María Guardiola ya es presidenta de Extremadura. Quizá (especulo con la mejor de las intenciones) su problema fue el de querer hacer en quince días, y en periodo electoral para mayor dificultad, lo que Isabel Díaz Ayuso y Juan Manuel Moreno han tardado cuatro años en hacer en Madrid y en Andalucía: convertir en irrelevante a Vox.

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La buena noticia para Guardiola es que tiene dos fórmulas de éxito probado a su alcance y que sólo debe escoger cuál de ellas aplicar durante los próximos 48 meses. Yo le recomendaría la del presidente andaluz por aquello de que Extremadura es una comunidad, como Andalucía, sociológicamente socialdemócrata.

Ya habrá tiempo luego de cambiar la sociología de la región. 

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El lunes tendremos una nueva encuesta flash del CIS con la que Tezanos intentará manipular los ánimos electorales en beneficio de su partido, el PSOE. 

Pero como dice Pilar Rodríguez Losantos en Twitter, Tezanos tiene frente a sí, como Guardiola, dos opciones. O un último servicio a la patria, que en la mente de un socialista es el PSOE. O un sondeo cercano a la realidad que limpie su enlodada imagen.

Y si es lo segundo, es que las cosas en Ferraz y la Moncloa están peor de lo que parecen. 

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El PSOE sigue enquistado en su negativa a facilitar la investidura de Alberto Núñez Feijóo, que hace explícita frente a todo el que se lo pregunte. Ayer fue el turno de Guillermo Fernández Vara, que afirmó que el PSOE no se abstendrá en ningún caso para facilitar una presidencia del PP en solitario.

Aparentemente, los peligros de "la llegada de la ultraderecha al gobierno" y del "recorte de derechos" no le preocupan tanto al PSOE como sus altos cargos dicen públicamente. Porque estando en su mano evitarlo, han preferido atrincherarse en el "no es no" en una perfecta y muy cínica aplicación del "cuanto peor, mejor". 

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Con el paso de los días y de los sondeos se confirma poco a poco lo que ya avancé en anteriores entregas de estas Maldades en campaña. El mejor escenario hoy para el PSOE es una mayoría insuficiente para Feijóo que conduzca al bloqueo de la gobernabilidad y a segundas elecciones. Y si la situación se repite, a terceras.

Y así hasta que el cuerpo, o la democracia, aguanten. 

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El PSOE puede alegar en su favor que ellos ya se abstuvieron una vez para que Mariano Rajoy fuera investido presidente tras una crisis que por poco acaba con el partido, y que el PP no lo ha hecho jamás. Y tendrán razón.

Pero también la tendrá el PP cuando responda que ellos le han entregado al PSOE la alcaldía de Barcelona y alguna que otra en el País Vasco. O cuando les digan que si en 2016 hicieron presidente a Rajoy sin que pesara sobre los españoles la amenaza de la llegada a la Moncloa de un partido de extrema derecha, con más razón deberían hacerlo ahora, cuando esa amenaza es real. 

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Al PSOE, en cualquier caso, le convendría leer correctamente la historia. En 2016, el socialismo hizo lo correcto y sólo dos años después llegó a la presidencia. Es cierto que lo consiguió aliándose con las formaciones que buscan la destrucción de la democracia. Pero llegó. Y quizá esa abstención fue un trauma para el socialismo, pero ni el votante socialista les dio la espalda ni el partido se resintió por ello.

Así que si del poder por el poder se trata, ahí tienen el ejemplo de que ninguna buena acción queda sin castigo: Sánchez ha gobernado durante cinco años después de que el PSOE le diera la presidencia a Mariano Rajoy. 

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Hasta el lunes a las 22:00, la última bala del PSOE en esta campaña para remontar el ánimo de los alicaídos votantes de izquierda era el debate cara a cara entre Pedro Sánchez y Feijóo.

A la vista del resultado de ese debate, la nueva última bala en la que el partido ha puesto su esperanza es el debate a tres del miércoles de la semana que viene entre el presidente, Yolanda Díaz y Santiago Abascal. Un cara a cara a cara en el que la ausencia de Feijóo, creen en la Moncloa, perjudicará las expectativas electorales del PP. 

Nadie más lo ve, pero la esperanza es lo último que se pierde. 

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Aproximadamente 2,6 millones de españoles han solicitado el voto por correo. Si la noche del 23 de julio no hay 2,6 millones de votos por correo, o una cifra muy parecida, encima de las mesas electorales, aquí vamos a tener un problema. Sobre todo si el porcentaje de españoles que se han quedado sin votar es suficiente para decantar mayorías o restos en provincias clave.  

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Dice Alberto Prieto, redactor de este diario, que la historia será más benévola con Sánchez de lo que lo hemos sido nosotros, aunque sólo sea porque el tiempo tiende a licuar los agravios y calmar todas las cóleras. Yo le digo que le dé tiempo. Porque su carrera política no acaba este 23 de julio, aunque Feijóo gane claramente las elecciones. Todavía tiene margen de mejora. 

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Anteriores entregas de Maldades en campaña:

Día 1: Empieza fuerte la campaña: Yolanda propone amordazar a los medios

Día 2: El mejor escenario para Sánchez nos conduce a segundas elecciones

Día 3: Estas elecciones las va a ganar quien tenga más ganas de ganarlas

Día 4: El PP no se está enfrentando a sir Winston Churchill, sino a Sánchez

Día 5: Sánchez ha desaprovechado su última bala pegándose un tiro en el pie

Día 6: A los votantes de Vox les gusta más Feijóo que a los del PSOE Sánchez

Día 7: La campaña entra en su fase más cínica

Día 8: Con seis debates como el de ayer, toda España votaría en blanco