complicado marcar en el mapa los puntos en los que más se cometen este tipo de delitos, aunque tradicionalmente ha habido una presencia significativa en áreas con clubes de carretera, especialmente en corredores de comunicación y zonas próximas a la frontera con Portugal, donde hay una importante movilidad de mujeres.

"Lo que más nos preocupa es que muchas personas creen que, porque ya no ven determinadas situaciones a simple vista, el problema ha desaparecido. Y no es así. La explotación sexual simplemente se está ocultando mejor. Las mujeres siguen estando ahí, pero cada vez más aisladas y con menos oportunidades de pedir ayuda"

Alba Martínez, portavoz de FIET en Galicia

A ello se suma que actualmente la explotación sexual "ya no se concentra únicamente en lugares visibles", sino que también se da en viviendas turísticas o mediante contactos en internet. "Eso significa que puede estar sucediendo al lado de nuestra casa sin que seamos conscientes de ello", lamenta Alba Martínez.

"Lo que más nos preocupa es que muchas personas creen que, porque ya no ven determinadas situaciones a simple vista, el problema ha desaparecido. Y no es así. La explotación sexual simplemente se está ocultando mejor. Las mujeres siguen estando ahí, pero cada vez más aisladas y con menos oportunidades de pedir ayuda", denuncia la portavoz de FIET.

La entidad, a este respecto, insiste en que la trata no es un problema lejano y señala que es preciso que la ciudadanía esté informada, así como el compromiso de las instituciones para dotar de recursos especializados que permitan identificar a las víctimas y acompañarlas en su proceso de recuperación.

Llegan engañadas

La mayor parte de las víctimas que atiende FIET son mujeres jóvenes, muchas veces migrantes, que están en una situación de vulnerabilidad.

"La pobreza, la exclusión social, la violencia previa, la necesidad de mantener a sus familias o la falta de oportunidades son factores que las redes aprovechan para captar y controlar a estas mujeres", explica Martínez, que concreta que el perfil más frecuente es el de una mujer extranjera de entre 25 y 35 años en situación administrativa irregular.

Respecto a los "captadores", suelen formar parte de redes criminales organizadas, aunque también pueden ser personas del entorno de las víctimas que se ganan su confianza mediante engaños, falsas ofertas de trabajo o promesas de una vida mejor. "Los tratantes son expertos en detectar necesidades y utilizarlas para explotar a las personas, por eso la prevención y la información son fundamentales", indica Martínez.

Precisamente, suelen ofrecerles a las víctimas falsas oportunidades de trabajo, una vida mejor o ayuda para salir de situaciones económicas muy difíciles que nunca llegan a materializarse. Y es que las mujeres, una vez en el destino, son amenazadas y las redes usan las deudas, el aislamiento, el control de la documentación o el miedo para mantenerlas atrapadas y explotarlas.

"Abandonar la explotación es solo el primer paso. Hemos visto a muchas mujeres recuperar su autonomía, volver a estudiar, encontrar trabajo y construir un nuevo proyecto de vida. Detrás de cada historia de sufrimiento también puede haber un nuevo comienzo"

Alba Martínez, portavoz de FIET en Galicia

La portavoz de FIET, sin embargo, insiste en que hay salida para todas estas mujeres y traslada un mensaje de esperanza. En este sentido, es fundamental el apoyo especializado: necesitan un lugar seguro, atención psicológica, asesoramiento jurídico, formación y oportunidades reales de empleo para reconstruir su vida.

Este es el trabajo que día a día desarrolla la entidad, que acompaña a las mujeres desde que son rescatadas hasta que han recuperado el control de su vida. "Abandonar la explotación es solo el primer paso. Hemos visto a muchas mujeres recuperar su autonomía, volver a estudiar, encontrar trabajo y construir un nuevo proyecto de vida. Detrás de cada historia de sufrimiento también puede haber un nuevo comienzo", explica Martínez.

Una realidad lejana

El camino para terminar con la trata y la explotación sexual es largo. La portavoz de FIET en Galicia explica que la sociedad está más concienciada que hace unos años, pero todavía no es consciente de la magnitud del problema: "Nuestro reto es conseguir que nadie mire hacia otro lado".

La entidad ha detectado un cambio positivo: hoy se habla más de las víctimas, de sus derechos y de la necesidad de protegerlas. Queda, sin embargo, mucho por hacer para entender que "detrás de la explotación sexual hay violencia, vulnerabilidad y redes que se lucran a costa de personas".

La información es fundamental para concienciar sobre lo que ocurre, rompiendo con los estereotipos. FIET indica que también es importante denunciar posibles situaciones de explotación, apoyar a las entidades que trabajan junto a las víctimas y reflexionar como sociedad sobre las causas que hacen posible esta realidad.

"El cambio empieza cuando dejamos de aceptar lo inaceptable. Cada persona que se implica, denuncia, educa en igualdad o ayuda a una víctima a encontrar una oportunidad forma parte de la solución", indica Martínez.

Las mujeres víctimas de trata necesitan apoyo, que entidades como FIET les proporcionan. Cedidas por FIET

Más allá de todo ello, la entidad considera que las administraciones deben centrar su respuesta en las víctimas. Actualmente, la protección que reciben depende de que denuncien, y muchas mujeres no lo hacen por miedo, traumas o amenazas.

Reforzar los recursos especializados, mejorar la coordinación entre administraciones, agilizar los procedimientos judiciales y avanzar hacia una Ley Integral contra la Trata que permita una respuesta más eficaz y coherente son fundamentales para garantizar que se persigan estos delitos.

"Tan importante como rescatar a una víctima es ayudarla a reconstruir su vida. Necesitamos más oportunidades de empleo, vivienda y acompañamiento para que ninguna mujer tenga que volver a una situación de explotación. En FIET lo vemos cada día: rescatar es importante, pero restaurar una vida es lo que realmente rompe el ciclo de la explotación", concluye Alba Martínez.